domingo, 18 de enero de 2015

MUJERES DEL MEDIOEVO



Pareja del Medioevo
Si la mujer pudo vencer al hombre estando en el Paraíso, no debe causarnos admiración que seduzca a los que no están en el Paraíso. (…) Jamás os detengáis con una mujer sola y sin testigos. (San Jerónimo)
Huir del riesgo de quedar encadenado a una mujer, es la advertencia de un hombre respaldado por la Iglesia (que no está solo en sus convicciones: una multitud de hombres respetados plantea lo mismo sin avergonzarse ni encontrar voces que los contradigan). Lamentablemente, no es posible prescindir de la mujer, cuando se trata de reproducir la especie. Aunque solo sea por eso, ella adquiere cierto valor en la visión medieval del mundo. Al mismo tiempo, esa mujer carece de independencia (no para vivir sola, sino para expresar sus necesidades y establecer sus derechos. Ella existe porque el hombre la necesita. Por lo tanto, depende de él y cifra su mayor logro en la ilusión de fundirse con él.

Son verdaderamente dos en una sola carne y donde la carne es única, único es el espíritu. Juntos rezan, juntos se arrodillan, juntos practican el ayuno. Uno enseña al otro, uno honra al otro, uno sostiene al otro. (Tertuliano)
El hombre es la cabeza de la mujer, del mismo modo que Cristo es la cabeza del hombre. (Tomás de Aquino).

Hay religiones orientales que toleran o promueven el disfrute de la sexualidad humana, pero las monoteístas no se cuentan entre ellas. Para la tradición del cristianismo, resulta legítimo el emparejamiento humano, siempre y cuando se efectúe con fines reproductivos y en el interior de un matrimonio celebrado ante la Iglesia; que garantiza el cumplimiento de un contrato de asistencia y compañía, hasta que la muerte separe a los contrayentes. Gracias a un acuerdo solemne, que pone a Dios como testigo, el hombre se compromete a mantener y guiar a quien acepta como su esposa, mientras la mujer accede a que ese único hombre utilice su cuerpo como instrumento para aplacar la concupiscencia, vale decir, para evitar males mayores, tales como el adulterio efectivo o el abandono a pensamientos aún más pecaminosos.

La delectación de las mujeres dura más tiempo que en los varones, empero no es de tanta vehemencia y encendimiento, al contrario en los varones, pues el apetito se les acaba presto, y dura menos que en las mujeres, empero que en el tiempo que son tentados, tienen mayor furia y encendimiento, pero que sea lo uno, que sea lo otro, no deben los varones porfiar en satisfacer y vencer los apetitos de las tales mujeres, si no quieren incurrir en diversas enfermedades. (Francisco Núñez de Coria: Tratado del uso de las mujeres, 1572)

Pareja del Medioevo
Hay que reconocer en el cristianismo la voluntad de plantear la monogamia como la forma superior de la pareja humana, en oposición a la tradición judía, que abunda en ejemplos de poligamia practicada no por infractores a la ley moral, sino por hombres tan destacados como Moisés, Abraham, David, Salomón y otros. Dentro del cristianismo, sin embargo, no todas las iglesias revelan la misma actitud respecto del divorcio y la anulación matrimonial, que de hecho infringen el predominio la monogamia. Calvino condenaba la poligamia, mientras los anabaptistas la practicaban en el siglo XVI.
Martín Lutero, tan crítico de todo aquello que consideraba las desviaciones doctrinarias del catolicismo, solo aconsejó discreción al landgrave Felipe de Hesse, uno de sus más fervientes partidarios, que tenía dos esposas.

Si la mujer legítima se resiste, venga la criada (…) y si ésta tampoco quiere, procúrate una Ester, y manda a pasea a la Vasti, como hizo el rey Asuero. (Lutero: Vida Conyugal)

De acuerdo al Atlas Etnográfico (1981) del antropólogo George Peter Murdock, que analiza a 1170 sociedades humanas, en el 72% de ellas se practica la poligamia. La idea de que el matrimonio ofrezca el territorio más adecuado para que se manifiesten las pasiones humanas, resultaba ajena al cristianismo. No hay nada parecido al Kama Sutra hindú en el mundo cristiano, pero tampoco lo hay en el judaísmo o el islamismo. Cuando surgieron tendencias que proclamaban lo contrario (fue el caso de los albigenses y cátaros del Medioevo francés), no tardaron en ser perseguidos y reprimidos con la muerte. Para la secta de los bogomilos, refugiada en los Balcanes entre los siglos XI y XV, el celibato era el estado ideal para quienes pretendía ser considerados puros, porque el mundo no pasaba de ser una invención del Demonio. Ellos rechazaban en su dieta cualquier alimento que fuera producto del coito (los huevos y lla carne de los animales).
El matrimonio cristiano debía ser un ámbito que permitiera la contención del deseo sexual de los seres humanos y concentrarse en el diálogo con Dios. La aceptación de la sexualidad en el interior del matrimonio quedaba restringida por fechas llamadas “de guardar”, como la Cuaresma, el Adviento y otras. Al sumar ese calendario a las prohibiciones de los días en que la mujer menstrua y no se considera disponible para el coito (una norma sanitaria que se remonta a las leyes de Moisés y son acatadas también por judíos y musulmanes), las posibilidades de que una pareja cristiana disfrutara su sexualidad en el siglo VIII de nuestra era, no llegaban a las 100 jornadas por año, cifra que luego se aumentó a 125, en el curso del siglo XVII.
Mujeres músicas

El amor carnal, alimentado por la lujuria y caracterizado por el exceso, es asimilable al adulterio y produce los mismos efectos que éste: lascivia, celos, locura. (Gilbert de Tournai)

En comunidades campesinas del Caribe se cuenta la historia ejemplarizante de una pareja que se atrevió a mantener relaciones sexuales nada menos que durante un Viernes Santo, fecha en que el calendario cristiano prescribe la abstinencia, con la terrible consecuencia de no poder despegar sus cuerpos a continuación. La imagen puede resultar grotesca, incluso cómica, pero no se aparta mucho de la descripta por los santos Pablo y Pedro al describir el Juicio Final, cuando los muertos se levantarán de sus tumbas, unidos a todos aquellos con quienes se relacionaron sexualmente.
¿Cómo podría autorizarse que las parejas gozaran en la cama, si tampoco les estaba permitido hacerlo en la mesa o el baño? La mortificación sistemática de los apetitos del cuerpo se encontraba prescripta por un calendario que tal vez no mencionara específicamente asuntos tan difíciles de encarar como la higiene o la conducta sexual, pero planteaba un sistema notoriamente preocupado por la salvación del alma.
Para san Pablo (Corintios 1, VII, 2-4), al casarse una mujer, dejaba de ser la dueña de su cuerpo, porque se lo había entregado a su marido, y viceversa (aunque cuesta imaginar que la simetría fuera tan exacta, porque la sociedad medieval no le otorgaba a las mujeres las mismas oportunidades que a los hombres). La doble renuncia al cuerpo que propone san Pablo, indicaría menos el sometimiento de por lo menos uno de los miembros de la pareja al otro (como se da en las prácticas sadomasoquistas), que en la entrega de ambos a la voluntad de Dios, manifestada por la palabra de la Iglesia.
Nuestras Sagradas Escrituras no nos dicen que hay necesidad alguna de que marido y mujer se atraigan tan fuertemente. Esa es muestra, más bien, de amores lascivos y desvergonzados; dado que al inundar sus corazones con deseos lúbricos, continuamente los desean y ellos se abandonan y no profesan a Dios el amor que le deben. He visto a mujeres que amaban de tal modo a sus maridos, y sus maridos a ellas, con un amor tan ardiente, que unas y otros olvidaban de servir a Dios, pues del tiempo que se le debe a Dios, solo le dedicaban aquel que les dejaba libre sus lascivos arrumacos. (Pierre de Bourdeilles: Las Damas Galantes)
Donal Crumb; Ilustraciones de La Biblia

No conviene imaginar al Medioevo como una época de fanáticos religiosos que hubieran preferido la muerte, antes que incurrir en el pecado. Durante el siglo XIV, Pierre de La Palu menciona el procedimiento del coitus interruptus (penetración vaginal de la mujer por el hombre, que se retira antes de la eyaculación). Se trata de una práctica anticonceptiva que aparece estigmatizada en la Biblia, no por ineficaz, como se juzga hoy, sino por transgredir la Ley. Obligado a casarse con la viuda de su hermano mayor, Onán recurría a ese procedimiento para evitar una descendencia que no tendría derecho a heredar nada de su patrimonio. Mediante la estratagema lograba sus fines, pero también desafiaba la voluntad de Dios, expresada en reglamentos milenarios, y por eso se volvía merecedor de un castigo ejemplar.  El procedimiento que hoy se considera ineficaz (¿cuántos son los hombres que atinan  a controlarse, precisamente en momentos de descontrol?) debió haberse difundido bastante hacia el final del Medioevo, porque las tasas de natalidad descendieron en forma evidente. La otra opción era el aborto, un tema del que rara vez se habla, y casi siempre para denostar a las mujeres que lo ejecutaban, no para preocuparse de las motivaciones o las consecuencias en aquellas que lo experimentaban.
Mujer del Medioevo

Tomás Sánchez en el siglo XVI, alentó a las mujeres a tener tantos hijos como resultaran de su convivencia con el marido y se aceptó que la sexualidad en el matrimonio pudiera incluir al placer como uno de sus principales estímulos. En el caso de la mujer, se suponía que algo tan ajeno a las preocupaciones masculinas como el haber disfrutado durante el coito, podía tener ventajas adicionales para los hijos que se concibieran, tal como la belleza e inteligencia, pero en ningún caso era una obligación del marido preocuparse de que ella conociera tales sensaciones. ¡Todo lo contrario! Una mujer conocedora de las posibilidades más agradables de su cuerpo, en lugar de resignarse al (mal)trato que le tocara en suerte, se convertía en una demandante incómoda y un peligro constante para quien la sociedad le había atribuido el derecho y la obligación de controlarla.

Si Dios, quando formó el ome entendiera / que era mala cosa la mujer, non la diera / al ome por compañera, nin d’él non la fesiera / si para bien non fuera, tan noble non saliera. (Arcipreste de Hita: Libro del Buen Amor)

POLIANDRIA


Poliandria en Tibet
Los romanos tenían más de una evidencia para sentirse el centro del mundo conocido. Habían construido un Imperio dilatado que funcionaba razonablemente bien, aunque costaba comunicarlo y se desajustaba con frecuencia. Para mantenerlo, negociaban con pueblos muy diferentes, como los celtas y se enteraban de situaciones que ellos, a pesar de su fama de corruptos, nunca hubieran adoptado (entre otros motivos, porque desafiaban sus nociones de la propiedad y la filiación).

Diez y a veces doce [celtas] tienen esposas comunes a todos ellos; sobre todo, los hermanos. Si hubiera descendencia de esas esposas, se los considera hijos de aquel con quien ella se casó siendo virgen. (Julio César: Guerra de las Galias)

Entre los romanos existían alternativas legales como el repudio y el divorcio de mutuo acuerdo, para las parejas que no disfrutaban la vida en común. Los cristianos que los sucedieron, eran todavía más estrictos. Para ellos, el matrimonio había sido instituido por Dios y no podía ser disuelto. Hay visiones atroces de las consecuencias del adulterio y la promiscuidad, como describen las cartas de san Pablo, cuando anuncia el inminente fin del mundo que sobrevendría tras el regreso del Hijo de Dios (promesa que se posterga desde hace ya veinte siglos).
En ese momento los muertos saldrán de sus tumbas, como en la escena de espeluznante de un filme gore, para ser juzgados por los actos de su vida. Los adúlteros se descubrirán ligados corporalmente a sus parejas, y las prostitutas a la multitud de clientes a quienes vendieron su cuerpo. Esa imposibilidad de separarse más allá de la muerte, cuando todo lo que se pretendió fue pasar un buen rato que mejor se olvidara, debía causar espanto a los pecadores.

Cada oveja con su pareja (antiguo refrán español)

La posibilidad de que las mujeres, habitualmente sometidas a las decisiones de sus maridos, que a pesar de los juramentos no les deben fidelidad, puedan aprovechar los mismos privilegios de sus parejas, y convivir con tantos hombres como les plazca, suele ser evaluada por la opinión dominante como una prueba de que el mundo se ha trastornado y se dirige hacia la ruina, como la demostración de una falta de principios inaceptable.
Barbara Hutton y primer esposo
Durante el siglo XX, Barbara Hutton, heredera de una familia norteamericana enriquecida por el comercio, durante la adolescencia fue considerada la mujer más rica del planeta. Eso le abría las posibilidades de casarse con quien quisiera; a pesar de lo cual no pudo evitar que sus parejas la defraudaran, en ocasiones robándola, otras golpeándola. Ocho veces se casó y mantuvo relaciones con muchos hombres que solo llegaban a distraerla por un rato, antes de que el aburrimiento volviera a imponerse.

Solo me he acostado hombres con los que me he casado. ¿Cuántas mujeres pueden decir eso? (Elizabeth Taylor)

La actriz Elizabeth Taylor, que alcanzó la fama cuando era una niña, también se casó (y divorció) en más de una oportunidad. Dos veces lo hizo en la madurez con el mismo hombre (el actor Richard Burton). Una vez enviudó (de Michael Todd, por quien se convirtió del cristianismo al judaísmo). Lo hizo con hombres de su edad y ambiente, con otros mayores o bastante menores, que nada tenían que ver con el mundo del espectáculo. Si algo la exime de ser condenada por la moral dominante en su época, es que nunca tuvo más de un marido al mismo tiempo. Fue monógama, solo que nunca por mucho tiempo con el mismo hombre.
Elizabeth Taylor y sucesivos esposos
En el pasado, lo más probable era que hubiera un hombre para cada mujer. No se trataba de una garantía constitucional o un mandato religioso. La naturaleza misma se encarga de aproximar el número de nacimientos de un género y otro. A pesar de lo anterior, en las guerras muchos hombres mueren demasiado jóvenes, por lo que muchas mujeres se quedarían sin la pareja que necesitan, mientras que paralelamente, en lugares poco habitados, como el continente americano después de la llegada de los conquistadores europeos, sucedía lo contrario: en ciertas regiones faltaban mujeres. Cada una de las residentes disponía de demasiados hombres, para que pudiera formar pareja con un solo.
Supongamos mujeres que disfrutan la inesperada posibilidad de elegir pareja, mujeres que a veces no dependen de ningún hombre para subsistir, porque disponen de propiedades e industrias que han heredado o adquirido con sus propios recursos.
Ellas podrán cambiar de pareja si lo desean, que llegado cierto punto de desgaste de una relación, por lo tanto deciden si vale la pena (o no) realizar algún esfuerzo para salvarla. ¿Qué opciones se les presentan en la actualidad?
Primera opción: resignarse a la mala decisión en la que incurrieron al escoger pareja. El matrimonio es una institución, para muchos creyentes se trata inclusive de un sacramento, y una vez dado el paso, no hay retroceso (de acuerdo a la óptica del catolicismo, al menos).
Otra opción: incorporar un nuevo miembro a la pareja, alguien que supla las deficiencias detectadas en la pareja (es la opción poliándrica, no tolerada habitualmente por las instituciones civiles o religiosas).
Una tercera opción: divorciarse de una pareja legal, aunque hubiera que pagar cara la libertad, para entablar de inmediato una nueva relación monogámica, en la confianza de que la próxima resulte más satisfactoria que la anterior (esta es una opción desaconsejada por algunos cultos religiosos, pero aceptada por las leyes de casi todos los Estados y la opinión pública).
Barbara Hutton y Cary Grant
Cuando Barbara Hutton o Elizabeth Taylor acumulaban sucesivos matrimonios por amor, seguidos por rápidos divorcios atribuibles al desvanecimiento de la pasión, lo hacían exponiéndose a ser evaluadas moralmente por millones de lectores de la prensa y espectadores de cine que no las conocían personalmente, que por lo tanto ignoraban la mayor parte de sus circunstancias, pero de todos modos tenían acceso privilegiado a detalles de sus vidas que en otra época hubieran permanecido ignorados. Ellas no eran mujeres de un solo hombre, pero tampoco se trataba de poliandras declaradas. Técnicamente, continuaban siendo monógamas. Sus detractores y admiradores no les perdonarían la promiscuidad evidente.
La poliandria o convivencia legal de una mujer con varios hombres, es una situación bastante rara, a diferencia de lo que pasa con la poligamia o convivencia legal de un hombre con varias mujeres. Se da en ciertas comunidades aisladas, como los mosso del este de Tibet, los inuits o esquimales de Canadá o las tribus hunza del norte de Pakistán, en las que existe desde hace generaciones un pronunciado desequilibro entre muchos hombres y pocas mujeres. No es una crisis atribuible a la Naturaleza, que estadísticamente se encarga de emparejar a los géneros, sino la evidencia de una práctica humana reveladora del distinto valor que se atribuye a los hombres y las mujeres.
En China se consideraba que los hombres resultaban de mayor utilidad económica para la familia, mientras que las mujeres representarían una carga, puesto que al casarse quedaban fuera del grupo que tanto había invertido en ellas. Por eso, no dudaban en matar a las niñas al nacer, o antes de nacer, como se ha denunciado que ocurre hoy gracias al empleo de las ecografías que permiten averiguar el sexo del feto durante el embarazo.
Draupadi y hermanos Pandavas
El desequilibrio entre hombres y mujeres se ha resuelto en la India, permitiendo que los cinco hermanos Pandavas, dando cumplimiento al consejo de Kunti, su madre, que les ha pedido no separarse bajo ninguna circunstancia, compartan una única esposa, unos cinco siglos antes de nuestra era. Si bien es Arjuna, el arquero, quien la introduce en la casa del grupo, tras haberla ganado en un concurso organizado por el padre de la joven, es Yudhishtira, el mayor de los hermanos, quien ejerce primero sus derechos de esposo.
Como consecuencia de esta relación múltiple, la mujer pare cinco hijos en años sucesivos, uno por cada padre. Posteriormente, los Pandavas toman otras esposas, pero Draupadi continúa siendo la favorita de todos. En cierta ocasión Arjuna regresa inesperadamente al hogar, en busca de una lanza que olvidó, y sorprende la intimidad de uno de sus hermanos con Draupadi, situación por la que se lo castiga.
Draupadi no es bien considerada por sus contemporáneos, al punto que Dushasana se atreve a despojarla de sus ropas en público. No obstante, el dios Krishna intervienes para protegerla, suministrándole un sari interminable. En el libro sagrado del Mahabharata, se la presenta como el modelo de las esposas, totalmente consagrada al servicio de sus cinco esposos y ejemplo insuperable de castidad 
Entre los esquimales, cuando una esposa se quedaba esperando el regreso del marido, que había salido de caza, los hermanos menos del hombre podían acostarse con ella. La poliandria no se da nunca en sociedades matrilineales, donde la descendencia se define por el lado de la madre, no por el lado del padre.
El objetivo de la poliandria no es otorgar a las mujeres mayores libertades que las concedidas tradicionalmente a los hombres, sino evitar que las tierras de una familia se subdividan con cada nueva generación, hasta que resulten insuficientes para alimentar a sus propietarios. Gracias a la poliandria, todos los hijos que tiene una mujer con varios esposos, son considerados hermanos entre ellos y continúan explotando la misma propiedad.

CAZADORAS (NO SOLO DE HOMBRES): MUJERES QUE TOMAN LA INICIATIVA


Miss Cougar y amigo
Estoy orgullosa de representar a una nueva raza de mujeres fuertes, independientes, exitosas, que andan en busca de alguien que sea más atractivo que el común de los hombres de cuarenta años. (Gloria Navarro, Miss Cougar America)

El tema de las cazadoras de hombres puede haber adquirido cierta actualidad, pero no da para reírse de él. Las mujeres independientes que toman la iniciativa en asuntos de toda índole (política, negocios, profesiones liberales, incluso relaciones de pareja) probablemente resultan más amenazantes para los hombres, que dignas de burla. Están demasiado cerca y han proliferado, porque constituyen un ejemplo demasiado tentador para las nuevas generaciones. En inglés se las denomina cougar women (pumas) y sus eventuales parejas son los cubs (cachorros) que ellas crían.
Pueden ser protectoras y a la vez dominantes. Resultan muy atractivas y difíciles de detener. No dudan en asumir iniciativas que hasta no hace mucho parecían aterrorizarlas o al menos no sospechaban que estuvieran en condiciones de competir con sus similares masculinos. No se resignan a la mítica soledad del Poder. Dedican mucho dinero y energías para mantenerse vigentes como objetos deseables para los hombres.
Cuando eran más jóvenes, podían limitarse a esperar que las eligieran como pareja. En su madurez, suelen ser profesionales que disponen de abundantes medios económicos que las han vuelto independientes de los hombres y saben lo que les atrae de la relación con ellos. En los EEUU, ellas organizan Convenciones en ciudades turísticas, que sirven para conocer parejas. Eligen a reinas de belleza. Participan en cruceros temáticos por el Caribe, donde uno de los atractivos es la presencia de hombres dispuestos a ser cazados. Se multiplican los locales donde se ofrecen espectáculos strip tease masculino para una clientela femenina. El stripper se ha convertido en una rutina de las despedidas de soltera.
Cuando se difunde la noticia de una joven esposa que da a luz un hijo con enanismo, tras haber pasado por una despedida de soltera donde la figura protagónica había sido un stripper de esa condición, lo que sucede en esas celebraciones queda expuesto bajo una luz perturbadora.
Probablemente siempre hubo mujeres que deseaban tomar la iniciativa en todas las esferas de la actividad humana; la mayor novedad es que en la actualidad no llegan a  censurarse tanto como sucedía. La cougar woman suele ser la concreción del mito de la diosa Diana de la Antigüedad, una mujer que gracias al poder que probablemente alcanzó mediante su esfuerzo, se considera por encima de las limitaciones habituales de aquellas que la precedieron.
No depende económicamente de un hombre, aunque puede haber sufrido esa limitación en el pasado y no está dispuesta a sufrirlo de nuevo. Tiene edad suficiente para haber establecido una familia, que no necesita ampliar. Exhibe una trayectoria profesional que no puede ser cuestionada. Ha sabido invertir el capital que reunió y le asegura el futuro. Dedica buena parte de su dinero al cuidado de su imagen personal. Goza de una libertad impensable para la mayoría de sus congéneres, que deben consultar a sus maridos, parientes y conocidos para tomar las decisiones más triviales.
Cuando han alcanzado tal grado de independencia, ¿qué considera ella que puede faltarle?  Nada, porque si advierte que algo necesita, controlan su propio dinero, y por lo tanto lo compran. Cuando se proponen obtener la compañía de un hombre, lo capturan, no se sientan a esperar que él pase y decida seducirlas.
Mae West en espectáculo
A mediados del siglo XX, la actriz y escritora Mae West elaboró primero en el teatro, luego en el cine, la caricatura de una mujer devoradora, imposible de detener, a la vez independiente y urgida de parejas masculinas.

¿Para qué hacer sufrir a un hombre casándote con él, cuando se puede hacer felices a muchos? (Mae West)  

El desparpajo femenino puede no ser bien apreciado por la sociedad, que durante siglos ha intentado reducir a las mujeres a un rol sumiso que termina por convertirse en segunda naturaleza para muchas. En contraste con ellas, las rebeldes corren el riesgo de que las señalen con el dedo o las lapiden, pero no el de ser ignoradas.
Si conquistan a los hombres que le interesan, mientras su atractivo sexual se encuentra vigente, luego, cuando advierten que el encanto se ha debilitado o extinguido, no tienen demasiados problemas en pagarles por su compañía (tal como los hombres vienen haciendo desde siempre con las mujeres).
Sex and the Cuty
Una mujer envejecida, pero con recursos económicos, que paga con dinero, regalos o contactos los favores de un gigoló, no es una imagen demasiado amable para una cougar woman, como tampoco puede serlo aquella de un hombre envejecido, que paga los servicios de una prostituta. La idea sea ha vuelto menos extraña, gracias a personajes de la serie de televisión Sex and the City, donde el personaje de Samantha Jones continúa siendo atractiva, de ningún modo ridícula, cuando se exhibe con parejas esporádicas pero sin duda más jóvenes. Ella dice a uno de esos hombres:

Te quiero, pero más me quiero a mí misma. (Samantha Jones: Sex and the City)

Los hombres pasan por la vida de una mujer poderosa y quedan marcados por la experiencia, no a la inversa, como suponía la tradición machista. Una canción de 1929 resume la visión despectiva del gigoló que se deja seducir (o más bien, financiar) por mujeres mayores. En ese momento, él podía ser un bailarín al que una mujer pagaba para que la acompañara durante un baile de salón, circunstancia que ofrecía la oportunidad de entablar un diálogo discreto, durante el cual se negociaban transacciones posteriores de índole más íntima.

Just a gigoló / everywhere I go / people know the part / I´m playing. / Paid for every dance / selling each romance / every night some heart / betraying. (Leonello Casucci y Julius Brammer: Just a Gigolo)

Joan Collins y actual esposo
Actrices maduras de Hollywood como Joan Collins, Cher, Barbara Hershey, Demi Moore, Madonna, Susan Sarandon, Cameron Diaz, Katie Couric, Halle Berry, se han exhibido ante la prensa con sus parejas bastante más jóvenes que ellas, a quienes parecen elegir o desechar de acuerdo a su capricho (pero que tarde o temprano las abandonan, porque se sienten atraídos por mujeres de su edad). Si la historia se cuenta de ese modo, sugiere una moraleja desalentadora: aquellas que salen de caza, terminan defraudadas.
Vista desde otra perspectiva, las pocas cazadoras que se encuentran en condiciones de practicar ese deporte, no deben compartir las ilusiones de establecer una pareja que subsista hasta el final de sus días. La estabilidad no puede ser su objetivo, cuando se encuentran en condiciones de evaluar aquello que les satisface y aquello que no.
Fran Drescher y actual esposo
Fran Drescher, comediante que alcanzó notoriedad en la sitcom The Nanny, utilizó su experiencia matrimonial con un hombre 16 años más joven, como núcleo temático de otra sitcom, Living with Fran, que no tuvo la misma recepción que la anterior, y fue cancelada al terminar la segunda temporada de exhibición. En el mundo contemporáneo no debiera haber ningún obstáculo para aceptar la imagen de una mujer tonta, que fracasa repetidamente cuando trata de conquistar a un hombre de más edad, educación y riqueza. No obstante, la idea de poner el poder en manos de la mujer, incluyendo la elección de parejas, se opone a las expectativas de la audiencia masiva.

Demasiadas mujeres esperan que los hombres les brinden la felicidad. Yo no dependo de los hombres para conseguir la mía. Sé cómo manejar a los hombres. Tengo un código, sin embargo: nada de alcohol, nada de tabaco y tampoco hombres casados. Hay demasiados hombres alrededor. (Mae West)

Suele haber algo intimidante en la imagen de una mujer madura y segura de sí misma, que sale en busca de una pareja más joven, alguien que de acuerdo a sus adversarios, podría ser su hijo pero no lo es, aunque sí alguien que se encuentra subordinado a ella. El fantasma del incesto queda flotando en la condena social de estas uniones dispares, que pueden resultar satisfactorias inicialmente para quienes las viven.
¿Qué sale ganando la mujer madura de la relación con un hombre más joven? Puede suponer que el vigor de un amante en la plenitud de su sexualidad. También la posibilidad de modelar a ese hombre de acuerdo a las demandas de la mujer.
¿Qué gana él? Probablemente la experiencia de acceder a una mujer que ha pasado por otros hombres y en lugar de ser devaluada por esa circunstancia, aprendió de ellos (o lo más probable, por causa de ellos) a tomar la iniciativa incluso en asuntos como la seducción.
Las dos iniciativas resultan sospechosas. ¿Desde cuándo las mujeres que han sufrido decepciones en el curso de sus anteriores relaciones de pareja, buscan la repetición de lo sucedido en encuentros con sujetos que pueden ser tan inseguros como los hombres jóvenes? ¿Qué placer obtienen ellas de la oportunidad de educarlos y hacerlos madurar, cuando al hacerlo se arriesgan a perderlos?
El tiempo es uno de los principales adversarios de estas mujeres que derriban tantas barreras. Aunque las cazadoras demoren con sabiduría la aparición de los inevitables signos de la edad y los hombres que atraparon disfruten esa oportunidad que les fue concedida, la relación de estas parejas tiene los días contados. Pueden ser días felices, pero el tiempo juega en contra. Los testigos no los envidian ni acompañan en su felicidad. Sólo apuestan cuánto durará la conquista.
Pentesilea derrotada por Aquiles
Para la mentalidad masculina, que no suele resignarse a perder sus privilegios milenarios, las mujeres que toman la iniciativa en lo sexual como en cualquier otro ámbito, tarde o temprano deben ser derrotadas por un hombre. Más aún, a pesar de las muchas victorias que pueden exhibir en todos los campos de la actividad humana, ellas suelen dar la impresión de estar buscando siempre al hombre las someta, como confiesa Pentesilea, reina de las amazonas.

PENTESILEA: Dejad que venga [se refiere a Aquiles, el enemigo del que se ha enamorado]. Dejad que ponga su pie acerado en mi nuca. Así lo quiero. (…) Dejad que me arrastre por los pelos atada a sus caballos, y que este cuerpo, lleno de vida floreciente, sea arrojado con ignominia al campo abierto, como pasto matinal de los perros, de la horrenda familia de las aves rapaces. ¡Prefiero ser polvo, a ser una hembra que carece del poder de seducción! (Heinrich von Kleist: Pentesilea)