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domingo, 15 de enero de 2017

DIVORCIADAS EN EL MUNDO MODERNO


Nunca conoces a un hombre, hasta que te has divorciado de él. (Zsa Zsa Gabor)
Rogers y Astaire: The Gay Divorcee
Promediando el siglo XX, el divorcio había pasado a ser un tema de comedia. Ginger Rogers bailaba con Fred Astaire en The Gay Divorcee (1934) y el divorcio se convertía en un asunto lejano y trivial. La protagonista lo gestionaba de mutuo acuerdo, en un país que no era el suyo, para lo cual contrataba a un acompañante que debía colaborar en un simulacro de infidelidad. Ocuparse en serio de los conflictos del divorcio no estaba en los planes de la industria de Hollywood, cuidadosa de no ofender a los sectores más tradicionales de su audiencia. Los actores cómicos podían hacer chistes sobre el divorcio:

Conozco a centenares de maridos que volverían felices al hogar, si no hubiera una esposa que los espera. Quiten a las esposas del matrimonio y no habrá ningún divorcio. (Groucho Marx)

En ambientes que todavía eran menos liberales que el de Hollywood, el divorcio era designado como el gran flagelo de la sociedad moderna, que debía extirparse sin analizar sus causales. El gran problema de las parejas humanas, es que rara vez llegan a serlo del todo y por mucho tiempo. ¿Cómo asemejar a quienes llegan al matrimonio desde opuestas experiencias de vida, comenzando por la tan compleja de pertenecer a distintos géneros, en el caso de la pareja heterosexual? Queda por averiguar si tiene algún interés relacionarse con alguien demasiado parecido. Nadie suele ser del todo sincero cuando se trata de informar a una posible pareja sobre la persona con la que se está relacionando. Ocultar, mentir o embellecer son las estrategias habituales. ¿Quién tiene una imagen objetiva de sí mismo? Lo más probable es que la haya retocado por pudor o en defensa propia. ¿Quién se presenta tal cual es, cuando lo que pretende es dejar de estar solo?
Los intelectuales católicos planteaban una responsabilidad que no aceptaba excepciones.

El divorcio es, en el mejor de los casos, un fracaso, y nos interesa buscar curar su causa que completar sus defectos. (Gilbert K. Chesterton)

El enamoramiento encubre inicialmente una serie de inadecuaciones de los contrayentes, que una vez pasado el punto más alto de la pasión, quedan al descubierto y se vuelve difícil tolerar. La incompatibilidad de caracteres que se argumenta en los procesos de divorcio, puede verse como un argumento banal, pero define un conflicto efectivo. Muchas parejas no sobreviven a la desilusión de percibir la realidad que encubría su relación. Retrospectivamente los ex integrantes de la pareja experimentan enojo: ¿cómo pudieron engañarlos a tal punto personas en las que confiaron? ¿Cómo pudieron ellos mismos ser tan imbéciles, que no advirtieron las discrepancias que ahora les parecen demasiado evidentes?

Todos los hombres que he conocido, se van a la cama con Gilda y despiertan conmigo. (Rita Hayworth)

Rita Hayworth en la madurez
Se acepta en la cultura de la modernidad que el fantaseo compartido puede unir a una pareja que tal vez no tenga mucho en común. Cuando uno de los integrantes no consigue disfrutar del juego tanto como esperaba, la inevitable separación se impone. La actriz Rita Hayworth sabía distanciarse de los personajes de mujer fatal que le encomendaban los empresarios de Hollywood, atendiendo a la demanda de los espectadores de todo el planeta, mientras sus parejas habían quedado aferradas al maravilloso mito, que no existía fuera de la pantalla.
Que los opuestos se atraigan es una atractiva idea para construir ficciones, como The Tame of the Shrew (La Fierecilla Domada) de William Shakespeare, donde una mujer caprichosa es casada contra su voluntad con un hombre que pone todas sus energías en someterla, pero en la práctica la continuidad de la relación que pueda establecerse entre personalidades discordantes suele ser bastante difícil de verificar. Tal vez en el pasado, cuando el poder de la opinión pública y las iglesias, planteaba límites bastante estrictos a la vida privada de las personas, ellas se resignaban a las situaciones incómodas que sufrían, puesto que no se les dejaba espacio para otras alternativas.
La modernidad cambió esa situación. Los fracasos matrimoniales dejaron de estar escondidos, cuando incluían a figuras del espectáculo. Mostrarlas en conflictos, como antes involucradas en romances y bodas glamorosas, las humanizaba y llegaba a convertirlas en equivalentes a los viejos héroes de los cuentos de hadas.
Una mujer bellísima y actriz famosa de mediados del siglo XX, casada seis veces, que fue también una científica tardíamente reconocida por sus aportes a la electrónica, ha dejado anotada su opinión sobre el tema:

Tengo que dejar de casarme con hombres que se sientan inferiores a mí. En algún lugar debe haber un hombre que pueda casarse conmigo sin sentirse inferior. Necesito un hombre inferior superior. (Hedy Lamarr)

¿Cómo afrontar la vida cotidiana con alguien que se siente superior a su pareja, o que impone de hecho su superioridad en más de un aspecto (intelectual, económico, social) sin ofrecer a cambio ningún lado vulnerable que permita aceptar sin demasiada ofensa tales desventajas? A diferencia de lo que sucede con una relación ocasional, una pareja existe simultáneamente en el ámbito privado y en el público. Por lo tanto, es puesta a prueba de acuerdo al juicio de la sociedad y la experiencia más subjetiva de la vida cotidiana. La pareja no puede funcionar en un plano y al mismo tiempo fallar en el otro.
En forma paralela, ¿cómo afrontar la vida cotidiana con alguien (hombre o mujer) que se siente inferior o que impone las evidencias de su inferioridad de manera agresiva a su pareja, sin demostrar autoestima por ningún lado? Las dos situaciones se definen como demasiado odiosas para ser asumidas por una pareja. Cuando se trata de compartir la existencia con otra persona, estar a la par o al menos suspender las comparaciones es un dato fundamental.

Las parejas que acaban divorciándose suelen mostrarse incapaces de encontrar argumentos que detengan la escalada de la tensión. La diferencia existente entre las parejas que mantienen una relación saludable y aquellas que terminan divorciándose, radica en la presencia o ausencia de vías que ayuden a disolver las desavenencias conyugales. Las válvulas de seguridad dependen (…) de acciones tan sencillas como atajar la discusión a tiempo, antes que se desproporcione. (Daniel Goleman: La Inteligencia Emocional)

Bruce Willis, Ashton Kutcher, Demi Moore
Las fotografías de la actriz Demi Moore con sus hijas, el actor Bruce Willis, su anterior pareja de un lado y un hombre bastante más joven, Ashton Kutcher, su nueva pareja del lado opuesto, pudo resultar atractiva para los medios, porque presentaba la evidencia del trato civilizado que se había establecido entre personas que habían roto una relación, pero continuaban entendiéndose, por el bien de los hijos que compartían.
Algunos años más tarde, el divorcio de Moore y Kutcher desarmaba esa hipótesis optimista. La pareja se había quebrado en medio de una disputa plagada de mutuas acusaciones y reclamos que amplificaban los medios. Eso era lo que correspondía esperar. Si una pareja se desarma, lo hace de la peor manera, porque ambos se encuentran enojados y tratan de inferirse tanto daño como les resulta posible, en privado y en público.
Holmes, Cruise, Suri
La separación de los actores Tom Cruise y Kathie Holmes después del nacimiento de su hija Suri, llegó para confirmar las apuestas de la audiencia. Nadie apostaba a que durarían mucho tiempo juntos. Él era adepto a un culto (la Cientología) que ella, cristiana, no aceptaba. Él había alcanzado el punto culminante de su carrera y solo podía esperar su declinación a medida que perdiera la juventud, mientras ella había abandonado su carrera para dedicarse a la maternidad. Separarse para ambos no iba a ser fácil. Había mucho dinero en disputa y sobre todo la tenencia de la hija, que la madre no quería exponer al ambiente frecuentado por el padre.
El dinero y los hijos son los dos temas de discusión más engorrosos que incluye un proceso de divorcio en el mundo moderno y en la sociedad tradicional. ¿Cómo llegar a un acuerdo que deje a ambas partes satisfechas, cuando la pareja se ha llevado tan mal que optaron por disolver el vínculo? Los abogados han convertido ese desacuerdo en un lucrativo campo de su actividad profesional.  Ellos resultan necesarios para zanjar las dificultades, y al mismo tiempo ellos son los impulsores de obstáculos para la parte opuesta.

No se conoce a una mujer, hasta que uno la ve en un juicio. (Norman Mailer)

Desde un punto de vista institucional, las relaciones de pareja se establecen para perdurar en el tiempo (quizás no sea para toda la vida, como simplifica la fórmula del matrimonio cristiano, pero al menos lo suficiente como para dejar la marca de una vida en común). Al mantenerlos juntos, se trata de facilitar la identidad de la descendencia y los derechos al patrimonio que se haya reunido en el curso de la relación, a pesar de lo cual hay ocasiones que las leyes no pueden ignorar, en las que esas relaciones se debilitan y pueden extinguirse.
Para resolver los conflictos que se suscitan cuando las buenas intenciones del comienzo fallan, existen procedimientos de separación y divorcio en casi todos los países, que establecen cómo se apartan dos personas que estuvieron unidas en matrimonio. La eventualidad del fracaso no puede ignorarse, pero al mismo tiempo la complejidad de los problemas que acarrea, no pueden resolverse a cabalidad.

Cuando dos personas están bajo la influencia de la más violenta, la más insana, la más ilusoria y fugaz de las pasiones, se les pide que juren que seguirán en esa condición sobreexcitada, anormal y agotadora hasta que la muerte los separe. (George Bernard Shaw)

Desde el punto de vista emocional, una relación de pareja tarda en diluirse en el olvido, y a veces alguno de los integrantes se empeña en detener el proceso inevitable, o incluso revertirlo. ¿Sirven de algo los buenos modales? Cuando hay enojos que causaron la ruptura, se negocian compensaciones o se permite que el tiempo haga su trabajo reparador. Todo eso requiere paciencia. No se vuelve atrás en las situaciones concretas que causaron la ruptura. Solo se libera del compromiso de mantenerse unidos a aquellos que habían decidido permanecer juntos en los buenos momentos y en los malos… pero ya no son capaces de mantener esa promesa desinformada.
A veces, la situación exige que una mujer hable, por ejemplo del “padre de mis hijos”, para no nombrar siquiera a la persona cuya existencia detesta, pero le resulta imposible negar. Nexos como la paternidad y la maternidad no desaparecen, a pesar de que atraviesen crisis de afecto y ofensas graves. Las relaciones de pareja, en cambio, tienden a debilitarse con el tiempo que apaga la pasión o convierte la vecindad con la persona que se había amado hasta poco antes, en algo imposible de tolerar.

Primero perdí mi voz, luego perdí mi figura, después perdí a Onassis. (Maria Callas)

viernes, 2 de diciembre de 2016

PAREJAS IMPOSIBLES DEL AMOR CORTÉS


Solo el amor cortés de los trovadores ha convertido en lo principal la insatisfacción misma. Creóse entonces una forma del ideal erótico que era susceptible de recoger y albergar predominantemente un contenido ético, sin renunciar por ello a todo nexo con el amor natural a la mujer. (Johan Huizinga: El Otoño de la Edad Media)

En algún momento de la Edad Media, durante el siglo XII, aparece en el sur de Francia la idea del amor cortés (una denominación inventada en los últimos años del siglo XIX, dado que los contemporáneos lo conocían como amor puro o amor fino). Se trataba de una exaltación de la mujer que aparece elevada a una posición de privilegio, desde donde puede evaluar el comportamiento masculino y de acuerdo a sus criterios, castigarlo o premiarlo con sus favores. Sin duda los hombres y las mujeres se sentían atraídos sexualmente desde que se tiene memoria, pero no por ello lo decían en público, ni menos aún lo escribían y cantaban. No era un tema digno de mención.
Durante el siglo XI, se difunde en Europa cristiana el culto a la Virgen María, reverenciada como el ideal de las mujeres, una figura que los hombres están autorizados amar por sus virtudes a toda prueba, pero que bajo ninguna circunstancia llegan a tocar. Sobre el modelo de este amor místico, puede suponerse, adquiere forma el amor cortesano y esto no debería sorprender a nadie. Los elementos de la liturgia cristiana solían ser utilizados para describir los avatares de la sexualidad que no pueden ser nombrados literalmente.
La mujer destinataria del amor cortés es endiosada por su enamorado. Llega a convertirse en una imagen obsesiva para ciertos hombres que no son precisamente sus parejas legales.

Según la tesis oficialmente admitida, el amor cortés nació de una reacción contra la anarquía brutal de las costumbres feudales. Se sabe que el matrimonio, en el siglo XIII, se había convertido para los señores en una pura y simple ocasión de enriquecerse y anexarse tierras dadas en dote o esperada como herencia. Cuando el negocio funcionaba mal, se repudiaba a la mujer. (Denis de Rougemont: El Amor en Occidente)

Occitania era un territorio donde convivían adversarios tales como los cristianos romanos y los cátaros que se tomaban tantas libertades con la doctrina, que en ocasiones podían terminar quemados en la hoguera. También andaban por allí los judíos ortodoxos y los musulmanes. Una vecindad de culturas que podían derivar en el contagio mutuo de temas y enfoques. Los poetas árabes fueron tal vez los primeros en otorgarle a la mujer un rol privilegiado que resultaba ajeno a la cultura cristiana.

Me quedé con ella a solas, sin más tercero que el vino, / mientras el ala de la tiniebla nocturna se abría suavemente. / Era una muchacha sin cuya vecindad perdería la vida. ( ¡Ay de ti! ¿Es que es pecado este anhelo de vivir? / Yo, ella, la copa, el vino blanco y la oscuridad. / Parecíamos tierra, lluvia, perla, oro y azabache. (Ibn Hazm: El collar de la paloma)

Las mujeres quedaban solas mucho tiempo, porque  sus padres, sus hermanos y sus maridos pasaban la mayor parte del tiempo ocupados en cacerías, guerras contra sus vecinos o interminables Cruzadas, que pretendían rescatar de los otomanos la ciudad de Jerusalén y el Santo Sepulcro. ¿Acaso todas las mujeres permanecían fieles a esos hombres, que aprovechaban el espacio que habían creado para su exclusivo disfrute? Ellos podían compartir sus vidas, por un rato, sin comprometerse, con otras mujeres, extranjeras, prostitutas o prisioneras.    

Buen compañero, cantando os llamo; / no durmáis ya, que oigo al pájaro cantar / buscando el día por el monte / y tengo miedo de que el celoso os sorprenda, / ¡Pronto llegará el alba! (Giraud de Borneth)

Mientras los señores feudales andaban lejos, las esposas se convertían en el centro de la actividad económica, administrativa, intelectual y hasta militar de sus dominios. Los trovadores alababan a esas mujeres autónomas, pero no disponibles, con quienes nunca hubieran podido casarse, por pertenecer a clases sociales opuestas y por estar casadas. A pesar de tantos obstáculos de peso, en ciertos casos ellas correspondían al cortejo de los poetas (aunque de acuerdo a la leyenda, los maridos guerreros hubieran tomado la precaución de encerrarlas en cinturones de castidad, cuyas llaves se llevaban consigo y debían impedir cualquier intento de coito vaginal).
En ese ambiente controlado por mujeres educadas como Leonor de Aquitania o Marie de France, florece la cortesía, el trato civilizado, capaz de sublimar los instintos elementales, que habitualmente se imponen en las relaciones que se dan entre hombres y mujeres; un código respetado por todas las partes, que otorga un rol más activo a la mujer, cuando se trata de establecer una pareja, y le impone al hombre la obligación de seducir, en lugar de usar la fuerza.
La mujer del ámbito cortesano no es presentada como un objeto más de su patrimonio, que el hombre utiliza de acuerdo a su capricho, sino como alguien dotado de individualidad y extremadamente valioso, que cuesta obtener y puede perderse en cualquier momento, si por descuido o a sabiendas, se falta a las reglas de comportamiento acordadas. La idea nueva que domina esta relación desigual, es que el hombre se encuentra al servicio de la mujer, tal como el vasallo se pone al servicio del señor feudal.

Estar enamorado es tender hacia el cielo por medio de una mujer (Uc de Saint Cyr).

Por primera vez en la Historia, las mujeres que el cristianismo describía  reiteradamente como tentadoras y temibles puertas del infierno, como las más horrendas armas del diablo, comienzan a ser presentadas en las canciones de los trovadores, como el objeto inalcanzable (y tanto más poderoso) de un deseo masculino eternamente frustrado, que genera composiciones poética. Ellas son atractivas y al mismo tiempo virtuosas (o al menos eso es lo que se canta, para complacerlas).
En el siglo XI aparecen las Cortes del Amor donde las damas instruidas protegen a los trovadores que se les acercan para convertirlas en el objeto de sus canciones. A lo largo del siglo XII surgen por un lado la poesía amorosa escrita por mujeres, que están comenzando a educarse y descubrir la posibilidad de expresar su propia visión del mundo, que no tiene por qué coincidir con la masculina, y por el otro los Tribunales de Amor, presididos por mujeres de la nobleza, como hubo en Toulouse, Narbonne y Poitiers, que se dedicaban a juzgar las llamadas faltas contra el amor, prolijamente enumeradas por André Le Chapelain.

Huye de la avaricia como de una plaga peligrosa y practica la liberalidad.
Evita siempre la mentira.
No seas maledicente.
No divulgues los secretos de tus amantes.
No tengas varios confidentes de tu amor.
Resérvate para tu amante.
No trates a sabiendas de apartar a tu prójimo de su amiga.
No busques el amor de una mujer que de algún modo avergonzara desposar.
Estate siempre atento a los reclamos de las damas.
Trata siempre de ser digno de pertenecer a la caballería del amor.
Al entregarte a los placeres del amor, no sobrepases los deseos de tu amante.
Así des o recibas los placeres del amor, observa siempre cierto pudor. (André Le Chapelain: Preceptos de Amor)

Para seducir a las mujeres, los hombres admitidos en las Cortes deben ponerse al servicio incondicional de ellas, tal como prometen someterse a sus decisiones, ser fieles y defender su honor ante cualquier sospecha que pudiera mancillar su honor (situación capaz de acarrearles problemas tales como ser quemadas).
Los hombres de la clase alta competían en torneos atléticos o misiones difíciles, para obtener el favor de las damas, consistente en la obtención de prendas de vestuario (generalmente pañuelos que conservaban el aroma femenino) o simples miradas, promesas de un amor que no iba a concretarse. A veces, ellos pueden esperar alguna respuesta de ellas durante años y no conseguir nada más que un reproche por la insistencia, que no las compromete a entregarse.
El amor cortés es la manifestación de un deseo masculino que no espera consumarse, que utiliza la distancia respecto de la mujer, como motivación literaria o como el modelo de vida de apariencia virtuosa, pero no menos pecaminosa para las normas de la Iglesia. Georges Duby se ha preguntado si esta sublimación no es en realidad un discurso homosexual encubierto, el simulacro mediante el cual los trovadores cantan al poder del marido ausente (pero actuante, a pesar de la distancia) que se manifiesta en la imposibilidad de que la esposa abandonada se atreva a traicionarlo con otros hombres de su misma clase social, a pesar de la tentación (simbólica) representada por el artista.
El amor cortés indica la aparición de otro tipo de comunicación en el interior de las parejas, uno donde se llega a reconocer en la mujer a un interlocutor que no se encuentra sometido por completo a la voluntad del hombre.

La escasa conexión entre las bellas formas del ideal del amor cortés y la realidad del noviazgo y del matrimonio, era causa de que el elemento del juego de la conversación, del pasatiempo literario, pudiera desplegarse sin trabas en todo lo concerniente a la vida amorosa refinada. El ideal del amor, la bella ficción de lealtad y abnegación, no tenía espacio en las consideraciones materiales con que se contraía matrimonio. (Johan Huizinga: El Otoño de la Edad Media)

jueves, 6 de marzo de 2014

PODER DE LAS EMINENCIAS GRISES

El refrán afirma que detrás de cada gran hombre suele haber una gran mujer. ¿Será que el gran hombre la eclipsa? ¿Tal vez le impide mostrarse? ¿Acaso él ha logrado la preeminencia que disfruta gracias a ella? En cualquier caso, no es una idea cómoda para la mentalidad paternalista. Un gran hombre no tendría que deberle mucho a ninguna mujer, fuera de su madre, porque de no ser así cambiaría el valor que le atribuyen buena parte de sus congéneres. Un hombre célebre demanda el asesoramiento de otros hombres, a quienes designa como sus iguales o subordinados, sin perder el respeto de quienes lo observan, pero si convoca a una mujer para que le permita superar sus deficiencias, alentará la sospecha de que ha renunciado a prerrogativas fundamentales. Tanto del Presidente Bill Clinton como de Barak Obama se cuenta la misma anécdota inventada: durante una gira en la que uno u otro son acompañados por sus esposas, se detienen en un local modesto (estación de servicio o restaurante) y el propietario saluda afectuosamente a la mujer. El marido le pregunta a ella si se conocían, y obtiene la respuesta: fueron novios en su adolescencia. El Presidente reflexiona que de haberse casado con ese comerciante, ella viviría en ese lugar. La Primera Dama lo saca de su error: de haberse casado con el otro, ella viviría en la Casa Blanca. Se da por sentado que los hombres que luchan por el poder y lo obtienen, suelen tener otros hombres que actúan como sus consultores y los ayudan a alcanzar esa posición. Los personajes inteligentes y calculadores, que permanecen en segundo plano, por lo que pueden moverse con bastante libertad, son llamados eminencias grises y representan el verdadero poder detrás del poder. Aspasia de Mileto, de quien sus enemigos afirmaron que se ganaba la vida regenteando un burdel, fue amante de Pericles, conductor de la etapa más creativa de la democracia ateniense. De acuerdo a Plutarco, ella habría aconsejado emprender la Guerra de Samos, que costó la vida de tantos ciudadanos. Responsabilidad similar se le atribuyó por la Guerra del Peloponeso. Aspasia acumuló tantos enemigos, que la llevaron ante los tribunales, bajo la acusación de impiedad y haber corrompido a mujeres con el objeto de entregarlas a Pericles. En la mitología griega, la reina Ónfale consigue esclavizar nada menos que al semidios Heracles (Hércules). Recordando ese modelo humillante, la prolongada relación de Aspasia y Pericles fue vista por los contemporáneos como el sometimiento imperdonable de un hombre que había sido designado como conductor de la comunidad, a una mujer admirada por su elocuencia, deseada por sus destrezas sexuales, pero socialmente inferior, con la que el hombre no podía casarse, como había manifestado que deseaba, por tratarse de una extranjera. Incluso amparada por el más temido, una mujer de la Antigüedad debía permanecer al margen de la escena pública. La reina Leonor de Aquitania era una mujer independiente, en una el siglo XII, cuando tal situación resultaba inadmisible para su género. Eso la llevaba a ser infiel a su primer marido, a polemizar con el Papa, a impulsar a sus tres hijos a rebelarse contra su segundo esposo. Cuando su hijo Ricardo, llamado Corazón de León se enroló en la Tercera Cruzada, Leonor se convirtió en Regente de sus dominios y controló la vida de sus otros hijos y nietos. A pesar de la prolongada influencia que ejerció, tarde o temprano debía ceder el poder a los hombres con los que estaba emparentada. Hoy se ha vuelto posible que una mujer acceda a las altas responsabilidades sin recurrir a engaños, por sus propios méritos, aunque de todos modos haya quien sospeche de maniobras poco limpias y desconfíe de que merezca tal situación.
Al negarles la fuerza, la Naturaleza les ha dado como patrimonio la astucia para proteger su debilidad, y de ahí su falacia habitual y invencible tendencia al embuste. (…) La naturaleza no ha dado a la mujer más que el disimulo para defenderse y protegerse. Esta facultad suple a la fuerza que el hombre toma del vigor de sus miembros y de su razón, El disimulo es innato en la mujer. (Schopenhauer)
Séneca llegó a ser consejero de cuatro emperadores romanos, hacia el comienzo de nuestra era. Maquiavelo fue consultor de la poderosa familia Medici, que dominaba las finanzas de Florencia. Enrique VIII de Inglaterra contó con el apoyo de Tomas Moro y Cromwell, que no se entendían demasiado entre ellos. Napoleón consultaba a Talleyrand y Fouché, dos hombres que a pesar de ser enemigos, lo secundaron en la toma de decisiones. Hitler disponía de interlocutores como Goebbels y Goering. Henry Kissinger estableció la política exterior de los presidentes norteamericanos Nixon y Ford. ¿Fueron ellos menos respetados o temidos, porque recurrieran al asesoramiento de otros hombres? No. La posibilidad de que estas eminencias grises sean mujeres, no se da con la misma frecuencia. Las mujeres pueden ser vistas como compañía ornamental, como madres de familia, como tentaciones peligrosas, pero de allí a solicitar su opinión. Cuando se sospecha que la mujer influye, como se daba por sentado en la relación del Rey Carol II de Rumania con su amante, Magda Lupescu, la imagen del hombre se devalúa. El escritor Leon Tolstoi no sentía en sus últimos años de vida que le debiera nada a Sofía Andreievna, su esposa de toda la vida, que lo había secundado en la escritura de sus grandes novelas, pasando en limpio los manuscritos. Tan molesto se encontraba con ella, opuesta a que dilapidara los bienes de la familia, que la abandonó para salirse con la suya cuando advirtió que estaba por morir.
Una mujer nunca dirá que su marido “no ha alcanzado el éxito por ayudarme a mí”. Sería como disminuirle. Pero, si quieres ser una alta ejecutiva, precisas un sistema de apoyo. (Rosabeth Moss Kanter: Men and women of the corporation)
Una mujer que llega al poder por decisión de un marido a punto de morir, como fue el caso de la Presidente argentina María Estela Martínez de Perón, no tarda en quedar en evidencia como el instrumento de José López Rega, un desequilibrado que la convierte en portavoz y ejecutora de sus delirios. Por absurda que parezca la historia, ¿no sufrieron los Romanov y su corte imperial, en la Rusia zarista de comienzos del siglo XX, la misma seducción de un curandero y místico llamado Rasputin? Cuesta creer el poder que se le atribuye a las eminencias grises. ¿Son efectivamente tan hábiles en su manejo de la gente? ¿La fragilidad de sus víctimas las revela como propensas a que el primer desequilibrado las seduzca?
La inmensa mayoría de la gente es tan femenina en lo concerniente a su naturaleza y opiniones, que su pensamiento y acción se hallan gobernados por sensaciones y sentimientos, más que por consideraciones razonables. (Adolf Hitler)
Calificar como una figura protagónica de la política, supone condiciones inhabituales, sin importar el género. Incluye habilidades de comunicación y análisis de los hechos que no cualquiera dispone. Tampoco es fácil controlarlas. Margaret Thatcher difícilmente hubiera podido desarrollar su carrera política en los años `80, que la condujo a ser Primera Ministra del Reino Unido durante once años, sin el apoyo de Denis, su marido, que permaneció todo el tiempo ajeno a los tejemanejes políticos, silencioso y en segundo plano. En la actualidad, Joachim Sauer, el marido de Angela Merkel, es un profesor universitario que no comparte los intereses de su esposa y casi nunca la acompaña en los actos oficiales, continúa ocupándose de algo tan distante de la política como la Física teórica. La pareja había convivido ocho años, cuando decidieron casarse, probablemente ante el ascenso a la notoriedad de la mujer.
Mi marido no entiende lo que hacemos en la Cancillería. (Angela Merkel)
Para muchos hombres, es una lamentable coincidencia, que las mujeres, después de haber sido derrotadas y puestas en su lugar hace miles de año por el sistema patriarcal, regresen calladamente para disputar el poder monopolizado por sus vencedores. La imagen de Lady Macbeth que Shakespeare elaboró, ofrece una imagen horrible de aquellas hembras que empujan a sus parejas hacia el poder, obligándolos a cometer crímenes que no tardan en arruinarlos a ambos.
El peor ultraje para un hombre, ser gobernado por una mujer; es afrenta y menoscabo a su honor varonil. (Demócrito)
Para la cultura popular, que suele desvirtuar las evidencias, para favorecer la mejor digestión de las ideas dominantes, las mujeres han mandado siempre desde las sombras, entre las sábanas, allí donde no corren demasiado riesgo de perder, ni de lastimar la autoestima masculina. Desde que se tiene memoria, esa estrategia adoptarían al menos las más hábiles y prudentes, que aprendieron a eclipsarse y no responsabilizarse del daño que pueden causar las decisiones de los hombres. Durante el siglo XX, esas precauciones se fueron perdiendo, a medida que se alzaban las restricciones sobre la incorporación femenina a la escena pública.
En la actualidad [2013], según informaba la revista Business Week, de las 18 mujeres que son altas ejecutivas en las mayores empresas de los EEUU, siete de ellas tienen a su marido en casa. Por ejemplo, la presidente de Pepsi, Indra Nooyi, se hace cargo de la compañía. Su marido, Raj Kishan, cambió su trabajo a tiempo completo para convertirse en consultor y ocuparse de sus dos hijas. (Piergiorgio M. Sandra: “Hombres detrás de una gran mujer”)
Mantener a su esposa en segundo plano, era y es un proyecto viable para cualquier hombre que no desea ser opacado. Si eso no le basta, puede desecharla cuando deje de serle útil, para reemplazarla por otra más adecuada para su imagen personal, sin que estas decisiones le acarreen demasiadas críticas de la comunidad. Lamentable es la situación de un marido que al poner límites a su pareja, se encuentra un día marginado por ella. María Kalogeropoúlou, soprano regordeta que había construido una carrera junto a Giovanni Meneghini, su maduro y adinerado esposo, convertido en su representante artístico. Ella no dudó en librarse de su estorbo una década más tarde y cambiar su nombre por Maria Callas. Su nueva pareja, Aristóteles Onassis, no podía ser opacado, porque tenía figuración propia en el mundo de los negocios y no aceptaba roles secundarios. Al atarse a él, Callas debía subordinarse, puesto que dejaba de cantar y ni siquiera llegaba a convertirse en su esposa. Independizarse de un hombre para someterse a otro, era un error que llevó a Callas a la muerte.
¿Por qué una mujer que trabaja diez años para cambiar a un hombre, después se queja de que él ya no es el mismo con el que se casó? (Barbra Streisand)
Aunque las mujeres dispongan hoy de un espacio insospechado en la sociedad, cuando se la compara con la situación de sus congéneres de hace un siglo, no constituyen un verdadero peligro para el dominio masculino. La canción caribeña define la estrategia de los hombres que por comodidad o astucia, dejan que las mujeres controlen un terreno (casi siempre doméstico) en el que con toda seguridad van a cosechar decepciones, pero que les dará la ilusión de haber ganado terreno.
María Cristina me quiere gobernar / y yo le sigo, le sigo la corriente / porque no quiero que diga la gente / que me María Cristina me quiere gobernar. / Que vamos pa´ la playa, allá voy / que móntate en el carro y me monto / que bájate del carro y me bajo / que súbete en el puente y me subo / que tírate en el agua. ¿En el agua? / No, no, no, María Cristina que no, que no / María Cristina me quiere gobernar. (Benito Antonio Fernández Ortiz: María Cristina me quiere gobernar)
Se trata de un repliegue táctico de los hombres. Se las deja avanzar, en la confianza de que más temprano que tarde se distraerán, y entonces… Ellas creen haber vencido una guerra milenaria, pero todos los días llegarán evidencias de que tal cosa no pasó de ser una evaluación poco objetiva.