lunes, 6 de marzo de 2017

MUJERES QUE AMAN A OTRAS MUJERES (II): LA MODERNIDAD



Karl-Maria Kertbeny
El término homosexualidad apareció en Europa hacia 1869 (fue acuñado por el científico Karl-Maria Kertbeny) por lo que no sería adecuado definir de ese modo a las relaciones de parejas del mismo sexo que ocurrieron en el mundo antiguo. El matrimonio de parejas del mismo sexo comenzó a ser reconocido por las leyes a comienzos del siglo XXI en los Países Bajos, Bélgica, España, Canadá, Sudáfrica, Noruega, Suecia, Portugal. Uno de los temas más conflictivos de este tipo de uniones, es la adopción de hijos. La opinión pública es favorable a una posibilidad como esa, mientras los especialistas no terminan de ponerse de acuerdo.
En 1901, cuando Marcela y Elisa, dos profesoras de una Escuela Normal, se casaron en La Coruña, la segunda adoptó el nombre de Mario para facilitar el rito católico, pero la suplantación no tardó en ser descubierta por la prensa y las dos mujeres debieron huir de España, para establecerse en Argentina. No es que confiaran ser aceptadas tal como eran: solo buscaban un sitio donde no se las conociera.
La sociedad suele oponerse a las relaciones que se apartan de la norma heterosexual, mientras exige de todos sus integrantes un disimulo o represión de los impulsos, que en la actualidad no todos parecen dispuestos a aceptar. El matrimonio o la unión civil, puesto que no puede esperarse la aceptación eclesiástica de parejas del mismo sexo, llegan para brindar una solución parcial a un desafío a las tradiciones que nuestra cultura no termina de digerir.
James Ivory: The Bostonians
En Las Bostonianas, la novela de Henry James publicada en 1886, se describe la duradera y armoniosa relación de dos mujeres solteras, probablemente basada en la experiencia de una hermana del escritor. Una de esas mujeres posee la habilidad (por entonces, inaudita) de hablar en público, mientras la otra está llena de ideas de reforma social que no consigue exponer. Cada una necesita de la otra. Por separado, se encuentran incompletas. Después de la emancipación de los esclavos, durante la Guerra de Secesión, la de las mujeres comienza a ser discutida e incluye (soterrada) las relaciones entre personas del mismo género.
Como es habitual en la obra de James, no hay ninguna descripción sexual que pueda ofender la sensibilidad del lector, y el final es convencional (Verene abandona a su amiga Olive, la militante feminista, por su novio Basil Ransom, un político conservador) pero el subtexto de la relación entre las dos mujeres debía resultar más que evidente para los contemporáneos, porque la denominación “Boston mariage” comenzó a ser utilizada para designar estas relaciones discretas pero inexplicables de convivencia de mujeres, que excluían a los hombres de su vecindad.
Susan B.Anthony y Elizabeth Cady Stanton

No hay poder en el cielo, el infierno o la tierra que pueda separarnos, porque nuestros corazones están eternamente ligados. (Elizabeth Stanton: carta a Susan Anthony)

La feminista norteamericana Susan B. Anthony mantuvo una estrecha relación de trabajo de medio siglo con su asistente Elizabeth Cady Stanton, que fue reconocida y respetada por quienes apoyaron su lucha por los derechos cívicos y reproductivos de las mujeres durante el siglo XIX. La relación era apasionada (ambas compartían los mismos ideales, enfrentaban a los mismos adversarios) pero no necesariamente sexual.

Anthony decía a menudo que Stanton era el cerebro de la asociación; mientras ella misma era simplemente sus manos y pies; pero en verdad las dos mujeres trabajaban maravillosamente juntas, porque Stanton era una maestra de las palabras y podía escribir y hablar a la perfección de cosas que Susan B.Anthony veía, pero no podía expresar por sí misma. (Anna Howard Shaw)

Ruth Benedict


La antropóloga Margaret Mead se casó tres veces, la última con un colega, Gregory Bateson, con quien tuvo una hija. Ruth Benedict era otra antropóloga que se había casado y divorciado. Eso no impidió que Mead y Benedit establecieron una duradera relación sentimental, que les permitió apoyarse en los estudios que realizaron paralelamente sobre las culturas de la Polinesia (Mead) y Nuevo México (Benedict) destacándose en un campo científico del que las mujeres habían sido tradicionalmente excluidas. Esa relación, que no podía exhibirse, dio lugar a un intercambio de cartas que duró hasta la muerte de Benedict.

Pensarás que es tentar a los dioses decir esto, pero yo lo tomo como una garantía de lo que siempre había dudado –la permanencia de la pasión- y es que un simple movimiento de tu cabeza, una inflexión al azar de tu voz, tienen tanto poder hoy como hace cuatro años. (Margaret Mead: carta a Ruth Benedict)

Las escritoras Virginia Woolf y Vita Sackville-West mantuvieron una pareja desigual, no porque cada una de ellas estuviera casada mientras duró la relación, sino porque la primera reprimió la expresión de su sexualidad en los textos que escribió, mientras la segunda no dudó en plantearla.

Yo te extraño aún más de lo que podría haber creído; y estaba preparada para extrañarte mucho. Así que esta carta es apenas una protesta de dolor realmente. Es increíble cuán esencial has llegado a ser para mí. (…) Maldita seas, criatura consentida; y no haré que me ames nada más alejándome, como ahora. Pero, mi querida, yo no puedo ser astuta y reservada contigo: te quiero demasiado para eso. (Cita Sackville-West: carta a Virginia Woolf)

Una Troubridge y Radclyffe Hall
En 1928 aparece la novela El pozo de la soledad de Margarite Radclyffe Hall. El editor la condenó al poco tiempo, como un intento de presentar a los homosexuales como víctimas de una sociedad cruel. Se acusó a la novela de obscenidad, a pesar de que una protagonista de nombre masculino (Stephen) se sacrifica por la felicidad de su amante, a quien conduce a un matrimonio heterosexual. Es más que probable que la historia recogiera experiencias personales de Hall, que había sido conductora de ambulancias durante la Primera Guerra Mundial, en Francia.
En vano, grandes escritores contemporáneos como George Bernard Shaw, H.G.Wells, E.M.Forster, T.S.Eliot y Virginia Woolf intentaron defender a la autora en nombre de la libertad de expresión, antes que por sus valores literarios. Hall había logrado cierta fama como autora de ficciones de inspiración religiosa, que puso en peligro cuando se planteó la escritura de un libro al que atribuía una misión trascendente de agitación social.

Puse mi pluma al servicio de las personas más perseguidas e incomprendidas en el mundo. (…) Por lo que sé, nunca antes se había intentado nada parecido en la ficción. (Radclyffe Hall)

Para muchos, la novela confirma los prejuicios de la opinión dominante sobre las lesbianas, que durante décadas continuaron en la penumbra, como única estrategia que les permitía continuar con su estilo de vida condenada por la mayoría.
Gabriela Mistral y Doris Dana

Cuando tú vuelvas, si es que vuelves, no te vayas en seguida. Yo quiero acabarme contigo y quiero morirme en tus brazos. (Gabriela Mistral: carta a Doris Dana)

La escritora chilena Gabriela Mistral, ganadora del Premio Nobel de Literatura, mantuvo una prolongada relación de ocho años con su joven secretaria norteamericana, Doris Dana, a quien convirtió en su heredera. Durante medio siglo, se prefirió no mencionar en público el carácter de esa relación, que ocurría en el extranjero, fuera del escrutinio de parientes, amistades e intrusos. Dana preservó las cartas de su pareja (aunque no aceptó que todas fueran microfilmadas por los investigadores) y sus propios herederos mantuvieron el silencio hasta varios años después de su muerte.
Marguerite Yourcenar
La escritora francesa Marguerite Yourcenar no confesó que su relación de cuatro décadas con la profesora Grace Frick, fuera la de una pareja de mujeres, en la que no hacía falta la participación de ningún hombre. En la comunidad africana de Lesotho, las mujeres pueden establecer relaciones durables que son aceptadas por la sociedad, tal como en el norte del Congo los guerreros solían casarse con jóvenes del mismo sexo que cumplen funciones de esposas.
En los países islámicos, relaciones de ese tipo son castigadas con la cárcel o la muerte en la actualidad, aunque hubo mayor tolerancia en el pasado. La eventualidad de que una mujer se sienta atraída por la idea de formar una pareja estable con alguien del mismo género, pone en crisis la hipótesis milenaria de que el objetivo fundamental de las parejas debe ser la procreación.
Anne Heche, una actriz de Hollywood que se encontraba en pleno romance con otra actriz, Ellen Degeneres, a comienzos del siglo XX, pudo hacer una declaración pública conmovedora (o rimbombante, si los hechos la desmentían a continuación, como sucedió) sin ser sometida por eso al escarnio público.

Estoy enamorada de una mujer. La fama no es la cosa más importante en mi vida. Si ustedes me dicen que voy a perder la fama por estar enamorada, yo digo que el amor es lo más importante. Se me reconoce por ser una estrella de cine, pero no tengo amor en mi vida, ¿de qué sirve todo eso? (Anne Heche)

Portia de Rossi y Ellen Degeneres
¿Habrá que mencionar que un par de años más tarde, Heche parece haber cerrado ese capítulo de su vida, para abrir otro, sin muchas conexiones con el anterior, donde interpreta el rol de feliz esposa heterosexual y madre? Para la prensa de espectáculos, la intimidad real o presunta de las figuras más notorias es la materia fundamental de su discurso ilusionista. ¿Qué harían esos personajes, qué dejan de hacer, cuando se supone que no lo muestran a sus admiradores? Levantar la barrera que suele haberse erigido entre lo público y lo privado, es lo más atractivo que puede haber para los consumidores de noticias que se confunden con la ficción, y de ficciones que se aceptan sin suficiente atención, como si fueran reales.

Estuvimos juntas durante cuatro años completos antes de casarnos, pero el momento en que dijimos “sí, quiero”, el momento en que nos pusimos de pie delante de nuestros padres y amigos, y nos comprometimos la una con la otra, nuestra relación cambió. Yo no creo que la gente entienda lo importante que es esa pequeña ceremonia y lo que en realidad le hace a la gente. (Portia de Rossi: refiriéndose a su matrimonio con Ellen Degeneres)

Madonna y Cristina Aguilera
Coquetear con otras mujeres se convierte en una forma de atraer el interés de la audiencia masiva. Durante una entrega de premios del 2003, Madonna, Cristina Aguilera y Britney Spears se besan para delicia y escándalo de millones de espectadores de todo el planeta. Cantantes como Miley Cyrus o Kathy Perry mencionan en la letra de sus canciones haber tenido relaciones con mujeres, pero nada parece confirmarlo en la vida real.
Los desfiles de modas recurren al llamado lesbian chic para renovar un repertorio de recursos que parece haberse agotado tras una temporada o dos. No se trata de opciones de vida que comprometan a nadie. Son looks, que se adoptan un día, causan sensación durante una breve temporada y luego se abandonan, para ser reemplazados por otros, no menos circunstanciales.

domingo, 15 de enero de 2017

DIVORCIADAS EN EL MUNDO MODERNO


Nunca conoces a un hombre, hasta que te has divorciado de él. (Zsa Zsa Gabor)
Rogers y Astaire: The Gay Divorcee
Promediando el siglo XX, el divorcio había pasado a ser un tema de comedia. Ginger Rogers bailaba con Fred Astaire en The Gay Divorcee (1934) y el divorcio se convertía en un asunto lejano y trivial. La protagonista lo gestionaba de mutuo acuerdo, en un país que no era el suyo, para lo cual contrataba a un acompañante que debía colaborar en un simulacro de infidelidad. Ocuparse en serio de los conflictos del divorcio no estaba en los planes de la industria de Hollywood, cuidadosa de no ofender a los sectores más tradicionales de su audiencia. Los actores cómicos podían hacer chistes sobre el divorcio:

Conozco a centenares de maridos que volverían felices al hogar, si no hubiera una esposa que los espera. Quiten a las esposas del matrimonio y no habrá ningún divorcio. (Groucho Marx)

En ambientes que todavía eran menos liberales que el de Hollywood, el divorcio era designado como el gran flagelo de la sociedad moderna, que debía extirparse sin analizar sus causales. El gran problema de las parejas humanas, es que rara vez llegan a serlo del todo y por mucho tiempo. ¿Cómo asemejar a quienes llegan al matrimonio desde opuestas experiencias de vida, comenzando por la tan compleja de pertenecer a distintos géneros, en el caso de la pareja heterosexual? Queda por averiguar si tiene algún interés relacionarse con alguien demasiado parecido. Nadie suele ser del todo sincero cuando se trata de informar a una posible pareja sobre la persona con la que se está relacionando. Ocultar, mentir o embellecer son las estrategias habituales. ¿Quién tiene una imagen objetiva de sí mismo? Lo más probable es que la haya retocado por pudor o en defensa propia. ¿Quién se presenta tal cual es, cuando lo que pretende es dejar de estar solo?
Los intelectuales católicos planteaban una responsabilidad que no aceptaba excepciones.

El divorcio es, en el mejor de los casos, un fracaso, y nos interesa buscar curar su causa que completar sus defectos. (Gilbert K. Chesterton)

El enamoramiento encubre inicialmente una serie de inadecuaciones de los contrayentes, que una vez pasado el punto más alto de la pasión, quedan al descubierto y se vuelve difícil tolerar. La incompatibilidad de caracteres que se argumenta en los procesos de divorcio, puede verse como un argumento banal, pero define un conflicto efectivo. Muchas parejas no sobreviven a la desilusión de percibir la realidad que encubría su relación. Retrospectivamente los ex integrantes de la pareja experimentan enojo: ¿cómo pudieron engañarlos a tal punto personas en las que confiaron? ¿Cómo pudieron ellos mismos ser tan imbéciles, que no advirtieron las discrepancias que ahora les parecen demasiado evidentes?

Todos los hombres que he conocido, se van a la cama con Gilda y despiertan conmigo. (Rita Hayworth)

Rita Hayworth en la madurez
Se acepta en la cultura de la modernidad que el fantaseo compartido puede unir a una pareja que tal vez no tenga mucho en común. Cuando uno de los integrantes no consigue disfrutar del juego tanto como esperaba, la inevitable separación se impone. La actriz Rita Hayworth sabía distanciarse de los personajes de mujer fatal que le encomendaban los empresarios de Hollywood, atendiendo a la demanda de los espectadores de todo el planeta, mientras sus parejas habían quedado aferradas al maravilloso mito, que no existía fuera de la pantalla.
Que los opuestos se atraigan es una atractiva idea para construir ficciones, como The Tame of the Shrew (La Fierecilla Domada) de William Shakespeare, donde una mujer caprichosa es casada contra su voluntad con un hombre que pone todas sus energías en someterla, pero en la práctica la continuidad de la relación que pueda establecerse entre personalidades discordantes suele ser bastante difícil de verificar. Tal vez en el pasado, cuando el poder de la opinión pública y las iglesias, planteaba límites bastante estrictos a la vida privada de las personas, ellas se resignaban a las situaciones incómodas que sufrían, puesto que no se les dejaba espacio para otras alternativas.
La modernidad cambió esa situación. Los fracasos matrimoniales dejaron de estar escondidos, cuando incluían a figuras del espectáculo. Mostrarlas en conflictos, como antes involucradas en romances y bodas glamorosas, las humanizaba y llegaba a convertirlas en equivalentes a los viejos héroes de los cuentos de hadas.
Una mujer bellísima y actriz famosa de mediados del siglo XX, casada seis veces, que fue también una científica tardíamente reconocida por sus aportes a la electrónica, ha dejado anotada su opinión sobre el tema:

Tengo que dejar de casarme con hombres que se sientan inferiores a mí. En algún lugar debe haber un hombre que pueda casarse conmigo sin sentirse inferior. Necesito un hombre inferior superior. (Hedy Lamarr)

¿Cómo afrontar la vida cotidiana con alguien que se siente superior a su pareja, o que impone de hecho su superioridad en más de un aspecto (intelectual, económico, social) sin ofrecer a cambio ningún lado vulnerable que permita aceptar sin demasiada ofensa tales desventajas? A diferencia de lo que sucede con una relación ocasional, una pareja existe simultáneamente en el ámbito privado y en el público. Por lo tanto, es puesta a prueba de acuerdo al juicio de la sociedad y la experiencia más subjetiva de la vida cotidiana. La pareja no puede funcionar en un plano y al mismo tiempo fallar en el otro.
En forma paralela, ¿cómo afrontar la vida cotidiana con alguien (hombre o mujer) que se siente inferior o que impone las evidencias de su inferioridad de manera agresiva a su pareja, sin demostrar autoestima por ningún lado? Las dos situaciones se definen como demasiado odiosas para ser asumidas por una pareja. Cuando se trata de compartir la existencia con otra persona, estar a la par o al menos suspender las comparaciones es un dato fundamental.

Las parejas que acaban divorciándose suelen mostrarse incapaces de encontrar argumentos que detengan la escalada de la tensión. La diferencia existente entre las parejas que mantienen una relación saludable y aquellas que terminan divorciándose, radica en la presencia o ausencia de vías que ayuden a disolver las desavenencias conyugales. Las válvulas de seguridad dependen (…) de acciones tan sencillas como atajar la discusión a tiempo, antes que se desproporcione. (Daniel Goleman: La Inteligencia Emocional)

Bruce Willis, Ashton Kutcher, Demi Moore
Las fotografías de la actriz Demi Moore con sus hijas, el actor Bruce Willis, su anterior pareja de un lado y un hombre bastante más joven, Ashton Kutcher, su nueva pareja del lado opuesto, pudo resultar atractiva para los medios, porque presentaba la evidencia del trato civilizado que se había establecido entre personas que habían roto una relación, pero continuaban entendiéndose, por el bien de los hijos que compartían.
Algunos años más tarde, el divorcio de Moore y Kutcher desarmaba esa hipótesis optimista. La pareja se había quebrado en medio de una disputa plagada de mutuas acusaciones y reclamos que amplificaban los medios. Eso era lo que correspondía esperar. Si una pareja se desarma, lo hace de la peor manera, porque ambos se encuentran enojados y tratan de inferirse tanto daño como les resulta posible, en privado y en público.
Holmes, Cruise, Suri
La separación de los actores Tom Cruise y Kathie Holmes después del nacimiento de su hija Suri, llegó para confirmar las apuestas de la audiencia. Nadie apostaba a que durarían mucho tiempo juntos. Él era adepto a un culto (la Cientología) que ella, cristiana, no aceptaba. Él había alcanzado el punto culminante de su carrera y solo podía esperar su declinación a medida que perdiera la juventud, mientras ella había abandonado su carrera para dedicarse a la maternidad. Separarse para ambos no iba a ser fácil. Había mucho dinero en disputa y sobre todo la tenencia de la hija, que la madre no quería exponer al ambiente frecuentado por el padre.
El dinero y los hijos son los dos temas de discusión más engorrosos que incluye un proceso de divorcio en el mundo moderno y en la sociedad tradicional. ¿Cómo llegar a un acuerdo que deje a ambas partes satisfechas, cuando la pareja se ha llevado tan mal que optaron por disolver el vínculo? Los abogados han convertido ese desacuerdo en un lucrativo campo de su actividad profesional.  Ellos resultan necesarios para zanjar las dificultades, y al mismo tiempo ellos son los impulsores de obstáculos para la parte opuesta.

No se conoce a una mujer, hasta que uno la ve en un juicio. (Norman Mailer)

Desde un punto de vista institucional, las relaciones de pareja se establecen para perdurar en el tiempo (quizás no sea para toda la vida, como simplifica la fórmula del matrimonio cristiano, pero al menos lo suficiente como para dejar la marca de una vida en común). Al mantenerlos juntos, se trata de facilitar la identidad de la descendencia y los derechos al patrimonio que se haya reunido en el curso de la relación, a pesar de lo cual hay ocasiones que las leyes no pueden ignorar, en las que esas relaciones se debilitan y pueden extinguirse.
Para resolver los conflictos que se suscitan cuando las buenas intenciones del comienzo fallan, existen procedimientos de separación y divorcio en casi todos los países, que establecen cómo se apartan dos personas que estuvieron unidas en matrimonio. La eventualidad del fracaso no puede ignorarse, pero al mismo tiempo la complejidad de los problemas que acarrea, no pueden resolverse a cabalidad.

Cuando dos personas están bajo la influencia de la más violenta, la más insana, la más ilusoria y fugaz de las pasiones, se les pide que juren que seguirán en esa condición sobreexcitada, anormal y agotadora hasta que la muerte los separe. (George Bernard Shaw)

Desde el punto de vista emocional, una relación de pareja tarda en diluirse en el olvido, y a veces alguno de los integrantes se empeña en detener el proceso inevitable, o incluso revertirlo. ¿Sirven de algo los buenos modales? Cuando hay enojos que causaron la ruptura, se negocian compensaciones o se permite que el tiempo haga su trabajo reparador. Todo eso requiere paciencia. No se vuelve atrás en las situaciones concretas que causaron la ruptura. Solo se libera del compromiso de mantenerse unidos a aquellos que habían decidido permanecer juntos en los buenos momentos y en los malos… pero ya no son capaces de mantener esa promesa desinformada.
A veces, la situación exige que una mujer hable, por ejemplo del “padre de mis hijos”, para no nombrar siquiera a la persona cuya existencia detesta, pero le resulta imposible negar. Nexos como la paternidad y la maternidad no desaparecen, a pesar de que atraviesen crisis de afecto y ofensas graves. Las relaciones de pareja, en cambio, tienden a debilitarse con el tiempo que apaga la pasión o convierte la vecindad con la persona que se había amado hasta poco antes, en algo imposible de tolerar.

Primero perdí mi voz, luego perdí mi figura, después perdí a Onassis. (Maria Callas)

viernes, 2 de diciembre de 2016

PAREJAS IMPOSIBLES DEL AMOR CORTÉS


Solo el amor cortés de los trovadores ha convertido en lo principal la insatisfacción misma. Creóse entonces una forma del ideal erótico que era susceptible de recoger y albergar predominantemente un contenido ético, sin renunciar por ello a todo nexo con el amor natural a la mujer. (Johan Huizinga: El Otoño de la Edad Media)

En algún momento de la Edad Media, durante el siglo XII, aparece en el sur de Francia la idea del amor cortés (una denominación inventada en los últimos años del siglo XIX, dado que los contemporáneos lo conocían como amor puro o amor fino). Se trataba de una exaltación de la mujer que aparece elevada a una posición de privilegio, desde donde puede evaluar el comportamiento masculino y de acuerdo a sus criterios, castigarlo o premiarlo con sus favores. Sin duda los hombres y las mujeres se sentían atraídos sexualmente desde que se tiene memoria, pero no por ello lo decían en público, ni menos aún lo escribían y cantaban. No era un tema digno de mención.
Durante el siglo XI, se difunde en Europa cristiana el culto a la Virgen María, reverenciada como el ideal de las mujeres, una figura que los hombres están autorizados amar por sus virtudes a toda prueba, pero que bajo ninguna circunstancia llegan a tocar. Sobre el modelo de este amor místico, puede suponerse, adquiere forma el amor cortesano y esto no debería sorprender a nadie. Los elementos de la liturgia cristiana solían ser utilizados para describir los avatares de la sexualidad que no pueden ser nombrados literalmente.
La mujer destinataria del amor cortés es endiosada por su enamorado. Llega a convertirse en una imagen obsesiva para ciertos hombres que no son precisamente sus parejas legales.

Según la tesis oficialmente admitida, el amor cortés nació de una reacción contra la anarquía brutal de las costumbres feudales. Se sabe que el matrimonio, en el siglo XIII, se había convertido para los señores en una pura y simple ocasión de enriquecerse y anexarse tierras dadas en dote o esperada como herencia. Cuando el negocio funcionaba mal, se repudiaba a la mujer. (Denis de Rougemont: El Amor en Occidente)

Occitania era un territorio donde convivían adversarios tales como los cristianos romanos y los cátaros que se tomaban tantas libertades con la doctrina, que en ocasiones podían terminar quemados en la hoguera. También andaban por allí los judíos ortodoxos y los musulmanes. Una vecindad de culturas que podían derivar en el contagio mutuo de temas y enfoques. Los poetas árabes fueron tal vez los primeros en otorgarle a la mujer un rol privilegiado que resultaba ajeno a la cultura cristiana.

Me quedé con ella a solas, sin más tercero que el vino, / mientras el ala de la tiniebla nocturna se abría suavemente. / Era una muchacha sin cuya vecindad perdería la vida. ( ¡Ay de ti! ¿Es que es pecado este anhelo de vivir? / Yo, ella, la copa, el vino blanco y la oscuridad. / Parecíamos tierra, lluvia, perla, oro y azabache. (Ibn Hazm: El collar de la paloma)

Las mujeres quedaban solas mucho tiempo, porque  sus padres, sus hermanos y sus maridos pasaban la mayor parte del tiempo ocupados en cacerías, guerras contra sus vecinos o interminables Cruzadas, que pretendían rescatar de los otomanos la ciudad de Jerusalén y el Santo Sepulcro. ¿Acaso todas las mujeres permanecían fieles a esos hombres, que aprovechaban el espacio que habían creado para su exclusivo disfrute? Ellos podían compartir sus vidas, por un rato, sin comprometerse, con otras mujeres, extranjeras, prostitutas o prisioneras.    

Buen compañero, cantando os llamo; / no durmáis ya, que oigo al pájaro cantar / buscando el día por el monte / y tengo miedo de que el celoso os sorprenda, / ¡Pronto llegará el alba! (Giraud de Borneth)

Mientras los señores feudales andaban lejos, las esposas se convertían en el centro de la actividad económica, administrativa, intelectual y hasta militar de sus dominios. Los trovadores alababan a esas mujeres autónomas, pero no disponibles, con quienes nunca hubieran podido casarse, por pertenecer a clases sociales opuestas y por estar casadas. A pesar de tantos obstáculos de peso, en ciertos casos ellas correspondían al cortejo de los poetas (aunque de acuerdo a la leyenda, los maridos guerreros hubieran tomado la precaución de encerrarlas en cinturones de castidad, cuyas llaves se llevaban consigo y debían impedir cualquier intento de coito vaginal).
En ese ambiente controlado por mujeres educadas como Leonor de Aquitania o Marie de France, florece la cortesía, el trato civilizado, capaz de sublimar los instintos elementales, que habitualmente se imponen en las relaciones que se dan entre hombres y mujeres; un código respetado por todas las partes, que otorga un rol más activo a la mujer, cuando se trata de establecer una pareja, y le impone al hombre la obligación de seducir, en lugar de usar la fuerza.
La mujer del ámbito cortesano no es presentada como un objeto más de su patrimonio, que el hombre utiliza de acuerdo a su capricho, sino como alguien dotado de individualidad y extremadamente valioso, que cuesta obtener y puede perderse en cualquier momento, si por descuido o a sabiendas, se falta a las reglas de comportamiento acordadas. La idea nueva que domina esta relación desigual, es que el hombre se encuentra al servicio de la mujer, tal como el vasallo se pone al servicio del señor feudal.

Estar enamorado es tender hacia el cielo por medio de una mujer (Uc de Saint Cyr).

Por primera vez en la Historia, las mujeres que el cristianismo describía  reiteradamente como tentadoras y temibles puertas del infierno, como las más horrendas armas del diablo, comienzan a ser presentadas en las canciones de los trovadores, como el objeto inalcanzable (y tanto más poderoso) de un deseo masculino eternamente frustrado, que genera composiciones poética. Ellas son atractivas y al mismo tiempo virtuosas (o al menos eso es lo que se canta, para complacerlas).
En el siglo XI aparecen las Cortes del Amor donde las damas instruidas protegen a los trovadores que se les acercan para convertirlas en el objeto de sus canciones. A lo largo del siglo XII surgen por un lado la poesía amorosa escrita por mujeres, que están comenzando a educarse y descubrir la posibilidad de expresar su propia visión del mundo, que no tiene por qué coincidir con la masculina, y por el otro los Tribunales de Amor, presididos por mujeres de la nobleza, como hubo en Toulouse, Narbonne y Poitiers, que se dedicaban a juzgar las llamadas faltas contra el amor, prolijamente enumeradas por André Le Chapelain.

Huye de la avaricia como de una plaga peligrosa y practica la liberalidad.
Evita siempre la mentira.
No seas maledicente.
No divulgues los secretos de tus amantes.
No tengas varios confidentes de tu amor.
Resérvate para tu amante.
No trates a sabiendas de apartar a tu prójimo de su amiga.
No busques el amor de una mujer que de algún modo avergonzara desposar.
Estate siempre atento a los reclamos de las damas.
Trata siempre de ser digno de pertenecer a la caballería del amor.
Al entregarte a los placeres del amor, no sobrepases los deseos de tu amante.
Así des o recibas los placeres del amor, observa siempre cierto pudor. (André Le Chapelain: Preceptos de Amor)

Para seducir a las mujeres, los hombres admitidos en las Cortes deben ponerse al servicio incondicional de ellas, tal como prometen someterse a sus decisiones, ser fieles y defender su honor ante cualquier sospecha que pudiera mancillar su honor (situación capaz de acarrearles problemas tales como ser quemadas).
Los hombres de la clase alta competían en torneos atléticos o misiones difíciles, para obtener el favor de las damas, consistente en la obtención de prendas de vestuario (generalmente pañuelos que conservaban el aroma femenino) o simples miradas, promesas de un amor que no iba a concretarse. A veces, ellos pueden esperar alguna respuesta de ellas durante años y no conseguir nada más que un reproche por la insistencia, que no las compromete a entregarse.
El amor cortés es la manifestación de un deseo masculino que no espera consumarse, que utiliza la distancia respecto de la mujer, como motivación literaria o como el modelo de vida de apariencia virtuosa, pero no menos pecaminosa para las normas de la Iglesia. Georges Duby se ha preguntado si esta sublimación no es en realidad un discurso homosexual encubierto, el simulacro mediante el cual los trovadores cantan al poder del marido ausente (pero actuante, a pesar de la distancia) que se manifiesta en la imposibilidad de que la esposa abandonada se atreva a traicionarlo con otros hombres de su misma clase social, a pesar de la tentación (simbólica) representada por el artista.
El amor cortés indica la aparición de otro tipo de comunicación en el interior de las parejas, uno donde se llega a reconocer en la mujer a un interlocutor que no se encuentra sometido por completo a la voluntad del hombre.

La escasa conexión entre las bellas formas del ideal del amor cortés y la realidad del noviazgo y del matrimonio, era causa de que el elemento del juego de la conversación, del pasatiempo literario, pudiera desplegarse sin trabas en todo lo concerniente a la vida amorosa refinada. El ideal del amor, la bella ficción de lealtad y abnegación, no tenía espacio en las consideraciones materiales con que se contraía matrimonio. (Johan Huizinga: El Otoño de la Edad Media)

jueves, 22 de septiembre de 2016

TEMIDO AMANECER DE MUJERES MANIPULADORAS


Sacher-Masoch y Wanda
La posibilidad de encontrar una mujer dominante es una fantasía tan atractiva como alarmante para los hombres de los tiempos modernos. Desde hace casi un siglo las mujeres se cortan los cabellos muy cortos, fuman en público, visten pantalones, usan lenguaje grosero, asumen cargos directivos, en una constante demostración de que no son menos que un hombre. ¿Cómo no sentirse fascinado ante la posibilidad de una (pasajera y novedosa)  inversión de los roles habituales, sobre todo cuando un hombre se siente seguro de que nada puede cambiar en las relaciones de poder entabladas tradicionalmente por los géneros?
En tal caso, la breve transformación de la mujer que había estado sometida y aparentaba disfrutarlo, en mujer dominante, agrega pimienta, variedad, a una rutina que se ha vuelto demasiado previsible, y por lo tanto poco placentera.

Una mujer que no hace del hombre su súbdito, su esclavo, ¿qué digo? su juguete, y no le traiciona riendo, es una loca. (Leopold von Sacher-Masoch)

Ángel Zúñiga Argüelles: La mujer y el pelele
Cuesta reconocer en esta imagen amenazante, perversa, a la mujer idealizada , inerme, condenada al sacrificio, que la literatura de Oriente y Occidente había reciclado durante siglos, probablemente con el objeto de que la realidad terminara por ajustarse a su visión machista del mundo.
Un clásico de la ficción erótica francesa, La mujer y el pelele, la novela de Pierre Louys publicada en 1898, que ha sido adaptada varias veces al cine, cuenta la historia de una mujer joven y desalmada, que somete a un incauto hombre maduro… al no concederle nunca el sexo que está ofreciéndole. No lo hace para preservar su virtud, sino para someter al galán. Lejos de aburrirse de tantos intentos fallidos de asaltar el cuerpo de una mujer, cuando podría utilizar a otra, el hombre queda encadenado a ella, intentando repetidamente una posesión que habrá de frustrarse de un modo u otro.

Después de lo que había ocurrido, solo podía optar por tres soluciones: abandonarla, forzarla o matarla. Me decidí por la cuarta, que era sufrirla. (Pierre Louys: La mujer y el pelele)

De acuerdo a la tradición machista, la mujer cuenta con un arma infalible para controlar al hombre en fuerza física y privilegios sociales: el sexo con el que vino al mundo. Precisamente eso que la vuelve tan débil cuando no ha aprendido aún a defenderse, puede ser empleado para someter a su tradicional adversario, que lo necesita con  urgencia para satisfacer sus fantasías de conquistador.

Déjese usted llevar por los impulsos de su naturaleza, pero nunca a medias. Si no puede usted ser una mujer buena y honrada, sea usted un demonio. (Leopold von Sacher-Masoch)

Der Blaue Engel
Lola Lola, cantante de cabaret del filme Der Blaue Engel, seduce en 1931 a los adolescentes de un colegio secundario alemán y al maduro profesor que los maltrata y no logra controlar a los estudiantes excitados por la mujer. Ella es vulgar, exhibe sus muslos en poses provocativas, desde el escenario mira con descaro a sus admiradores. Por eso no tarda en atrapar al docente, consigue que se case con ella, que abandone la seguridad de su cátedra y se convierta en otro miembro del grupo de artistas de variedades que va de ciudad en ciudad, con su espectáculo. Ella lo arruina, lo engaña, lo humilla en público y finalmente no mueve un dedo para evitar que muera. ¿Qué pasa por su interior mientras tanto? Resulta imposible averiguarlo. Es un ser proveniente de otro mundo, indescifrable y por lo tanto mortal.
Felicien Rops: Tentación de San Antonio
Josef von Sternberg, el director del filme, confesó haberse inspirado en las pinturas de Felicien Rops, un artista francés de fines del siglo XIX, que elaboró figuras de hembras ambiguas y temibles, como Salomé, Ariadna, o prostitutas anónimas. En La tentación de San Antonio, una aparición femenina infernal (por lo voluptuosa) reemplaza al Cristo crucificado bajo el cual reza el hombre virtuoso. La relación entre los sexos ha perdido la impunidad que gozaba tradicionalmente. La mujer que el hombre hubiera utilizado para su exclusivo disfrute, se revela de pronto como un trampa destinada a perderlo. Si se acerca, lo atrapará, y nada parece menos evitable que intentar tocarla, poseerla, porque se ofrece desnuda, incitante.
Lulu, protagonista de dos piezas teatrales de Franz Wedekind, puede resultar mortal, tanto para los hombres como para las mujeres que atrae. Es de acuerdo a las evidencias una mujer libre, pero también irresponsable, una fuerza de la naturaleza que nadie puede controlar. Ella deteriora todo lo que toca, demostrando la justicia de las advertencias antifeministas más antiguas. Su modernidad le permite ampliar el rango de su poder destructivo. Inevitablemente, debe caer víctima de su propia estupidez, porque después de todo, una criatura tan lamentable debe ser castigada, para que el ejemplo de rebeldía no cunda.
Marlene Dietrich
¿Cuál era el punto de vista de la mujer que permitía a von Sternberg darle forma visual a sus fantasías? Marlene Dietrich escribía poemas, que guardaba para ella, relativos a hombres con los que alternó dentro y fuera de la producción audiovisual.

Al perderte / Me siento como un pescador se siente / Al perder la captura que él creía / Tener segura / En el anzuelo / Mientras perfora / Las branquias de su presa. (Marlene Dietrich: A Ernest Hemingway)

Las mujeres no sometidas del pasado, tenían que parecer temibles, porque de otro modo no se les hubiera reconocido tan fácilmente la posibilidad de competir (o colaborar) de igual a igual con los hombres, tanto en la política como en la vida profesional. Eso dejaba abiertas pocas alternativas a las mujeres: debían mostrarse como víctimas dispuestas al sacrificio, o en el caso opuesto como traidoras, desafiantes de los códigos morales, crueles ejecutoras de venganzas o trepadoras solapadas. Quizás no fueran imágenes demasiado amables ni variadas, pero al menos dejaban entrever la existencia de una mentalidad masculina a la defensiva.
Wonder Woman
Wonder Woman, un comic que comenzó a publicarse en 1941, apenas entrados los EEUU en la Segunda Guerra Mundial, se diferencia de decenas de otros comics de la época, protagonizados por hombres jóvenes y musculosos, vestidos con ropas ajustadas. Ellos luchaban habitualmente contra adversarios masculinos no menos atractivos. En oposición, Diana Prince, la Wonder Woman es una mujer atlética, princesa de la raza de las amazonas, dotada de poderes tan contundentes como la inmortalidad, vestida con ropas reveladoras, que se defiende con sus brazaletes y un lazo capaz de borrarla mente y obligar a decir la verdad a sus enemigos. La fantasía de los lectores adolescentes podía ser estimulada por la visión de una hembra que no aceptaría ser dominada por ningún hombre. Aunque se presentaba exteriormente como otra pin up tan poco cubierta como las conejitas de Playboy, para disfrute de los jóvenes, llegó a convertirse en un ícono feminista de las jóvenes.
El hecho de que el comic hubiera sido creado por William Moulton Marston, un académico que en 1940 analizaba el poder educativo (no siempre utilizado) del medio, indica la intención de ofrecer un modelo nuevo de comportamiento femenino, capaz de influir en la mentalidad de las nuevas generaciones.

Ni siquiera las niñas quieren ser niñas tanto tiempo como nuestro modelo femenino, que carece de fuerza y poder. No queriendo ser chicas, no quieren que se las vea sensible, sumisas. (…) Las cualidades fuertes de las mujeres se han convertido en algo despreciable, debido a su debilidad. El remedio obvio era crear un personaje femenino con toda la fuerza de Superman, además de todo el encanto de una mujer. (William Moulton Marston)

A Star is Born
Mujeres fuertes, o en todo caso, mujeres conscientes de sus poderes más allá del sexo, en la relación con sus parejas masculinas, van definiéndose a lo largo del siglo XX. En una famosa película de 1937, A star is born, un consagrado actor de Hollywood, que se encuentra en decadencia por su adicción al alcohol, encuentra a una mujer joven en la que advierte grandes condiciones para convertirla en actriz. Se casan, él la ayuda en su carrera profesional, le aporta sus contactos en la industria, mientras ella intenta (y fracasa repetidamente) mantenerlo sobrio. La mujer no tarda en lograr la consagración, mientras el hombre se convence de que no hay oportunidades de encausar su propia vida y se suicida, para no estorbar la carrera en ascenso de su pareja.
Svengali
Se trata de una historia con más de un punto de contacto con la de Svengali, en parte simétrica de la fantasía victoriana. El encuentro de una pareja heterosexual deriva en la confirmación de la desgracia para uno de sus integrantes, en este caso el hombre, a la par que resulta beneficiosa para la mujer. Ella no lo devora, como hace la mantis religiosa en la naturaleza, pero tampoco puede evitar el proceso de destrucción que ha programado para sí mismo, desde mucho antes de conocerla.
De algún modo, las mujeres dominantes ofrecen a los hombres que las aceptan, imágenes paradojales de quienes fueron sus madres. Aunque seductoras, pueden ser temibles al mismo tiempo. En lugar de protestar por la separación inicial que sufre el recién nacido, expulsado de una matriz que lo había protegido, para arrojarlo al mundo real, con todos sus riesgos que no puede prever, las fantasías adultas de muchos hombres plantean imágenes de hembras poderosas, que expulsan al hombre después de haberle drenado sus energías y gran parte de su interés por la vida.
La mujer fatal es una construcción literaria que vino a justificar la institución del machismo en la realidad. Los hombres deberían agredir o controlar física e intelectualmente a las mujeres, porque han descubierto que ellas gozan de poderes insospechados, peligrosos, que a pesar de ser mantenidos en reserva, en cualquier momento ellas utilizarán contra los hombres. Al tomar la iniciativa de discriminarlas y someterlas, solo intentarían evitar el descalabro de una proliferación de mujeres conscientes de sus atributos.

La mujer, tal y como la ha creado la naturaleza y como se relaciona en el presente con el hombre, es su enemigo, y solo puede ser su esclava o su désporta, pero nunca su compañera. Solo podrá ser esto último, cuando gocen de los mismos derechos, cuando haya igualdad en la formación y en el trabajo. (Leopold Sacher-Masoch)

viernes, 9 de septiembre de 2016

MUJERES PROSTITUIDAS (II): DE LA TOLERANCIA AL ESCARNIO

Flora Tristán

Comprendo al salteador de caminos que saquea a los que pasan y entregan su cabeza a la guillotina. Comprendo al soldado que juega constantemente su vida y no recibe nada a cambio. Comprendo al marinero que expone la suya al furor de los mares. (…) Pero no podría comprender a la mujer pública abdicando de ella misma, aniquilando su voluntad, sus sensaciones, entregando su cuerpo a la brutalidad y el sufrimiento. (Flora Tristán: Paseos en Londres)

Flora Tristán, la pionera del feminismo y el socialismo internacional, describe el mundo de la prostitución inglesa en 1840, cuando decenas de miles de mujeres vendían sus cuerpos en Londres, aprovechando la bonanza económica generada por la Revolución Industrial. Una sociedad que brinda oportunidades desiguales a los ricos y pobres que la componen, a hombres y mujeres, degrada inevitablemente a los más débiles. ¿Cómo puede ser que tantas mujeres acepten ese tipo de vida, que les promete enfermedades, miseria y una muerte temprana? ¿Acaso les están reservadas otras maneras menos penosas de ganarse la vida?
Marie Duplessis (inspiradora de La Dama de las Camelias)
Marguerite Gautier, la protagonista de La Dama de las camelias de Alexander Dumas (hijo) es una de las figuras más conmovedoras de la ficción del siglo XIX y el paradigma de la prostituta redimida por el encuentro (in extremis) del amor verdadero.
A diferencia de Manon Lescaut, que se comporta como una irresponsable, que no atina a distinguir quién la ama, quién la utiliza para su exclusivo placer, Marguerite es la cortesana prudente que se ha establecido en el ámbito de la alta sociedad francesa, vendiéndose a los maduros clientes que le permiten sostener un costoso tren de vida, pese a lo cual se enamora de un hombre joven bello y sin recursos, como si fuera por primera vez. ¿Acaso esta situación  no es la fantasía recurrente de tantos clientes de prostitutas? Por algo imposible de explicar, precisamente ellos se destacarán del resto de los hombres que pasaron por el cuerpo de una mujer que los ha fascinado, y salvarán a esa perdida del justo castigo al que se ha hecho acreedora.
Marguerite conmueve a los espectadores porque reiteradamente sufre por lo que se supone que hizo, pero no llega a detallarse. En oposición al paradigma de María Magdalena, y a pesar de sus buenas intenciones, Marguerite no consigue cambiar de vida. La muerte se la lleva oportunamente, evitando que al intentar rehacer su vida, la sociedad le recuerde que no hay redención posible para alguien como ella. Si no muriera de tisis, se convertiría en la demostración escandalosa de que el pecado se lava con el arrepentimiento, como promete (pero en la práctica no siempre acepta) la doctrina cristiana.

El sacerdote ungió con los santos óleos los pies, las manos y la frente de la moribunda, recitó una breve oración y Marguerite se encontró preparada para ir al cielo, donde irá sin duda, si Dios ha visto las pruebas de su vida y la santidad de su muerte. (Alexander Dumas (h): La Dama de las camelias)

Daniel Santos
La canción popular del siglo XX extrema la oposición entre lo venerado y lo vilipendiado. Resulta imposible separar una cosa de la otra. Se adora aquello que antes o después de haber sido instalado en un sitio que se dice único, puede ser mancillado sin contemplaciones. El hombre enamorado de una prostituta, la convierte por virtud del canto en un objeto inalcanzable que por definición no es.

Virgen de medianoche / Virgen eso eres tú / para adorarte toda / rasga tu manto azul. / Señora del pecado / cuna de mi canción / vine arrodillado / junto a tu corazón. (Pedro Galindo Galarza: Virgen de Medianoche)

Marlene Dietrich
El cine de la primera mitad del siglo XX se encargó de elaborar imágenes seductoras de mujeres prostituidas, como vehículo para el lucimiento de actrices que difícilmente hubieran atraído a nadie si interpretaban otros personajes. Todos los filmes que Marlene Dietrich hizo bajo las órdenes de Josef von Sternberg, la llevan a interpretar prostitutas. Gran parte de los filmes de Greta Garbo y Rita Hayworth caen en el mismo esquema. En el cine mexicano, no hubo cantante o bailarina tropical (figuras como Ninón Sevilla, Meche Barba, María Antonieta Pons o Rosa Carmina) que no afrontara ese tipo de personajes. El tráfico carnal no aparece nunca en escena, para evitar la censura de entonces. Se lo reemplaza por la exhibición de la mujer en el mundo del espectáculo, de acuerdo a una asociación de ideas que viene desde la Antigüedad: a las actrices se las consideraba prostitutas (y con toda probabilidad lo eran, como demuestra la historia de Teodosia, posteriormente convertida en emperatriz de Bizancio y por último elevada a los altares).
Tradicionalmente se acusa a las prostitutas de corromper la moral pública, de atraer con armas pérfidas a los hombres incapaces de resistirse, de empobrecer a sus clientes al cobrarles por aproximadamente lo mismo que otras mujeres conceden de manera gratuita, como parte de sus varias obligaciones domésticas; de contagiar enfermedades que tradicionalmente no se sabía muy bien cómo tratar y destruir familias. Se las convierte en las peores enemigas de las mujeres decentes, aquellas que se encuentran sometidas a los mismos hombres, pero también al encierro del hogar, la religión y la opinión dominante.
Se estigmatiza a los hijos de las prostitutas (asignarle esa filiación a alguien, es uno de los insultos más frecuentes en una cantidad de lenguas) porque hasta no hace mucho, cuando entraron en juego los análisis de ADN, resultaba improbable descubrir quién había sido el padre de alguien nacido de una mujer sometida a esa situación.
Se las condena al infierno por sus pecados, mientras se guarda un discreto silencio sobre la responsabilidad de quienes fueron sus parejas ocasionales o sus proxenetas que lucraron con la explotación de esos cuerpos. Sor Juana Inés de la Cruz, en un célebre poema, reclamó contra esa falta de simetría que caracteriza a la moral dominante.

Hombres necios que acusáis / a la mujer sin razón / sin ver que sois la ocasión / de lo mismo que culpáis. (Sor Juana Inés de la Cruz)

Los testimonios suministradas por las prostitutas informan que sus parejas eventuales exigen de ellas varias funciones complejas: entrenamiento sexual de los clientes inexpertos, consuelo de los tímidos, estimulación de aquellos que manifiestan problemas de cualquier tipo, escucha paciente (puede decirse que terapéutica) de los solitarios, etc.
Prostitutas de Yoshiwara
Para los japoneses, esa compañía puede asumir varias formas: por un lado se encuentra la prostituta tradicional, a quien el hombre paga por mantener relaciones sexuales, pero también puede tratarse de una geisha o acompañante de juergas masculinas, que recita cortos poemas, cuenta historias picantes, canta, baila, sirve el té o bebidas alcohólicas a sus clientes. En esa cultura, la geisha suministra compañía, un diálogo trivial pero divertido, asistencia durante la comida y la bebida, incluso cercanía física desprovista de contacto sexual. Es la esposa ideal, una que se exhibe ante los amigos pero no molesta con escenas de celos, ni hace reclamos desmedidos, ni descuida su aspecto personal en la intimidad.
En la actualidad, el turismo sexual es una de las alternativas que se ofrecen a mujeres maduras, poseedoras de buenos medios económicos y provenientes de países en los que ya no les resulta posible hallar pareja estable. Mientras los hombres del mundo desarrollado viajan al sudeste asiático en busca de compañía ocasional, las mujeres prefieren los países europeos del Mediterráneo y las islas del Caribe.

“Tú pagas y harás de mí lo que quieras”. En esta sola frase todo está dicho: la prostituta se erige en sujeto soberano para exigir el pago, y tan pronto es satisfecha esa exigencia, se abolirá como soberanía para metamorfosearse en el instrumento del pagador. Se erige, pues, en libre sujeto que va a jugar a ser esclava, Su prestación va a ser una simulación, y ella no lo oculta. El cliente, por otra parte, lo sabe. Sabe que no puede comprar unos sentimientos y una complicidad verdaderos. Le compra la simulación. Y lo que finalmente desea es que esta simulación sea más real que natural, que le haga vivir imaginariamente una relación venal, como si fuera una relación verdadera. (André Gorz: La prostitución)

Última ofensa a las prostitutas, planteada por la cultura contemporánea, ahora se las imita y reemplaza durante el ejercicio del comercio sexual que ellas acaparaban. Los travestis sustituyen a las tradicionales mujeres de la calle, con el objeto de ganarse la vida y sembrar más de una duda sobre los verdaderos intereses sexuales de sus clientes. ¿Puede considerárselos víctimas de un simulacro, una promesa engañosa, que reaccionan indignados (a veces, con violencia) cuando advierten el engaño al que fueron sometidos, y en el que detestan verse enredados? ¿O por lo contrario, buscan el contacto con alguien que sin ser mujer, exagera sus recursos femeninos de seducción y combina en su persona los atractivos de ambos sexos?
Durante los últimos años, se ha vuelto políticamente correcto hablar de las travestis, convirtiendo una imagen mental de los aludidos en un dato incontrovertible de identidad. Ser mujer ya no sería ni siquiera una construcción cultural, como planteaba hace un par de generaciones Simone de Beauvoir, sino una convicción personal, refrendada por los documentos que suministra el Estado y la comunidad debe aceptar sin otras pruebas, para evitar que se la acuse de discriminación.
Tal vez se considere que las mujeres han obtenido ya tantas reivindicaciones en el mundo profesional de hoy, que el ejercicio de la prostitución al que se encontraban destinadas esté perdiendo la combinación de encanto y disgusto que anteriormente suscitaba de la sociedad. Para el autor del poema del siglo XVI recuperado por Camilo José Cela, la variedad de denominaciones que disponía para referirse a esas mujeres tan deseadas como despreciadas, soñados alivios de su soledad, indica la importancia que ellas habían adquirido en su mundo imaginario.

De cuantas coimas tuve toledanas / de Valencia, Sevilla y otras tierras / izas, rabizas y colipoterras, / hurgamanderas y putarazanas / de cuantas siestas, noches y mañanas / me venían a buscar dando de cerras, / las Vargas, las Correas y Gaitanas, / me veo morir ahora de penuria / en esta desleal isla maldita. (Anónimo: Cancionero General de Amberes)