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sábado, 20 de febrero de 2016

IDEÓLOGAS DEL CAMBIO SOCIAL


Marie Dentière
Cuando se piensa en mujeres que participan en la vida pública, tradicionalmente se tiende a verlas como seguidoras de los hombres elocuentes que ellas han tenido cerca, no pocas veces desempeñándose como sus dedicadas secretarias o admiradoras, también como sus fieles parejas, que no se oponían a las decisiones masculinas y tampoco las estorbaban, porque no se consideraban en condiciones de competir con ellos. Fue el caso de Catalina von Bora, monja que abandonó el convento para convertirse en esposa y colaboradora de Lutero, pero no el de la teóloga belga Marie Dentière, que intentó exponer ideas propias.

Si Dios dio gracia a algunas buenas mujeres, revelándoles algo santo y bueno a través de las Sagradas Escrituras, ¿tienen ellas que atreverse a no escribirlo, no hablarlo o no declararlo a los demás, por causa de los difamadores de la verdad? Puede ser demasiado impúdico cubrir el talento Dios nos ha concedido a nosotras, que debemos tener la gracia de perseverar hasta el fin. (Marie Dentière)

En el siglo XVI, Dentière, tras haber ingresado a un convento de monjas agustinas, asistió a una prédica de Martin Lutero, que la convenció de sumarse a la Reforma Protestante  que él llevaba a cabo contra los jerarcas de la Iglesia Católica. En 1528 Dentière se casó con un predicador de la misma tendencia, Simon Robert, con quien tuvo dos hijos. Al quedar viuda, predicó en Ginebra a la par de Calvino y Farel, líderes del protestantismo, que desaprobaron su actuación.
Para eludir la prohibición expresa a la publicación de textos teológicos escritos por mujeres, firmó los suyos con seudónimo. Dentiére se casó por segunda vez con Antoine Froment, otro predicador reformista. Planteó en sus artículos el punto de vista de las mujeres sobre la doctrina cristiana. Propugnaba la necesidad de reinterpretar los Evangelios, para ampliar la participación femenina en el culto religioso (un tema que cinco siglos más tarde continúa en discusión).

¿Tenemos dos Evangelios: uno para hombres y otro para mujeres? Tampoco los calumniadores y enemigos de la verdad tienen el derecho de acusarnos de excesiva arrogancia, ni puede un verdadero creyente decir que las mujeres están traspasando sus derechos cuando hablamos a otra acerca de las Sagradas Escrituras. (Marie Dentiére)

Menos de tres siglos más tarde, las mujeres no pensaban en cambiar el mundo mediante la religión y se sumaban a la discusión política iniciada por los intelectuales. Cuando llega la Revolución Francesa, Théroigne de Méricourt fundó la Sociedad de Amigos de la Ley junto a su amigo, Gilbert Romme.
Théroigne de Méricourt
Años atrás, cuando decidió abandonar el hogar paterno por diferencias irreconciliables con su madrastra, perdió el apoyo de la familia, tuvo que sostenerse sola y al parecer habría llegado a prostituirse para sobrevivir. Una vez instalada en Paris, gracias a su relación con el Marqués de Persan, abrió un salón literario frecuentado por los futuros revolucionarios. Al comenzar la Revolución, la Méricourt no se conformó con recibir y agasajar a sus visitantes. Participó junto a los hombres, sable en mano, en la Toma de la Bastilla. Los monárquicos la vilipendiaron por sus ideales republicanos y su pasado de mujer pública. La describían como un personaje desequilibrado, que intentaba vengarse de la sociedad que la había marginado.

Ustedes [los hombres] anularon todo los privilegios [de la nobleza]; anulen también los del sexo masculino. Trece millones de esclavas llevan las cadenas que les colocaron trece millones de déspotas. (Théroigne de Méricourt)

Méricourt era imprudente en sus discursos, por apasionada y cometió el error de enfrentar al poderoso Robespierre, en medio de la lucha de facciones que estuvo a punto de desembocar en una guerra civil. Creó una legión de lo que denominó amazonas (batallón de mujeres armadas) con la que pretendía invadir los Países Bajos para liberarlos de la monarquía. Tanto activismo no anunciaba premios ni reconocimientos para ella. Había que silenciarla pronto, para que su ejemplo no cundiera entre las mujeres. Méricourt fue castigada por una banda de seguidoras de Robespierre, que le quitaron la ropa interior y la azotaron en plena calle.

Ciudadanas: demostremos a los hombres que no somos inferiores a ellos en valentía y bravura; demostremos a toda Europa que las mujeres francesas conocen y está a la altura de las ideas de su siglo, despreciando los prejuicios absurdos y antinaturales. (…) Francesas (…) rompamos nuestras cadenas. Ya es hora de que las mujeres abandonen el vergonzoso estado de nulidad en que el orgullo y la injusticia de los hombres las mantienen hace tanto tiempo. Volvamos a las épocas en que las galas y las altivas germanas deliberaban en las asambleas públicas y combatían al lado de sus esposas para rechazar a los enemigos. (Théroigne de Méricourt)

Flora Tristán
Durante el siglo XIX, las mujeres se plantearon reiteradamente igualar sus derechos cívicos con aquellos que disfrutaban los hombres. Flora Tristán, hija de los amores de una francesa y un alto oficial peruano que residía temporariamente en España, conoció una infancia desahogada, pero no logró ser reconocida por su padre, que murió cuando ella tenía cinco años. A partir de ese momento, ella y su madre quedaron en la pobreza, comenzó a trabajar en una imprenta en Paris y se casó muy joven con su patrón. Cansada de los malos tratos que recibía, Flora huyó de su hogar, llevándose a sus hijos.
Viaja a América, para reclamar la herencia paterna y apenas consigue una pensión. Al regresar a Francia, se incorpora a la lucha por la emancipación de la mujer y los derechos de los trabajadores (dos causas que a partir de ella pasan a estar indisolublemente relacionadas).
Cuando se niega a las niñas la posibilidad de recibir una educación, analiza Tristán, es porque se ha decidido que es en el seno del hogar donde mejor se las explota como fuerza de trabajo, al encargarles las tareas domésticas, la crianza de los niños, las compras de provisiones, etc. Ese régimen no pasa de ser una preparación para las tareas que se le encomiendan al llegar a la adolescencia, al ubicarlas como aprendizas en talleres donde el trato no es menos desconsiderado de lo que había sido en el hogar. La otra opción es prostituirse. Ante una situación tan intolerable vivida por millones de mujeres, la propuesta de Tristán es simple, difícil de aplicar y sin embargo inevitable, como reconoce su contemporáneo, Karl Marx:

Proletarios del mundo, uníos. (Flora Tristán)

Emmeline Pankhurst
Emmeline Goulden era hija de una pareja de activistas sociales, que se incorporó a la causa del sufragio femenino a los 14 años. Se había formado en una escuela francesa. Conoció a Pankurst, su marido, un abogado bastante mayor que ella, con quien compartía los mismos ideales. Fue madre prolífica, lo que no le impidió fundar una asociación que promovía el voto universal. En el verano de 1908, llegaron a reunir medio millón de sufragistas en Hyde Park. Cuando Pankhurst intentó incorporarse al Partido Laborista, la rechazaron… por ser mujer.
Al quedar viuda, ella y sus hijas se dedicaron a actividades de agitación, que incluían quebrar los vidrios de ventanas de la residencia oficial del Primer Ministro, agredir a policías, incluso provocar incendios en establecimientos comerciales. Fueron encarceladas e iniciaron huelgas de hambre que las volvieron célebres por la crueldad de los métodos utilizados para alimentarlas por sondas. Al comenzar la Primera Guerra Mundial, las sufragistas invitaron a las mujeres para que incorporaran masivamente al campo laboral que hasta entonces había sido reservado a los hombres. Finalmente, en 1918, el Parlamento británico concedió el voto a los hombres mayores de 21 años y las mujeres mayores de 30. Nancy Astor fue la primera mujer elegida para un escaño de la Cámara de los comunes, en 1919.
Rosa Luxemburgo
Rosa Luxemburgo fue una militante izquierdista de fines del siglo XIX, nacida en Polonia, obligada a exiliarse en Suiza y Alemania, que se opuso a la Primera Guerra Mundial. A pesar del hándicap de una cojera, desde muy joven se destacó en la conducción de un partido político obrero, organizó huelgas, estudió Economía, Historia y Filosofía. La suya era una solitaria voz femenina en un mundo de hombres. La encarcelaron reiteradamente, predicó la objeción de conciencia ante el estallido de la guerra.
Acusada de incitar a la desobediencia civil, la justicia alemana la condenó a un año de encarcelamiento. La asesinaron en 1919, apenas concluida la guerra, cuando había previsto las desviaciones que aguardaban a la Revolución bolchevique, en la recién establecida Unión Soviética.

¡El orden reina en Berlin! Vuestro orden está construido sobre la arena. Mañana la revolución se levantará vibrante y anunciará con su fanfarria: ¡Yo fui, yo soy, yo seré! (Rosa Luxemburgo)

Alicia Moreau
Pocos años más tarde, la joven Alicia Moreau, hija de un anarquista francés emigrado a Argentina, fundó en 1906, a los 21 años, el primer Centro Feminista del país, con el objeto de promover el voto femenino. En 1907 ingresó a la Facultad de Medicina con otras cinco mujeres. En 1915 obtuvo su diploma universitario de Médica Cirujana. En 1921 fundó el Partido Socialista argentina y un año después se casó con su fundador, Juan B. Justo.

El feminismo no fue un detalle de indumentaria, sino una forma distinta de pensar; no se trató de oponer a la mujer al hombre, sino (…) de no dejarla ajena al pensamiento moderno, de permitirle que conquistase en la sociedad una posición menos deprimida, de darle los medios de defenderse contra un régimen que no ha sido hecho para ella y en donde se encuentra herida y vejada. (Alia Moreau de Justo: Feminismo e intelectualismo)

Alexandra Kollontai
Alexandra Kollontai fue designada Comisaria del Pueblo para la Asistencia Pública, tras el establecimiento de la Unión Soviética, en 1917. Desde el alto cargo que ejercía, logró que se aprobaran las leyes del divorcio y el derecho al aborto, el reconocimiento salarial a la maternidad, fundación de guarderías y hogares para los hijos de las trabajadoras. Promovió la participación femenina en todas las profesiones.
Desde 1921, Kollontoi quedó marginada por su propuesta de entregar las fábricas a los trabajadores y varios de sus planteos quedaron archivados definitivamente. Se la designó como embajadora de la URSS en Noruega (fue primera mujer que asumió una responsabilidad parecida). Sus ideas resultaban incómodas para una conducción que necesitaba consolidar una imagen más convencional de la mujer, después de haberle permitido incorporarse plenamente a las actividades productivas.

En vez del matrimonio indisoluble, basado en la servidumbre de la mujer, veremos nacer la unión libre fortificada por el amor y el respeto mutuo de dos miembros del Estado Obrero, iguales en sus derechos y en sus obligaciones. En vez de la familia de tipo individual y egoísta, se levantará una gran familia universal de trabajadores. (...) Estas nuevas relaciones asegurarán a la humanidad todos los goces del amor libre, ennoblecido por una verdadera igualdad social entre compañeros, goces que son desconocidos en la sociedad comercial del régimen capitalista. (Alexandra Kollontoi: La igualdad social del hombre y la mujer)

viernes, 11 de septiembre de 2015

MUJERES DESAFIANTES



Desposorio
Cuando llegan a cierta edad, hombres y mujeres que gozan de buena salud deben casarse y reproducirse, no de cualquier modo, sino siguiendo las normas establecidas por la sociedad para situaciones como esas. Las normas suelen ser estrictas, incluso en aquellos pueblos que se supone primitivos. La posibilidad de desafiar esas restricciones no es la misma para hombres y mujeres. Ellas sufren castigos y discriminaciones, incluso cuando fueron víctimas de situaciones que no llegaron a comprender.
Las religiones monoteístas no toleran infracciones, cuando se trata de parejas que pertenecen a distintos credos. La Biblia abunda en historias de parejas que desafían las leyes de Dios y causan la ruina de la comunidad, porque se han armado involucrando a mujeres que en unos casos toman la iniciativa y en otros son víctimas de un atractivo peligroso, incontrolable.
Jezabel fue una princesa fenicia, que adoraba a otros dioses, los de su pueblo y trajo la desgracia al rey Acab, su marido israelita. Ella es recordada como ejemplo de la perversidad femenina que los hombres temerosos de Dios deben tomar en cuenta cada vez que se sientan tentados de intimar con extranjeras. Pueden ser atractivas, pero indignas de confianza. Jezabel es desde todos los puntos de vista, una figura execrable.
Sanson y Dalila estaban condenados a no entenderse, porque él era el invencible conductor de los israelitas, mientras ella provenía del pueblo filisteo, y de acuerdo a la Biblia, si lo sedujo fue con el objeto de destruirlo, cortándole los cabellos que le otorgaban fuerza descomunal, para dejarlo ciego a continuación. La lección de esta historia es fácil de percibir: las mujeres que no están permitidas por los códigos de la comunidad, son funestas.
Artemisia Gentileschi: Judith y Holofernes
Sobre la relación de Holofernes y Judith, se sabe que no podía prolongarse más allá de una noche, porque ella, una virtuosa viuda judía, que aceptó el sacrificio de quebrar su duelo y entregarse al general del ejército enemigo, con la finalidad de degollarlo cuando estuviera dormido.
La historia de David y Bethsabé desconcierta, porque el desafío a la ley de Dios es todavía más evidente, y sin embargo el castigo que debiera llegar no se produce. Cuando David es consagrado Rey de Israel, después de demostrado su apego a la Ley, de pronto pierde todo control sobre sus actos, por contemplar a Bethsabé en el patio de la casa vecina, mientras se baña. ¿Es ella tan inocente como puede pensarse? La Biblia no se preocupa de ella, más que como objeto tentador.
David decide conquistarla, a pesar de tratarse de una mujer casada, olvidando que el castigo a los adúlteros es la lapidación. Envía al marido al frente de batalla, donde la muerte lo alcanza. David se casa entonces con Bethsabé, desafiando la maldición del profeta Natán, que le advierte que el hijo que espera la mujer habrá de morir, como efectivamente ocurre. David negocia con Dios el perdón de sus faltas, mediante el ayuno y la abstinencia, para evitar que la desgracia caiga sobre Salomón, su segundo hijo. Dios atiende sus súplicas.
Lippi y Lucrezia Buti
A comienzos del siglo XVI, Fra Filippo de Tomasso Lippi quedó huérfano cuando era un niño. Sus parientes lo entregaron a los monjes del Carmen en Florencia, a los ocho años. Fue la mejor decisión, pudo creerse, cuando profesó los votos religiosos a los quince años y se convirtió en uno de los discípulos de Masaccio, el pintor más famoso de la época. Lippi crecía en un ambiente protegido y hallaba la manera de desarrollar su capacidad creativa.
No obstante, Lippi no debió sentirse demasiado feliz con la vida que se veía obligado a seguir en un claustro, una existencia que no había elegido y sin embargo hubiera podido disfrutar sin mayores apremios. La Iglesia era el principal cliente de los artistas de la época. Su trabajo era reconocido. Ignoramos si tuvo aventuras que pasaron desapercibidas durante años, pero de haber desafiado las normas del monasterio, nho habría sucedido lo que pasó cuando llegó a la madurez. Lippi utilizó como modelo de una de sus pinturas religiosas a una monja, Lucrezia Buti, treinta años más joven que él. El interés que le había despertado ella no era solo profesional, porque la secuestró del convento durante una procesión y la convirtió en su amante, cuando él había cumplido cincuenta años, para escándalo de una comunidad que podía ser poco virtuosa en privado, pero guardaba las apariencias en público.
El Papa Pío II admiraba al artista y dispensó a ambos de sus votos religiosos, con lo cual permitía la celebración del matrimonio (una autorización que el pintor desaprovechó). Filippo y Lucrezia tuvieron un hijo, Filipino Lippi, reconocido como talentoso pintor, y luego una hija, Alessandria. De acuerdo a Giorgio Vasari, que narró las anécdotas escandalosas de los grandes artistas de su época, los parientes de Lucrecia envenenaron al pintor, para vengar la ofensa que habían sufrido. La historia de la pareja fue utilizada en el siglo XIX por el poeta Robert Browning y en el siglo XX por Gabrielle D´Annunzio, ha llegado a convertirse en emblema de los enamorados que desafían a poderes superiores a su pasión.
Lord Byron y Augusta Leigh
Los castigos que se prometen a los que se atrevan a desafiar el criterio dominante en una determinada sociedad sobre la elección de pareja, hace retroceder a quienes experimentan la tentación. Una elección como esa, que podría considerarse restringida a la privacidad, tiene consecuencias duraderas sobre todas las actividades de un ser humano. Lord Byron era un poeta reconocido, a comienzos del siglo XIX, en Inglaterra. Sus efímeras relaciones heterosexuales (y algunas homosexuales) habían sido aceptadas como evidencias de su extravagancia. La relación con Augusta Leigh, su hermanastra, en cambio, superó la buena voluntad de sus contemporáneos. El rumor atribuyó a Lord Byron la paternidad de una hija de Augusta y precipitó su destierro, para evitar que fuera juzgado por incesto.

Todas las cosas que amo me traen un recuerdo… Tú. (Lord Byron: carta a Augusta Leigh)

Las restricciones sociales más severas en la sociedad tradicional, afectaban a relaciones de pareja que pudieran tener algún futuro. Si una relación era fugaz, como la planteada en la prostitución o lo pederastia, daba lo mismo con quien se involucrara alguien. Casarse y tener hijos imponía otros criterios, más restrictivos.
La represión del Estado a las parejas compuestas por personas de distintas etnias, se manifestó en la Alemania nazi, con el objeto de evitar las relaciones entre aquellos a quienes se denominaba arios, definidos como cristianos rubios, de ojos claros, descendientes de un mítico pueblo indoeuropeo, y los judíos, a quienes se veía como un pueblo sin patria, corruptores de la raza perfecta.

El judío es el fermento de descomposición de los pueblos. A diferencia del ario. el judío es incapaz de fundar un Estado e incapaz asimismo de crear nada. Solo es capaz de quitar, de robar o de destruir, imbuido por el espíritu de la envidia. (Aldolf Hitler)

La arbitrariedad de una descripción como esa, tenía como objeto justificar la supresión de garantías, el despojo de bienes y posteriormente el exterminio de millones de seres humanos, que hasta entonces, durante siglos, habían convivido con el resto de los alemanes. Los matrimonios mixtos, en cambio, diluían las fronteras, estimulaban la tolerancia y sobre todo favorecían la reproducción de aquellos que se presentaban como adversarios. Prohibir los matrimonios, anularlos cuando ya se habían establecido y eliminar a los hijos nacidos de esa situación, se convirtieron en medidas urgentes para el nazismo.
Pareja interracial
Miscegenetion (mestizaje) es el término inglés que indica el asco de la sociedad tradicional norteamericana ante una posible contaminación racial entre blancos y negros, blancos e indios o blancos y orientales. Había sido normal que los propietarios blancos utilizaran a sus esclavas para disfrutar el sexo con ellas, disponiendo de la ventaja adicional de engendrar hijos esclavos que incrementaban su capital. Cuando la misma situación se daba con mujeres negras libres, no podía ser tolerada por los sectores más conservadores, porque ellas o sus hijos podían reclamar el acceso a un capital que su color de piel les vedaba.
Se comenzó a hablar de miscenetion durante la Guerra Civil norteamericana del siglo XIX. Varias leyes prohibieron durante un siglo, en distintos Estados, la legalización de las parejas interraciales. A mediados de los años ´60 del siglo XX, la pareja formada por Mildred Jeter y Richard Loving (ella negra, él blanco) fue condenada a un año de cárcel en el Estado de Virginia, por haberse casado. La sentencia quedó en suspenso, con la condición de que abandonaran Virginia por veinticinco años. Lo que importaba era que el mal ejemplo no cundiera.

Mi marido es blanco y yo negra. Nos casamos hace cinco años en Washington, porque sabíamos que en nuestro condado del Estado de Virginia había ley que prohibía los matrimonios interraciales. Al regresar a casa, recién casados, fuimos encarcelados, juzgados y abandonar el Estado. (…) Sabemos que no podemos vivir allí, pero nos gustaría volver juntos por última vez, para despedirnos de nuestras familias y amigos. (Mildred Jeter: carta a Robert Kennedy)

En Sudáfrica, desde 1945 a 1985, las leyes del apartheid condenaban a la cárcel a quienes incurrieran en ese desafío. Las personas que no estén satisfechos con esas normas, deberán resignarse a cierta dosis (grande o pequeña) de infelicidad. Será el precio que pagan para que no se los margine o someta a castigos.
Algunos encuentran la manera de infringir las reglas en privado, sobre todo en las grandes ciudades, un ámbito en el que las parejas se mueven con mayor libertad y pueden eludir el control y las sanciones del colectivo. Por eso en la cultura urbana proliferan el adulterio, la prostitución y se establecen parejas que sirven como pantallas de otros estilos de vida, que no son precisamente los aceptados por la mayoría.
Junto a lo anterior, hay también parejas (son las menos) que proclaman su falta de respeto por las convenciones que venera la sociedad. Por distintos motivos, que van desde el haber sido descubiertos hasta la voluntad de exhibirse como modelos de vida alternativos, enfrentan a la opinión mayoritaria y proclaman la decisión personal de continuar una relación que la mayoría reprueba.

lunes, 19 de enero de 2015

LUCHADORAS ANARQUISTAS

Anarquistas españolas en la Guerra Civil


Considero funestos y estúpidos todos nuestros ensueños sobre la emancipación de la mujer; le niego toda clase de derechos e iniciativa políticos; creo que para la mujer, la libertad y el bienestar consisten únicamente en el matrimonio, la maternidad, los trabajos domésticos, la fidelidad al esposo, la castidad y el retiro. El trabajo de la casa es el sueño dorado de una joven: los que (…) quieren suprimir los trabajos de la casa deberían explicarnos mejor esta depravación del instinto del sexo. De mi parte, cuanto más lo pienso, menos puedo concebir un destino para la mujer que no sea el de la familia y los trabajos caseros. (Pierre-Joseph Proudhon: Apuntes autobiográficos)

Proudhon, célebre anarquista de mediados del siglo XIX, no se avergonzaba de plantear ideas tan tradicionales y discriminadoras como esas, que no atendían los reclamos de un amplio sector relegado de la sociedad. Tampoco los líderes de la Revolución Francesa, en los años finales del siglo XVIII habían sido más sensibles al tema, como demuestra el rol subordinado en que se mantuvo a las mujeres después de derrocada la monarquía y la pronta marginación de la escena pública de figuras como Olympe de Gouges, Claire Lacombe o Théroigne de Méricourt. Puesto que los hombres consideran inútil tomar en cuenta las reivindicaciones femeninas, ellas mismas tendrían que hacerlo. Esa fue la lección que tardó en imponerse.
La Voix des femmes, periódico anarquista, comenzó a publicarse en Francia en 1838. Petrona Rosende de Sierra había publicado algunos años antes en Buenos Aires, La aljaba. Rosa Guerra publicó La camelia en 1852 y Juana Manso de Noronha Álbum de señoritas. La Alborada del Plata, otro periódico dedicado a las mujeres, dirigido por Manuela Gorriti, planteaba alrededor de 1880 la necesidad de reducir a ocho horas la jornada de trabajo y defendía causas tan opuestas a las ideas dominantes como el amor libre.
Ni Dios, ni patrón, ni marido era el nombre nada conciliador del periódico de cuatro páginas publicado por Virgina Bolten en Buenos Aires y Montevideo, durante los últimos años del siglo XIX. Las agrupaciones anarquistas femeninas se instalaron por entonces en todos los países donde las grandes industrias incorporaban a la mujer como fuerza de trabajo tan capacitada como la masculina, pero siempre peor pagada. Las anarquistas ganaron notoriedad, pronunciaban conferencias, fundaban sindicatos y periódicos de circulación restringida, mientras eran vilipendiadas por los medios.
Belén de Sárraga
Belén de Sárraga, médica y famosa anarquista española, se radicó en Montevideo y recorrió buena parte de Latinoamérica. Visitó las ciudades del norte de Chile, donde prosperaba la industria del salitre. Allí se fundaron centros femeninos que llevaban su nombre. Años más tarde, se encontraba en México, cuando estalló la revolución en España que condujo al establecimiento de la república. Sárarraga se había definido como una personalidad tan atractiva, que brindaba conferencias en los teatros y convocaba a una audiencia seducida por sus ideas renovadoras, en las que se mezclaban el anticlericalismo, la defensa de los derechos cívicos de la mujer, el reconocimiento de los hijos nacidos fuera del matrimonio y la prédica espiritista.
Era una mujer bella y una oradora tan motivadora, que los concurrentes varones que asistieron a una de sus conferencias en Santiago de Chile, decidieron desuncir los caballos del carruaje que debía conducirla del teatro al hotel donde se alojaba, tal como se había hecho en otras ocasiones, después de una presentación de la actriz Sara Bernhardt.

Vengo yo aquí a predicar la verdad, a emancipar a los que están subyugados. Arranquemos a la mujer, al obrero y al estudiante de esas influencias [las de la Iglesia Católica] y habremos alcanzado el ideal del libre pensamiento. (Belén de Sárraga: entrevistada en El Mercurio)

El entusiasmo de las precursoras anarquistas las llevaba a predecir un cambio radical de la sociedad, que podía darse muy pronto, si las mujeres tomaban conciencia de la situación que sufrían y se sumaban masivamente a su causa. En El Ácrata, un periódico chileno de 1901, una fervorosa poetisa anarquista escribía:
Arenga de Federica Montseny

¡Oh, burguesía! Piensa en el futuro / de la presente sociedad humana, / raciocina con calma y de seguro / verás temblar tu criminal espada! / ¿Existe acaso algún poder oculto / para que siempre esclava la mujer / acepte el sucio y miserable insulto / del potentado o místico burgués?

Las anarquistas no confiaban demasiado en sus congéneres sufragistas, que reclamaban el derecho al voto para la mujer. Esa fue una conquista que al avanzar el siglo XX se fue convirtiendo en realidad en todos los países. Las injusticias de la sociedad no concluían en las urnas, afirmaban  las anarquistas.

Después de cientos de años de profundo sueño, comienzan las mujeres a tornar a la vida que es lucha y movimiento. (Editorial de Verba Roja)

El texto proviene de un periódico feminista chileno publicado en 1922. La imagen de la mujer oprimida en varios niveles, sin derecho a voto, discriminada en el trabajo y el hogar, surge de otra más antigua y optimista, que todas las niñas conocen, la figura de una Bella Durmiente que espera al Príncipe Azul que le permitirá quebrar el hechizo y alcanzar la felicidad.
De acuerdo a Isolina Bohórquez, las madres debían extirpar del cerebro de sus hijos el fanatismo de la patria y la raza que se aprenden en la escuela pública, para dar sitio al amor por los trabajadores y afianzar el odio hacia las clases gobernantes y los explotadores del proletariado.
Aunque en Europa y América rechazaban a las iglesias cristianas, entendiéndolas como instituciones donde se adormecía y finalmente se discriminaba a la mujer, algunas feministas adoptaron el lema cristiano de amarse los unos a los otros. Ellas se consideraban destinadas a establecer la fraternidad entre los pueblos que los hombres habían fracasado repetidamente desde que se tiene memoria. Según las feministas de comienzos del siglo XX, si había tantos hombres destacados en la ciencia, el arte, la política y los negocios, era porque los habían ocupado a expensas de mujeres no menos capacitadas que ellos.
Al comenzar el siglo XX, más del 70% de las mujeres españolas eran analfabetas (mientras que algo más de la mitad de los hombres estaba en la misma situación). La situación fue mejorando en las dos décadas que siguieron, pero las mujeres continuaron en desventaja respecto de la escolaridad de los hombres. La lucha de las anarquistas por la educación recuerdan las palabras de Condorcet:

Cuando se educa a un niño, se prepara a un hombre educado; cuando se educa a una niña, se afianza también la educación de una familia. (Condorcet)

Parte de las demandas de las anarquistas quedaron de algún modo satisfechas durante el siglo XX por la democracia burguesa que ellas pretendían destruir. El trabajo de difusión de las nuevas ideas había sido lento, pero no infructífero. Después de obtener el voto, el siguiente paso para las activistas femeninas fue que las consideraran elegibles para ocupar los cargos públicos.
No tardaron en ingresar a las universidades. Podían titularse, pero no siempre ejercían. Con el tiempo, estuvieron representadas en todas las profesiones imaginables (incluyendo las Fuerzas Armadas, pero de todos modos excluyendo al sacerdocio católico). Lograron que se eliminaran las diferencias entre hijos nacidos dentro del matrimonio o fuera de él, que se les otorgara un fuero maternal, que estén autorizadas a perseguir legalmente a los hombres que no se responsabilicen de la crianza de los hijos que engendraron… aunque se continúe pagándoles a veces la mitad del salario por las mismas tareas que los hombres realizan.
Emma Goldman

Todas aquellas que alcancen la deseada igualdad, generalmente lo hacen a expensas de su bienestar físico y psíquico. Para la gran masa de mujeres trabajadoras, ¿cuánta independencia se gana, si la estrechez y falta de libertad del hogar es reemplazada por la estrechez y falta de libertad de la fábrica, las tiendas o la oficina? Más aún, después de un duro día de trabajo, está la carga de ocuparse de un “hogar, dulce hogar” frío, atemorizador, desordenado, poco acogedor. ¡Gloriosa independencia! No es sorprendente los cientos de jóvenes dispuestas a aceptar la primera oferta de matrimonio, hartas y cansadas de su “independencia” detrás de un mostrador, una máquina de coser o de escribir”. (Emma Goldman)

Durante la Guerra Civil Española, las anarquistas Lucía Sánchez Saomil, Mercedes Comaposada y Amparo Poch y Gascón organizaron en 1936 el movimiento de Mujeres Libres. Planteaban la necesidad de escolarizar a las mujeres y suministrarles información política que les permitiera entender la experiencia de la República. Para las anarquistas, la guerra brindaba la oportunidad de acelerar cambios mentalidad que hubieran sido impensables en épocas menos conflictivas. A pesar de ello, las penurias de la actualidad obligaron a dejar de lado la educación, para dedicarse a suplantar a los hombres en las fábricas y participar en la lucha armada.