miércoles, 4 de marzo de 2015

MUJERES DESPRECIADAS


Representación de Don Juan Tenorio
La fama de Diógenes, filósofo cínico de la Antigüedad, surge de anécdotas que se le atribuyen, más que de sus obras. En esas historias, aparece descrito como un vagabundo crítico de las ideas más difundidas de su época. Diógenes rechazaba la compañía de los seres humanos de cualquier sexo o edad, a pesar de lo cual utilizaba la plaza más concurrida de la ciudad para exponer sus doctrinas y exponerse a sí mismo, como ejemplo contundente de sus puntos de vista. Puesto que no creía necesario un techo para cobijarse, ni de ropas para cubrirse, tampoco tenía mucho sentido para él molestarse en buscar una pareja, cuando se encontraba al alcance de su mano la posibilidad de aliviar cualquier tensión sexual que pudiera perturbarlo.
Un punto de vista como ese, capaz de simplificar la complejidad de las relaciones de pareja, hasta reducirlas al puro alivio de las tensiones hormonales, revela una clara hostilidad hacia el otro género, que no se considera necesario o al que se recurre solo en momentos de debilidad, para arrepentirse a continuación.
El clima de desconfianza o declarada hostilidad respecto de la pareja femenina, llegó a disfrutar de prolongada aceptación en la cultura patriarcal. No era que los hombres se apartaran de todo trato con las mujeres, como proponían los ermitaños de los primeros siglos del cristianismo, sino que (después de haber convivido con ellas) manifestaban la pésima opinión que tenían. Por lo tanto, no prejuzgaban. Su decisión tenía un fundamento innegable.
Fue un tópico bien considerado en el ambiente intelectual, proclamar que a pesar de que los hombres buscaran a las mujeres en ciertos momentos, las despreciaran a continuación y las consideraran un obstáculo para el desarrollo espiritual de los hombres.
Cuando ellos necesitaban la compañía femenina, incurrían en una debilidad perdonable y pasajera, porque las mujeres eran vistas como “el reposo del guerrero”, prontas para que las abandonaran y reemplazaran por otras representantes de su género, más atractivas e indefensas, apenas se insinuara el menor signo de aburrimiento en la relación. Las mujeres debían ser excitantes y serviciales, o desaparecer.

¡Oh, qué plaga, qué aburrimiento, qué tedio es tener que tratarse con ellas mayor tiempo que los breves instantes en que son buenas para el placer! (Francisco de Quevedo)

El antifeminismo que predominó en la cultura clásica de Oriente y Occidente, puede ser considerado como una convención cultural, que solo afecta al discurso literario y no se corresponde directamente con las actitudes de la gente en la realidad, pero más probable es que refleje sentimientos contradictorios de deseo y desprecio de los hombres.
No estaba muy bien considerada entre los hombres la posibilidad de mostrar ningún respeto por las mujeres. Hacerlo, era confesarse disponible para someterse a un sector despreciado de la sociedad. En complemento, resultaba de buen gusto, incluso divertido, vilipendiarlas, como se había hecho siempre.
Pablo Picasso: La Celestina
Hasta los hombres que experimentan atracción por las mujeres, como le sucede al personaje de Sempronio en La Celestina, se encuentran lejos de tener buena opinión sobre de ellas y basta un mínimo conflicto para que manifiesten una abierta odiosidad.

SEMPRONIO: Muchas hubo y hay santas y virtuosas y notables, cuya resplandeciente corona quita el general vituperio. Pero destas otras, ¿quién te contaría sus mentiras, sus tráfagos, sus cambios, su liviandad, sus lagrimillas, sus alteraciones, sus osadías? Que todo lo que piensan osan sin deliberar. ¿Sus disimulaciones, su lengua, su engaño, su olvido, su desamor, su ingratitud, su inconstancia, su testimonio, su negar, su revolver, su presunción, su vanagloria, su abatimiento, su locura, su desdén, su soberbia, su sujeción, su parlería, su golosina, su lujuria y suciedad, su miedo, su atrevimiento, sus hechicerías, sus embobamientos, sus escarnios, su deslenguamiento, su desvergüenza, su alcahuetería? (Fernando de Rojas: La Celestina)

Hablar mal de la pareja (en especial, de la pareja femenina), denigrarla en público, por ser la causa fundamental de todos los males que sufren los hombres, estuvo muy bien visto por la opinión dominante, tanto en Oriente como en Occidente, durante siglos. No solo correspondía al punto de vista de los prejuiciosos e ignorantes, que si bien se expresan, tal vez no dejan demasiada huella en la memoria colectiva, sino también al de los teólogos, científicos, políticos y artistas más destacados de su época, cuyas palabras se conservan y respetan.
De acuerdo a las evidencias, no todos los seres humanos fueron hechos para vivir en pareja con alguien del sexo opuesto, ni para procrear de manera responsable. En ciertos casos, hay quienes consideran que la rutina de una pareja estable y una familia constituyen un estorbo inaceptable para lo que ellos esperan aportar al mundo. ¿Por qué negarse a atender la variedad y el atractivo de la oferta de parejas provisorias, que prometen satisfacción inmediata y ningún compromiso?
Don Juan es un personaje literario que pasa de una mujer a la siguiente, o mantiene el cortejo de varias al mismo tiempo, como si necesitara marcar al mayor número posible de hembras como sus conquistas, incapaces de atarlo en una relación estable. Es un cazador que vive urgido por el proyecto de dejar en su memoria y la de sus contemporáneos, tantos trofeos como pueda.
Fragonard: El beso
Los recuerdos que Giacomo Casanova anotó en su vejez, cuando se vio reducido al rol oscuro de bibliotecario en un castillo provinciano de Bohemia, tienen el carácter contable y exhibicionista de quien ya no es capaz de alterar la soledad. Mientras la mayor parte de los hombres intenta vivir con una pareja que puede no ser la ideal, pero que al menos suministra compañía, Casanova proclama su temor por las ataduras femeninas y las responsabiliza de riesgos que son atribuibles también a los hombres.

Las mujeres son peligrosas por las enfermedades que muchas de ellas comunican a los que obtienen sus favores. (Giacomo Casanova)

Hay hombres que no tienen la intención de exponerse a vivir en soledad, tras haber sufrido alguna experiencia de pareja que los decepcionó. Prefieren vivir aislados, antes que sufrir parecidas humillaciones con una nueva pareja.
En otros casos, hay quienes prefieren establecer parejas de su mismo sexo, a pesar de que la sociedad espera de ellos que se ajusten a un patrón de conducta heterosexual, sin duda el más adecuado para preservar la especie.
Pueden ser hombres o mujeres por igual, pero la disparidad de los roles que la sociedad asigna a los géneros, decide que sean más los hombres que declaran no estar dispuestos a formar pareja y más las mujeres que se ven obligadas a no tener pareja.
En algunos hombres, la hostilidad se manifiesta en el desprecio de todas las mujeres, entendidas en el mejor de los casos como un mal necesario para el solaz masculino y la continuidad de la especie. En otros, cualquier distancia que se establezca respecto de la pareja es poca. Ellas forman parte de un mundo ignoto, enfrentado al de los hombres: No se trata de prejuicios de gente ignorante, manifestadas al calor de una conversación que no deja rastros, sino de textos firmados por hombres notables, que fueron destinados a la publicación y lectura, vale decir, a producir un efecto en los demás.

La poligamia es tener una mujer de más. La monogamia también. (Sacha Guitry)

Jacqueline Dulubac y Sacha Guitry
Puede entenderse la humorada de Guitry como un guiño a la audiencia masculina de su época (mediados del siglo XX). En la actualidad, eso se ha convertido en una afirmación políticamente incorrecta, que ofrende a la sensibilidad contemporánea, y por las dudas no se menciona, para no recibir la condena de los bien pensantes. ¿Indica eso un cambio de mentalidad tan definitivo? No, eso no ha sucedido. En las comunidades más informadas, los chistes antifeministas, la discriminación laboral, los crímenes pasionales y el maltrato intrafamiliar son evidencias que se renuevan todos los días.
Muchos hombres y mujeres se sienten molestos, no por las grandes injusticias que sufren sus iguales, sino por las dificultades que les atañen a ellos. Por eso pueden tolerar todo, menos las ofensas que provengan de sus parejas, que los conocen mejor que nadie, y por lo tanto se encuentran en la posición de causarles daños más profundos. Cuando enfrentan la alternativa de entablar una relación, la ven como un riesgo excesivo, que a veces los inhibe de concretar nada.

Tenemos la mejor de las culturas. En nuestra cultura no hay sitio para la mujer.  (ML Sharma, abogado defensor de seis hombres condenados en la India por violación)

lunes, 26 de enero de 2015

VIOLACIONES EN GUERRA O PAZ



La pequeña hija está sobre el colchón, / muerta. ¿Cuántos han estado sobre ella? / Un pelotón, una compañía quizás? / Una muchacha ha sido convertida en mujer / una mujer convertida en cadáver.  (Alexander Solyenitsin: Noches prusianas)

 
Protestas contra violaciones masivas
De acuerdo al informe de Amnistía Internacional, durante la Guerra de los Balcanes, que ocurrió en los años finales del siglo XX, al desmembrarse Yugoslavia, se calcula que en Bosnia y Herzegovina hubo entre veinte mil y cincuenta mil mujeres musulmanas violadas por los invasores kósovos en las calles o sus hogares, delante de sus familiares, mientras que en Kosovo, se calcula que hasta el 50% de las mujeres capaces de reproducir fueron violadas por los invasores serbios (militares y paramilitares). Hubo campos de violación, similares a los campos de concentración, poblados por unas 35.000 mujeres, a las que se obligó a engendrar hijos servios, como una forma de depuración étnica del territorio ocupado.
El sexo es una de las armas más eficaces para desalentar (y exterminar) la resistencia del enemigo. En Kuwait, los violadores eran iraquíes. En Sri Lanka, las fuerzas de seguridad nacionales. En Ruanda, al mismo tiempo que los abusos de los Balcanes, el discurso oficial planteaba como objetivo bélico, la violación del mayor número de mujeres tutsis.

El asalto sexual formaba parte integrante del proceso de destrucción de la etnia tutti y que la violación fue sistemática y se han perpetrado solo contra las mujeres tutsis, en las que manifiesta la intención específica necesaria para los actos que se consideran como genocidio. (Tribunal Criminal Internacional para Ruanda)

Mujeres abusadas del Congo
No eran situaciones casuales, fruto del descontrol de soldados modernos, que desoían las órdenes de sus superiores, sino de una política de Estado, similar a la que se puso en práctica durante la llamada Conquista de América por las potencias europeas. Había que engendrar hijos (bastardos) de los invasores, para desarticular la estructura familiar de los nativos. Las clases dirigentes no se responsabilizan de esos crímenes. Prefieren no darse por enteradas de lo que ocurre y evitar que otras naciones derrotadas las acusen de lo mismo.
Durante los Juicios de Nurenberg convocados tras el desenlace de la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, los nazis no fueron  acusados de situaciones como esas, respecto de las cuales había suficientes testimonios. Los cuerpos de los vencidos, suele ser el primer botín de guerra que toman los vencedores, cuando los utilizan para su placer, aprovechando la confusión que sigue a las batallas, con el objeto adicional de desmoralizar a las víctimas.
Se trata de una práctica inmemorial, sobre la cual apenas se hablaba en los textos históricos, que no ha variado mucho en la actualidad. La principal diferencia, es que ahora se denuncia, en lugar de mantenerlo en secreto, por vergüenza.
Prisioneras coreanas del ejército japonés
El ejército japonés utilizó a miles de mujeres coreanas, chinas, tailandesas, birmanas, vietnamitas y filipinas, provenientes de países que habían sido invadidos antes de la Segunda Guerra Mundial, como esclavas sexuales. Más de 20.000 estudiantes japonesas fueron sometidas al mismo trato.
El Ejército les prometía empleo en hospitales, restaurantes y fábricas. Una vez enroladas, descubrían que se esperaba de ellas: que atendieran la demanda sexual de los uniformados, para evitar las violaciones de mujeres de la población civil de los países invadidos. Los primeros prostíbulos del ejército japonés se instalaron en 1932 en Shanghai.

Las mujeres gritaban, pero no nos importaba si ellas vivían o morían. Éramos los soldados del Emperador. Ya fuera en burdeles militares o en las aldeas, las violábamos sin reticencia. (Yasuji Kaneko)

Prisioneras judías en campo de concentración
Durante la Segunda Guerra Mundial, el ejército alemán abusó de las mujeres que encontraban a medida que ocupaban los territorios de Polonia y la URSS, por la misma época en que el ejército japonés humillaba a las mujeres de los países ocupados de Asia. Poco después, hacia el final de la contienda, el ejército soviético hizo lo mismo en Alemania. Se calcula que hubo un millón y medio de mujeres alemanas víctimas de violaciones, a pesar de que las leyes internacionales castigaban el delito con la muerte. La experiencia que uno de esos soldados relató a una historiadora rusa, da cuenta del subterfugio empleado para satisfacer las expectativas de los invasores y esconder lo sucedido ante los superiores.

Cuando ocupábamos un pueblo, primero teníamos tres días para los saqueos. Por descontado eso no era oficial. Pero después de tres días se te podía juzgar por hacerlo. (…) Recuerdo a una mujer alemana violada, desnuda con una granada entre las piernas. Ahora siento lástima, pero no la sentía en aquel momento. ¿Piensas que fue fácil perdonar a los alemanes? Odiábamos ver sus casas blancas, limpias e intactas. Con rosas. Quería que sufrieran. Quería ver sus lágrimas. (Svetlana Alexeivich)

Sophia Loren: La Ciociara
Soldados norteamericanos y africanos participaron en violaciones masivas de mujeres italianas, durante la contienda y la inmediata posguerra, tal como aparece descrito en La Ciociara, una novela de Alberto Moravia. Cesira, una viuda romana que busca refugio en las montañas con su hija Rosetta, durante el último año de la guerra, no puede evitar que la joven sea violada por hombres que paradojalmente vienen a liberar al país de los nazis y los fascistas. Después del incidente, que ocurre en una iglesia abandonada, la joven que hasta entonces había sido reservada y creyente, cambia, se prostituye sin mostrar ningún sentimiento, con tal de conseguir alimentos, dinero u otros favores. La madre es quien cuenta el proceso:

Hubiera querido decirle que comprendía que después de lo que había pasado con los marroquíes, no fuera la misma y quisiera ir con un hombre para sentirse mujer y anular así el recuerdo de lo que le habían hecho; que comprendía incluso que después de haber sufrido aquello que había sufrido bajo los ojos de la Virgen, sin que la Virgen hiciera nada para impedirlo, a ella no le importara más la religión. (Alberto Moravia: La Ciociara)

Ejército Rojo y mujeres alemanas
¿Qué pasa después? El maltrato puede haber durado poco y no obstante dejar una huella perdurable en las víctimas, sea bajo la forma de hijos, sea como recuerdos traumáticos que dificultan cualquier intento de volver a la normalidad, sea como la memoria de la comunidad que fue testigo de lo sucedido. Según estadísticas recientes, en el curso de la guerra civil de la República Democrática del Congo, 30% de las mujeres y 22% de los hombres (unas 200.000 personas en total) ha sido víctima de violencia sexual.
Los invasores se plantean la misión de embarazar a las mujeres, tal como se espera que desarmen la resistencia y ocupen el territorio enemigo. Los dirigentes los alientan a hacerlo o por lo menos no hacen nada para impedir que aprovechen la situación. Al violar a sus víctimas, tanto los militares como los civiles, las dejan en una situación de orfandad muy difícil de revertir, para ellas y la descendencia que pueden engendrar.
Después de sufrir una violencia similar, ¿cómo se recupera la identidad anterior? ¿Qué espacio les queda para elaborar una identidad nueva?
Protesta femenina: ¡No significa No!
Son tragedias colectivas que marcan de manera perdurable la memoria de pueblos enteros. No ocurren por primera vez en la Historia, pero en la actualidad el hecho trasciende el silencio y la resignación que imponía tradicionalmente la vergüenza. Ahora, suele denunciarse, lo acepten o no las víctimas, aunque no es demasiado probable que se lo castigue, y resulta imposible ignorarlo.
En Dubai se ofrece a las mujeres víctimas de violaciones, la alternativa de casarse con sus agresores, para que ellas (no los agresores) pudieran evitar la cárcel. ¿No es, como se planteaba el jefe mafioso de The Godfather, el filme de Francis Ford Coppola, una oferta imposible de rechazar?
En Perú, durante la campaña del ejército nacional contra la guerrilla de Sendero Luminoso, se ofrecía a las víctimas de situaciones parecidas una salida no menos honrosa: casarse con los hombres más viejos o los tontos del pueblo, que no conseguían pareja. Se trataba de una salida que otras mujeres, menos apremiadas por esos hechos ajenos a su voluntad, se hubiera negado a aceptar.
Las mujeres suelen ser usadas y abusadas en tiempos de paz, como objetos que se utilizan de acuerdo a los intereses masculinos y no merecen mayor consideración. Una noticia de prensa de comienzos de 2014, informa que una joven pakistaní fue sentenciada por un consejo tribal a ser violada por su padre y dos de sus hermanos, como castigo de la relación considerada ilícita, que mantenía otro de los hermanos con una mujer del pueblo. ¿Por qué volverla víctima de un incesto? Probablemente se entendía someter de ese modo al escarnio público a toda la familia, pero en ese caso la parte más golpeada (y de ningún modo responsable) era de nuevo la mujer.
Mujeres en la Guerra de los Balcanes
Casi al mismo tiempo, otro consejo tribal en la India, ordenaba la violación de una mujer comprometida en el delito de una relación con un hombre ajeno a la aldea y perteneciente a otro culto religioso. Trece hombres dieron cumplimiento a la sentencia, para descubrir (demasiado tarde) que habían incurrido en un delito que habría de ser juzgado.
Las buenas intenciones (o al menos su declaración) pueden justificar las decisiones más aberrantes. En Sudáfrica, ciudadanos moralistas pretenden erradicar las relaciones lésbicas, que de acuerdo a su opinión, socavarían las bases de la sociedad. Para conseguir sus loables objetivos, violan (y con frecuencia matan a continuación) a las mujeres sospechadas de incurrir en esas prácticas, argumentando que lo hacen para “corregirlas” de sus errores.

lunes, 19 de enero de 2015

LUCHADORAS ANARQUISTAS

Anarquistas españolas en la Guerra Civil


Considero funestos y estúpidos todos nuestros ensueños sobre la emancipación de la mujer; le niego toda clase de derechos e iniciativa políticos; creo que para la mujer, la libertad y el bienestar consisten únicamente en el matrimonio, la maternidad, los trabajos domésticos, la fidelidad al esposo, la castidad y el retiro. El trabajo de la casa es el sueño dorado de una joven: los que (…) quieren suprimir los trabajos de la casa deberían explicarnos mejor esta depravación del instinto del sexo. De mi parte, cuanto más lo pienso, menos puedo concebir un destino para la mujer que no sea el de la familia y los trabajos caseros. (Pierre-Joseph Proudhon: Apuntes autobiográficos)

Proudhon, célebre anarquista de mediados del siglo XIX, no se avergonzaba de plantear ideas tan tradicionales y discriminadoras como esas, que no atendían los reclamos de un amplio sector relegado de la sociedad. Tampoco los líderes de la Revolución Francesa, en los años finales del siglo XVIII habían sido más sensibles al tema, como demuestra el rol subordinado en que se mantuvo a las mujeres después de derrocada la monarquía y la pronta marginación de la escena pública de figuras como Olympe de Gouges, Claire Lacombe o Théroigne de Méricourt. Puesto que los hombres consideran inútil tomar en cuenta las reivindicaciones femeninas, ellas mismas tendrían que hacerlo. Esa fue la lección que tardó en imponerse.
La Voix des femmes, periódico anarquista, comenzó a publicarse en Francia en 1838. Petrona Rosende de Sierra había publicado algunos años antes en Buenos Aires, La aljaba. Rosa Guerra publicó La camelia en 1852 y Juana Manso de Noronha Álbum de señoritas. La Alborada del Plata, otro periódico dedicado a las mujeres, dirigido por Manuela Gorriti, planteaba alrededor de 1880 la necesidad de reducir a ocho horas la jornada de trabajo y defendía causas tan opuestas a las ideas dominantes como el amor libre.
Ni Dios, ni patrón, ni marido era el nombre nada conciliador del periódico de cuatro páginas publicado por Virgina Bolten en Buenos Aires y Montevideo, durante los últimos años del siglo XIX. Las agrupaciones anarquistas femeninas se instalaron por entonces en todos los países donde las grandes industrias incorporaban a la mujer como fuerza de trabajo tan capacitada como la masculina, pero siempre peor pagada. Las anarquistas ganaron notoriedad, pronunciaban conferencias, fundaban sindicatos y periódicos de circulación restringida, mientras eran vilipendiadas por los medios.
Belén de Sárraga
Belén de Sárraga, médica y famosa anarquista española, se radicó en Montevideo y recorrió buena parte de Latinoamérica. Visitó las ciudades del norte de Chile, donde prosperaba la industria del salitre. Allí se fundaron centros femeninos que llevaban su nombre. Años más tarde, se encontraba en México, cuando estalló la revolución en España que condujo al establecimiento de la república. Sárarraga se había definido como una personalidad tan atractiva, que brindaba conferencias en los teatros y convocaba a una audiencia seducida por sus ideas renovadoras, en las que se mezclaban el anticlericalismo, la defensa de los derechos cívicos de la mujer, el reconocimiento de los hijos nacidos fuera del matrimonio y la prédica espiritista.
Era una mujer bella y una oradora tan motivadora, que los concurrentes varones que asistieron a una de sus conferencias en Santiago de Chile, decidieron desuncir los caballos del carruaje que debía conducirla del teatro al hotel donde se alojaba, tal como se había hecho en otras ocasiones, después de una presentación de la actriz Sara Bernhardt.

Vengo yo aquí a predicar la verdad, a emancipar a los que están subyugados. Arranquemos a la mujer, al obrero y al estudiante de esas influencias [las de la Iglesia Católica] y habremos alcanzado el ideal del libre pensamiento. (Belén de Sárraga: entrevistada en El Mercurio)

El entusiasmo de las precursoras anarquistas las llevaba a predecir un cambio radical de la sociedad, que podía darse muy pronto, si las mujeres tomaban conciencia de la situación que sufrían y se sumaban masivamente a su causa. En El Ácrata, un periódico chileno de 1901, una fervorosa poetisa anarquista escribía:
Arenga de Federica Montseny

¡Oh, burguesía! Piensa en el futuro / de la presente sociedad humana, / raciocina con calma y de seguro / verás temblar tu criminal espada! / ¿Existe acaso algún poder oculto / para que siempre esclava la mujer / acepte el sucio y miserable insulto / del potentado o místico burgués?

Las anarquistas no confiaban demasiado en sus congéneres sufragistas, que reclamaban el derecho al voto para la mujer. Esa fue una conquista que al avanzar el siglo XX se fue convirtiendo en realidad en todos los países. Las injusticias de la sociedad no concluían en las urnas, afirmaban  las anarquistas.

Después de cientos de años de profundo sueño, comienzan las mujeres a tornar a la vida que es lucha y movimiento. (Editorial de Verba Roja)

El texto proviene de un periódico feminista chileno publicado en 1922. La imagen de la mujer oprimida en varios niveles, sin derecho a voto, discriminada en el trabajo y el hogar, surge de otra más antigua y optimista, que todas las niñas conocen, la figura de una Bella Durmiente que espera al Príncipe Azul que le permitirá quebrar el hechizo y alcanzar la felicidad.
De acuerdo a Isolina Bohórquez, las madres debían extirpar del cerebro de sus hijos el fanatismo de la patria y la raza que se aprenden en la escuela pública, para dar sitio al amor por los trabajadores y afianzar el odio hacia las clases gobernantes y los explotadores del proletariado.
Aunque en Europa y América rechazaban a las iglesias cristianas, entendiéndolas como instituciones donde se adormecía y finalmente se discriminaba a la mujer, algunas feministas adoptaron el lema cristiano de amarse los unos a los otros. Ellas se consideraban destinadas a establecer la fraternidad entre los pueblos que los hombres habían fracasado repetidamente desde que se tiene memoria. Según las feministas de comienzos del siglo XX, si había tantos hombres destacados en la ciencia, el arte, la política y los negocios, era porque los habían ocupado a expensas de mujeres no menos capacitadas que ellos.
Al comenzar el siglo XX, más del 70% de las mujeres españolas eran analfabetas (mientras que algo más de la mitad de los hombres estaba en la misma situación). La situación fue mejorando en las dos décadas que siguieron, pero las mujeres continuaron en desventaja respecto de la escolaridad de los hombres. La lucha de las anarquistas por la educación recuerdan las palabras de Condorcet:

Cuando se educa a un niño, se prepara a un hombre educado; cuando se educa a una niña, se afianza también la educación de una familia. (Condorcet)

Parte de las demandas de las anarquistas quedaron de algún modo satisfechas durante el siglo XX por la democracia burguesa que ellas pretendían destruir. El trabajo de difusión de las nuevas ideas había sido lento, pero no infructífero. Después de obtener el voto, el siguiente paso para las activistas femeninas fue que las consideraran elegibles para ocupar los cargos públicos.
No tardaron en ingresar a las universidades. Podían titularse, pero no siempre ejercían. Con el tiempo, estuvieron representadas en todas las profesiones imaginables (incluyendo las Fuerzas Armadas, pero de todos modos excluyendo al sacerdocio católico). Lograron que se eliminaran las diferencias entre hijos nacidos dentro del matrimonio o fuera de él, que se les otorgara un fuero maternal, que estén autorizadas a perseguir legalmente a los hombres que no se responsabilicen de la crianza de los hijos que engendraron… aunque se continúe pagándoles a veces la mitad del salario por las mismas tareas que los hombres realizan.
Emma Goldman

Todas aquellas que alcancen la deseada igualdad, generalmente lo hacen a expensas de su bienestar físico y psíquico. Para la gran masa de mujeres trabajadoras, ¿cuánta independencia se gana, si la estrechez y falta de libertad del hogar es reemplazada por la estrechez y falta de libertad de la fábrica, las tiendas o la oficina? Más aún, después de un duro día de trabajo, está la carga de ocuparse de un “hogar, dulce hogar” frío, atemorizador, desordenado, poco acogedor. ¡Gloriosa independencia! No es sorprendente los cientos de jóvenes dispuestas a aceptar la primera oferta de matrimonio, hartas y cansadas de su “independencia” detrás de un mostrador, una máquina de coser o de escribir”. (Emma Goldman)

Durante la Guerra Civil Española, las anarquistas Lucía Sánchez Saomil, Mercedes Comaposada y Amparo Poch y Gascón organizaron en 1936 el movimiento de Mujeres Libres. Planteaban la necesidad de escolarizar a las mujeres y suministrarles información política que les permitiera entender la experiencia de la República. Para las anarquistas, la guerra brindaba la oportunidad de acelerar cambios mentalidad que hubieran sido impensables en épocas menos conflictivas. A pesar de ello, las penurias de la actualidad obligaron a dejar de lado la educación, para dedicarse a suplantar a los hombres en las fábricas y participar en la lucha armada.