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domingo, 18 de enero de 2015

CAZADORAS (NO SOLO DE HOMBRES): MUJERES QUE TOMAN LA INICIATIVA


Miss Cougar y amigo
Estoy orgullosa de representar a una nueva raza de mujeres fuertes, independientes, exitosas, que andan en busca de alguien que sea más atractivo que el común de los hombres de cuarenta años. (Gloria Navarro, Miss Cougar America)

El tema de las cazadoras de hombres puede haber adquirido cierta actualidad, pero no da para reírse de él. Las mujeres independientes que toman la iniciativa en asuntos de toda índole (política, negocios, profesiones liberales, incluso relaciones de pareja) probablemente resultan más amenazantes para los hombres, que dignas de burla. Están demasiado cerca y han proliferado, porque constituyen un ejemplo demasiado tentador para las nuevas generaciones. En inglés se las denomina cougar women (pumas) y sus eventuales parejas son los cubs (cachorros) que ellas crían.
Pueden ser protectoras y a la vez dominantes. Resultan muy atractivas y difíciles de detener. No dudan en asumir iniciativas que hasta no hace mucho parecían aterrorizarlas o al menos no sospechaban que estuvieran en condiciones de competir con sus similares masculinos. No se resignan a la mítica soledad del Poder. Dedican mucho dinero y energías para mantenerse vigentes como objetos deseables para los hombres.
Cuando eran más jóvenes, podían limitarse a esperar que las eligieran como pareja. En su madurez, suelen ser profesionales que disponen de abundantes medios económicos que las han vuelto independientes de los hombres y saben lo que les atrae de la relación con ellos. En los EEUU, ellas organizan Convenciones en ciudades turísticas, que sirven para conocer parejas. Eligen a reinas de belleza. Participan en cruceros temáticos por el Caribe, donde uno de los atractivos es la presencia de hombres dispuestos a ser cazados. Se multiplican los locales donde se ofrecen espectáculos strip tease masculino para una clientela femenina. El stripper se ha convertido en una rutina de las despedidas de soltera.
Cuando se difunde la noticia de una joven esposa que da a luz un hijo con enanismo, tras haber pasado por una despedida de soltera donde la figura protagónica había sido un stripper de esa condición, lo que sucede en esas celebraciones queda expuesto bajo una luz perturbadora.
Probablemente siempre hubo mujeres que deseaban tomar la iniciativa en todas las esferas de la actividad humana; la mayor novedad es que en la actualidad no llegan a  censurarse tanto como sucedía. La cougar woman suele ser la concreción del mito de la diosa Diana de la Antigüedad, una mujer que gracias al poder que probablemente alcanzó mediante su esfuerzo, se considera por encima de las limitaciones habituales de aquellas que la precedieron.
No depende económicamente de un hombre, aunque puede haber sufrido esa limitación en el pasado y no está dispuesta a sufrirlo de nuevo. Tiene edad suficiente para haber establecido una familia, que no necesita ampliar. Exhibe una trayectoria profesional que no puede ser cuestionada. Ha sabido invertir el capital que reunió y le asegura el futuro. Dedica buena parte de su dinero al cuidado de su imagen personal. Goza de una libertad impensable para la mayoría de sus congéneres, que deben consultar a sus maridos, parientes y conocidos para tomar las decisiones más triviales.
Cuando han alcanzado tal grado de independencia, ¿qué considera ella que puede faltarle?  Nada, porque si advierte que algo necesita, controlan su propio dinero, y por lo tanto lo compran. Cuando se proponen obtener la compañía de un hombre, lo capturan, no se sientan a esperar que él pase y decida seducirlas.
Mae West en espectáculo
A mediados del siglo XX, la actriz y escritora Mae West elaboró primero en el teatro, luego en el cine, la caricatura de una mujer devoradora, imposible de detener, a la vez independiente y urgida de parejas masculinas.

¿Para qué hacer sufrir a un hombre casándote con él, cuando se puede hacer felices a muchos? (Mae West)  

El desparpajo femenino puede no ser bien apreciado por la sociedad, que durante siglos ha intentado reducir a las mujeres a un rol sumiso que termina por convertirse en segunda naturaleza para muchas. En contraste con ellas, las rebeldes corren el riesgo de que las señalen con el dedo o las lapiden, pero no el de ser ignoradas.
Si conquistan a los hombres que le interesan, mientras su atractivo sexual se encuentra vigente, luego, cuando advierten que el encanto se ha debilitado o extinguido, no tienen demasiados problemas en pagarles por su compañía (tal como los hombres vienen haciendo desde siempre con las mujeres).
Sex and the Cuty
Una mujer envejecida, pero con recursos económicos, que paga con dinero, regalos o contactos los favores de un gigoló, no es una imagen demasiado amable para una cougar woman, como tampoco puede serlo aquella de un hombre envejecido, que paga los servicios de una prostituta. La idea sea ha vuelto menos extraña, gracias a personajes de la serie de televisión Sex and the City, donde el personaje de Samantha Jones continúa siendo atractiva, de ningún modo ridícula, cuando se exhibe con parejas esporádicas pero sin duda más jóvenes. Ella dice a uno de esos hombres:

Te quiero, pero más me quiero a mí misma. (Samantha Jones: Sex and the City)

Los hombres pasan por la vida de una mujer poderosa y quedan marcados por la experiencia, no a la inversa, como suponía la tradición machista. Una canción de 1929 resume la visión despectiva del gigoló que se deja seducir (o más bien, financiar) por mujeres mayores. En ese momento, él podía ser un bailarín al que una mujer pagaba para que la acompañara durante un baile de salón, circunstancia que ofrecía la oportunidad de entablar un diálogo discreto, durante el cual se negociaban transacciones posteriores de índole más íntima.

Just a gigoló / everywhere I go / people know the part / I´m playing. / Paid for every dance / selling each romance / every night some heart / betraying. (Leonello Casucci y Julius Brammer: Just a Gigolo)

Joan Collins y actual esposo
Actrices maduras de Hollywood como Joan Collins, Cher, Barbara Hershey, Demi Moore, Madonna, Susan Sarandon, Cameron Diaz, Katie Couric, Halle Berry, se han exhibido ante la prensa con sus parejas bastante más jóvenes que ellas, a quienes parecen elegir o desechar de acuerdo a su capricho (pero que tarde o temprano las abandonan, porque se sienten atraídos por mujeres de su edad). Si la historia se cuenta de ese modo, sugiere una moraleja desalentadora: aquellas que salen de caza, terminan defraudadas.
Vista desde otra perspectiva, las pocas cazadoras que se encuentran en condiciones de practicar ese deporte, no deben compartir las ilusiones de establecer una pareja que subsista hasta el final de sus días. La estabilidad no puede ser su objetivo, cuando se encuentran en condiciones de evaluar aquello que les satisface y aquello que no.
Fran Drescher y actual esposo
Fran Drescher, comediante que alcanzó notoriedad en la sitcom The Nanny, utilizó su experiencia matrimonial con un hombre 16 años más joven, como núcleo temático de otra sitcom, Living with Fran, que no tuvo la misma recepción que la anterior, y fue cancelada al terminar la segunda temporada de exhibición. En el mundo contemporáneo no debiera haber ningún obstáculo para aceptar la imagen de una mujer tonta, que fracasa repetidamente cuando trata de conquistar a un hombre de más edad, educación y riqueza. No obstante, la idea de poner el poder en manos de la mujer, incluyendo la elección de parejas, se opone a las expectativas de la audiencia masiva.

Demasiadas mujeres esperan que los hombres les brinden la felicidad. Yo no dependo de los hombres para conseguir la mía. Sé cómo manejar a los hombres. Tengo un código, sin embargo: nada de alcohol, nada de tabaco y tampoco hombres casados. Hay demasiados hombres alrededor. (Mae West)

Suele haber algo intimidante en la imagen de una mujer madura y segura de sí misma, que sale en busca de una pareja más joven, alguien que de acuerdo a sus adversarios, podría ser su hijo pero no lo es, aunque sí alguien que se encuentra subordinado a ella. El fantasma del incesto queda flotando en la condena social de estas uniones dispares, que pueden resultar satisfactorias inicialmente para quienes las viven.
¿Qué sale ganando la mujer madura de la relación con un hombre más joven? Puede suponer que el vigor de un amante en la plenitud de su sexualidad. También la posibilidad de modelar a ese hombre de acuerdo a las demandas de la mujer.
¿Qué gana él? Probablemente la experiencia de acceder a una mujer que ha pasado por otros hombres y en lugar de ser devaluada por esa circunstancia, aprendió de ellos (o lo más probable, por causa de ellos) a tomar la iniciativa incluso en asuntos como la seducción.
Las dos iniciativas resultan sospechosas. ¿Desde cuándo las mujeres que han sufrido decepciones en el curso de sus anteriores relaciones de pareja, buscan la repetición de lo sucedido en encuentros con sujetos que pueden ser tan inseguros como los hombres jóvenes? ¿Qué placer obtienen ellas de la oportunidad de educarlos y hacerlos madurar, cuando al hacerlo se arriesgan a perderlos?
El tiempo es uno de los principales adversarios de estas mujeres que derriban tantas barreras. Aunque las cazadoras demoren con sabiduría la aparición de los inevitables signos de la edad y los hombres que atraparon disfruten esa oportunidad que les fue concedida, la relación de estas parejas tiene los días contados. Pueden ser días felices, pero el tiempo juega en contra. Los testigos no los envidian ni acompañan en su felicidad. Sólo apuestan cuánto durará la conquista.
Pentesilea derrotada por Aquiles
Para la mentalidad masculina, que no suele resignarse a perder sus privilegios milenarios, las mujeres que toman la iniciativa en lo sexual como en cualquier otro ámbito, tarde o temprano deben ser derrotadas por un hombre. Más aún, a pesar de las muchas victorias que pueden exhibir en todos los campos de la actividad humana, ellas suelen dar la impresión de estar buscando siempre al hombre las someta, como confiesa Pentesilea, reina de las amazonas.

PENTESILEA: Dejad que venga [se refiere a Aquiles, el enemigo del que se ha enamorado]. Dejad que ponga su pie acerado en mi nuca. Así lo quiero. (…) Dejad que me arrastre por los pelos atada a sus caballos, y que este cuerpo, lleno de vida floreciente, sea arrojado con ignominia al campo abierto, como pasto matinal de los perros, de la horrenda familia de las aves rapaces. ¡Prefiero ser polvo, a ser una hembra que carece del poder de seducción! (Heinrich von Kleist: Pentesilea)

viernes, 12 de septiembre de 2014

MUJERES TAIMADAS Y BRAVÍAS


Norman Rockwell: Rosie la perforadora (1943)
A pesar de que las mujeres como género, han sido marginadas y explotadas desde tiempos inmemoriales, hay aquellas que disfrutan el dudoso privilegio de imponer su voluntad a los hombres con quienes se relacionan. Ellas pueden ser consideradas la excepción a la regla y por eso no pasan desapercibidas.

Un pariente mío me ha contado que lo quieren casar con una mujer muy rica y más ilustre que él, por lo que esta boda le sería muy provechosa, si no fuera porque, según le han dicho algunos amigos, se trata de una doncella muy violenta y colérica. (Don Juan Manuel: El conde Lucanor)

¿Qué futuro esperaba en el Medioevo a una hembra como tales características? Don Juan Manuel contó a comienzos del siglo XIV la historia del hombre desprovisto de dinero, que ve la oportunidad de resolver su situación económica, mediante un matrimonio con una mujer a la que nadie quiere, comenzando por el padre que la crió y deberá dotarla de un patrimonio. Durante la noche de bodas, el joven marido, que es presentado como el héroe de la historia, ordena a su perro que le traiga agua para lavarse las manos. Como el animal no le obedece, lo ataca con la espada desenvainada y lo decapita, ensangrentando la casa entera. A continuación vuelve a sentarse y hace algo no menos cruel con un gato y el único caballo que posee.
Aterrorizada, antes de que le digan nada, la mujer va en busca de agua, luego sirve la comida y se mete sin chistar en su cama. Gracias al sacrificio de tres animales domésticos, la joven esposa aprende la respuesta que el marido espera de ella: oír y obedecer.
Esa historia, con su mezcla de horror y humor, gozó de enorme popularidad durante el Medioevo. Muchos autores la retomaron, como si fuerza necesario instruir a las mujeres, mediante una ficción ejemplar, sobre la conveniencia de someterse a los hombres. Nadie las matará, prometen, porque la vida sin ellas perdería gran parte de su encanto para los machos, pero si se les concede la vida, será bajo las condiciones que ellos impongan.
Richard Burton y Elizabeth Taylor: La Fierecilla Domada
Catalina, protagonista de The Taming of the Shrew, es una mujer bella e insoportable. Se rebela contra la autoridad del padre, nada le importa la felicidad de su hermana menor, que depende de que la mayor se case para hacer lo mismo, contra la sagrada institución del matrimonio, contra Petruccio, el hombre que termina casándose con ella, sin preocuparse de obtener su consentimiento. William Shakespeare construye a comienzos del siglo XVI una de sus comedias más conocidas, en torno a esa dama que debe ser domada, subordinada, por el bienestar de todos aquellos a quienes su afán de independencia perturba.

CATALINA: Una mujer colérica es como un manantial removido, cenagoso, feo, turbio, desprovisto de toda la belleza. Y mientras está de tal modo, nadie hay, por sediento que se halle, por deseoso de beber que se encuentre, que quiera remojar en sus labio, ni beber una sola gota. Tu marido es tu señor, tu vida, tu guardián, tu jefe, tu soberano. Él cuida de ti y quien somete su cuerpo a penosos trabajos en tierra o mar, porque nada te falte; (…) en el hogar duermes a su calor, tranquila y segura. Por todo ello, cuanto te pide como tributo de amor una cara alegre y sincera obediencia. (William Shakespeare: La fierecilla domada)

A partir de la comedia de Shakespeare, la posibilidad de que el marido maltrate a su esposa con cualquier excusa, incluyendo una tan desinteresada y razonable como corregir sus malos hábitos, entre los cuales se encuentra la rebeldía, ha sufrido un persistente descrédito. La mujer puede ser inicialmente una figura salvaje, necesitada de que la domen, como una yegua, para que adquiera las virtudes elementales que cualquier hombre sería capaz de apreciar en ella.
Las concepciones tradicionales de la vida en pareja, se han basado (con frecuencia) en la desigualdad de los derechos y obligaciones que se atribuyen a los géneros. Para que una pareja no sufra conflictos mayores, capaces de desgarrarla, se supone que alguien tiene que ceder, y lo más probable es que se trate de las mujeres. En muchas sociedades, esa subordinación se encuentra garantizada por la religión, los mitos y la opinión dominante; un acuerdo que se vuelve muy difícil desafiar.
Entre los griegos, las mujeres eran figuras de segunda clase, al nivel de los niños y los esclavos. No se las consideraba ciudadanos con derechos y sus deberes quedaban relegados al interior del gineceo. Una vez por año, ellas se soltaban, durante las lupercales, festividades en honor de Dionisos, que las autorizaba a emborracharse, exhibirse por las calles sin el control de un hombre. El resto del tiempo, su sometimiento permitía esperar que en la sociedad todo funcionaria bien.
Aquiles y Pentesilea
Las amazonas de la Antigüedad, que terminan vencidas por los lapitas, eran un pueblo nómada en el que las mujeres controlaban a los hombres. Guerreras temibles, cabalgaban las llanuras de Asia y llegaban a las fronteras de Europa. Su historia, que se confunde con la mitología, las muestra secuestrando a hombres de otros pueblos, a los que utilizaban como sementales, para someterlos después a tareas serviles (o matarlos, si dejaban de ser útiles). En cuanto a los hijos varones, no dudaban en mutilarlos, dejándolos ciegos o cojos, para que sirvieran a las mujeres.
Las amazonas suelen ser representadas con un seno mutilado por ellas mismas, para facilitar el empleo de armas como el arco y las flechas. Cuando los roles tradicionales de los géneros se invierten, las mujeres se convierten en seres de pesadilla para la óptica masculina. Si ellas asumen el poder, hay que esperar que tomen represalia por las humillaciones que han sufrido habitualmente. Ellas pueden ser tan crueles como los hombres. Para alivio de todos, las amazonas son derrotadas.
La historia de la reina Pentesilea es aleccionadora. El amor que despierta en ella Aquiles, la trastorna y lleva a aceptar la muerte que él le da cuando se enfrentan en combate. ¿Puede haber una imagen más consoladora para el ego masculino? Hasta las mujeres armadas y capaces de defenderse, una excepción a la regla, caen ante el hombre. Él las subyuga sin el menor esfuerzo, gracias a una mirada, con su sex appeal irresistible.

PENTESILEA: ¿Es culpa mía, si en el campo de batalla debo ganar su amor con el combate? ¿Qué es lo que quiero, cuando alzo la espada? (...) Lo que quiero, inmortales, es solo hacer que caiga sobre mí, contra mi seno. (…) ¿Solo porque mi deseo no se me otorga, habré de romper con mis dioses? (Heinrich von Kleist: Pentesilea)

Después del Renacimiento, la imagen amenazante de las mujeres se atenúa en la Literatura europea, pero no la discriminación cotidiana, que adopta nuevas formas, a medida que ellas efectúan conquistas (inadmisibles hasta poco antes) en el ámbito de los negocios y el aparato del Estado. El temor a las mujeres no se manifiesta como desconfianza respecto de las limitaciones intelectuales que se les atribuía, sino del poder intolerable que ellas ejercen.
Sifrido despierta a Brunhilda
En la Saga de los Nibelungos, la validez del objetivo masculino de derrotar la voluntad de la casta reina Brunhilda no se discute nunca. Ella no puede seguir gobernando sola en Islandia, desafiando (y derrotando sucesivamente) a todos los hombres que la pretenden como pareja. Ella debe perder el status excepcional que alcanzó por mérito propio y convertirse en la esposa-trofeo del impotente rey Gunther. Para conseguirlo, poco importa que Gunther busque la complicidad de otro hombre más fuerte que él, su cuñado Sigfrido.
El invisible Sigfrido (cuando se cubre con la capa mágica que obtuvo de los Nibelungos) es quien suplanta a Gunther durante la competencia atlética que ha programado Brunhilda. También asume la apariencia de Gunther en otra confrontación privada, cuando vence la resistencia de la esposa bravía, que no acepta entregarse al marido, durante la noche de bodas. La doble derrota de Brunhilda no queda sin consecuencias. Ella no perdona la humillación, cuando se la informan, y su venganza desata la confrontación que arrastra a la muerte al resto de los personajes. Aún derrotada, la mujer consciente de sus poderes es de temer.
Catalina de Erauso
A comienzos del siglo XVII, la historia de Catalina de Erauso, llamada la Monja Alférez, convierte en realidad las figuras míticas de Brunhilda y las Amazonas. La describen como una novicia pendenciera, que a los quince años es encerrada en una celda del convento, para castigarla por haber golpeado a una compañera. Ella escapa vestida de hombre y se enrola como un soldado más, de los que peleaban en el Nuevo Mundo contra los nativos insurrectos. Catalina no fue domada por ningún hombre y de acuerdo a las memorias que publicó, también sedujo a mujeres. En otras palabras, combinó dos amenazas intolerables.
La modernidad estaba todavía lejos de imponerse, pero la imagen de mujeres que no aceptar someterse a los hombres, se estaba consolidando como un desafío para la mentalidad masculina más apegada a las tradiciones. ¿Cómo arriesgarse a establecer una pareja que por culpa de las mujeres no termine desequilibrándose? Para la perspectiva machista, la mítica armonía basada en la desigualdad, quedó definitivamente arruinada en el mundo moderno. Aunque la violencia intrafamiliar demuestre a cada rato que eso no es del todo cierto, los hombres perciben una amenaza en los reclamos de igualdad.

jueves, 6 de marzo de 2014

MUJERES CAZADORAS

Las amazonas eran nómades, originarias de las llanuras del Cáucaso, que habían demostrado ser expertas en el arte de la equitación. Ellas se desplazaban a gran velocidad por las llanuras de Asia y Europa, luchaban de igual a igual con los ejércitos masculinos de otros pueblos. Se establecieron finalmente en las islas de Lesbos y Samotracia. De ellas se tuvo hasta no hace mucho la convicción de que eran criaturas mitológicas, imposibles de conectar con la realidad, en el mismo plano que los centauros, los unicornios y las sirenas. No dejaron edificios o textos, pero sí su fama, distorsionada por la memoria de sus adversarios. Ellas habrían utilizado a los hombres como simples reproductores y sirvientes, sin someterse en matrimonio a ninguno. Se encargaban de las tareas que en la Antigüedad se consideraban reservadas para los hombres: gobernaban, exploraban su inmenso territorio, producían armas, luchaban con ellas demostrando un valor no inferior al masculino. Cuando nacían hijos, producto de las relaciones que mantenían con sus prisioneros, las niñas eran educadas para la guerra y los niños cegados o muertos. De acuerdo a las representaciones plásticas, las amazonas se mutilaban el seno derecho, para que les fuera más fácil manejar el arco y la jabalina. ¿Cómo podía ser que las mujeres se organizaran como gobernantes y guerreras? Las amazonas debían ser criaturas fabulosas, como las sirenas y los centauros. Los griegos consideraban a las mujeres como simples reproductoras de la especie (a diferencia de la conversación culta y placer sexual de las bellas y bien remuneradas hetairas) no les concedían demasiados atractivos, ni el derecho a ser oídas por los hombres. Cuando las mujeres llegaban a ser catalogadas como decentes, no debían tomar iniciativas. Para no resultar intelectualmente inferiores a los hombres, debían prostituirse. No es que se les diera a elegir, sin embargo. La adopción de un rol u otro le correspondía a los hombres. Por eso las amazonas fueron descritas como criaturas tan feroces como improbables. Ellas gobernaban su nación. Ellas conducían los ejércitos. Ellas sometían a los hombres al rol de meros reproductores. De allí que seleccionaran como sus parejas a los prisioneros de guerra más fuertes y atractivos. Ellas los mantenían en esclavitud o los castraban, una vez que cumplían con la función que se les asignaba.
Las amazonas reflejaban, mediante una inversión de los roles atribuidos a los géneros, las mismas desigualdades que habían sido consagradas por la sociedad griega de la época. Como todo lo que sabemos de ellas se encuentra filtrado por el discurso de quienes fueron sus vencedores, la imagen puede no corresponderse con la verdad.
PENTESILEA: Nuestro pueblo, reunido en consejo, decidió que las mujeres (…) eran libres como el viento en campo abierto. Se fundaría un Estado emancipado, un Estado de mujeres, donde jamás volviera a imponerse, ambiciosa, la voz de ningún hombre; un Estado digno de hacer sus propias leyes, y obedecerse a sí mismo y protegerse. (Heinrich von Kleist: Pentesilea)
En las culturas patriarcales, los hombres suelen ser presentados de manera muy favorable, como arriesgados cazadores que desconocen el miedo cuando se trata de alimentar a sus familias. Ellos demuestran a cada rato ser capaces de tomar rápidas decisiones, de las cuales depende la supervivencia de aquellos a los que mantiene bajo su protección. Con frecuencia abusan del poder que se les ha otorgado, y las mujeres suelen ser las primeras en advertirlo, pero eso no altera la asignación tradicional de roles. Mientras tanto, las mujeres quedan reducidas al rol de objetos apreciados por los hombres. Las mujeres necesitan protección o se ofrecen a los hombres como trofeo y los obligan a enfrentarse unos contra otros, para que triunfe el más apto y se quede con ellas como premio. Cuando por cualquier motivo ellas se ausentan (o están presentes pero dejan de atraer) pueden ser fácilmente reemplazadas por otras más jóvenes y obedientes. No obstante la función de señuelo que se las invita a cumplir, para la visión paternalista no se espera que las mujeres tomen la iniciativa. La imagen corregida y mejorada del macho agresivo y planificador, se complementa con la figura de la hembra receptora, pasiva, a pesar de su aporte fundamental a la reproducción humana. Mientras el hombre caza, la mujer aguarda en el hogar, cuidando el hogar y las crías de su pareja que trajo al mundo. Esas nociones, por falsas que sean, terminaron por establecerse en la conciencia de tantas generaciones como una constante impuesta por la naturaleza, que parecen imposibles de superar o contrariar.
En la mitología romana, la diosa Diana es representada como una infalible cazadora que sale de noche, armada con arco y flechas, que recorre los bosques, seguida por un séquito de ninfas y lebreles. Nada parece haber en ella que recuerde a la mujer encerrada entre los muros del hogar, para evitar cualquier exposición a la amenaza masculina. De acuerdo a lo que Ovidio cuenta en Las Metamorfosis, Diana presenció los dolores del parto sufridos por su madre, motivo por el cual decidió mantenerse lejos de todo contacto de los hombres. La distancia no implica retirada temerosa, sino la conciencia de la superioridad de su sexo: ella no está dispuesta a someterse a nadie y más prudente para los hombres es ponerse a resguardo de su enojo, que desearla y forjar planes de poseerla. Una de sus víctimas humanas es Acteón, un joven cazador que por casualidad la ve desnuda, mientas ella se baña con sus acompañantes. En represalia, cuando lo descubre, Diana lo convierte en un venado, al que sus propios perros devoran. El mirón, en este caso involuntario, recibe un castigo desmedido (puesto que en ningún momento ha intentado propasarse). No debió desafiar los poderes de una diosa que no entiende como handicap su condición femenina. La hembra consciente de sus poderes, probablemente vivirá sola, sea porque así lo ha decidido o porque ningún hombre prudente se le acercará demasiado. Las mujeres no sometidas a un hombre, constituyen para la mentalidad patriarcal una amenaza cuya existencia se niega, y si eso resulta imposible, es preferible evitar, no sea que se la moleste y luego haya que sufrir las consecuencias de una rabia acumulada por siglos. La imagen de la mujer seductora, pero en el fondo víctima de la mirada masculina, que puede dominarla incluso cuando ella ha demostrado ser más fuerte y agresiva que él, ha permanecido en el imaginario colectivo, a pesar en ciertos casos ella se encuentra en condiciones de elegir o rechazar a su pareja.
De Catalina la Grande, Emperatriz de Rusia se sabe que no solo era una política e intelectual notablemente informada, que no tomaba en cuenta la opinión del común de la gente. Ella elegía a sus amantes entre los hombres más atractivos e inteligentes que llegaban a la Corte (no por casualidad, sino con el objeto de seducirla y hacer fortuna bajo su protección). Ella entrenaba a sus amantes en las funciones públicas y les encomendaba altos cargos, retribuyendo los variados servicios que les encomendaba con siervos y tierras. Potemkin fue uno de los favoritos que alivió las penas de su matrimonio primero y luego las de su viudez. Grígori Orlov fue otro de sus amantes y el Príncipe Zúbov otro, a pesar de los cuarenta años que lo distanciaban de la monarca. La emancipada Catalina fue objeto de difamaciones de todo tipo, que le atribuían una lujuria desenfrenada y ocultaban sus dotes de intelectual y estadista. Chéri, la novela de Colette, retrata a Léa, una mujer madura y experimentada en artes amatorias, que a comienzos del siglo XX seduce al hijo de una amiga, por pedido de ella. El joven se enamora de ella, pero al cabo de un tiempo de felicidad encuentra otra mujer, de su edad, y abandona a la madura. Perder a quien probablemente sea el último hombre que serán capaces de seducir, parece ser el destino de las mujeres mayores. En cuanto a la suerte del joven amante que disfrutó esa oportunidad única, no puede ser mucho mejor, decide Colette, que había pasado por la misma experiencia con su segundo marido.
No podía evitar pensar que había logrado escapar de algo, y que era de nuevo un hombre libre. Un sentimiento que más tarde se revelaría como un completo error. Pasaron muchos años antes de que entendiera que ambos habían sido injustamente castigados. Léa, por haber nacido muchos antes que él, y Chéri por no haber conseguido entender que Léa era la única mujer a la que sería capaz de amar. Y cuando cayó en la cuenta de que era así, sacó su vieja pistola reglamentaria y se pegó un tiro en la cabeza. (Colette: Chéri)