sábado, 3 de septiembre de 2016

MUJERES PROSTITUIDAS (I): DEL ESTIGMA A LA PIEDAD


Henri de Toulouse-Lautrec: Prostitutas


Aparta, pues, los ojos de la mujer ataviada, y no mires la hermosura que tiene, porque de la vista nace el pensamiento, del pensamiento la delectación, de la delectación el consentimiento, del consentimiento la obra, de la obra la costumbre, de la costumbre la obstinación, y así la condenación para siempre jamás. (Francisco de Castro: Reformación Cristiana, fines del siglo XVI)

Al observar culturas distantes y las épocas más opuestas, se advierte una situación que reaparece: mujeres que se venden (o que con más frecuencia son vendidas por aquellos que tienen algún poder sobre ellas) y hombres que están dispuestos a comprarlas (en ciertas ocasiones, alquilándolas por un rato, en otras convirtiéndose en su propietario legal por el resto de la vida). La imagen es perturbadora para quienes han crecido en el área de influencia de las grandes religiones monoteístas, que suelen asociar al sexo con el pecado, la mancha del historial de alguien (sobre todo, la mujer) que no puede quitarse después de adquirida o que debe expiarla (pagarla) de manera cruenta. 

En Chipre y Fenicia, en la ciudad de Babilonia como en Baalbec, cientos de años antes de nuestra era, las mujeres demostraban su devoción por la diosa de la fertilidad (Artemisa para los griegos, Astarté o Ishtar para los sumerios) prostituyéndose a los extranjeros, en las gradas del templo de la divinidad, con el objeto de donar las ganancias obtenidas al culto. No quedan testimonios que permitan averiguar cuáles eran los sentimientos de aquellos que se involucraban en el tráfico carnal. ¿Lo sufrían estas mujeres como una carga que no se correspondía con sus deseos? ¿Lo aceptaban como una obligación pasajera, similar a lo que hoy es el servicio militar en muchos países? ¿Llegaban a disfrutarlo como un aprendizaje de técnicas sexuales, del cual salían mejor preparadas para el matrimonio?
No importaba que esas mujeres fueran pobres o ricas. Todas cumplían con el ritual. Ante la ausencia de viajeros que se daba en ciertas épocas, algunas de estas fieles debían esperar años para dar cumplimiento a sus obligaciones y quedar en condiciones de casarse.
Una costumbre como ésta, fue condenada por los hebreos, sus enemigos, que habían estado sometidos a los babilónicos y no guardaban buena memoria de esa etapa de su Historia. Para los hebreos, la prostituta debía ser lapidada. Ella enlodaba la imagen del pueblo elegido. Se había expuesto al contacto con hombres de otras creencias. La mala fama que la sociedad babilónica arrastra, puede atribuirse a la decisión hebrea de diferenciarse de sus vecinos que los habían sometido durante siglos.

De los labios de la adúltera fluye miel; su lengua es más suave que el aceite. Pero al fin resulta más amarga que la hiel y más cortante que una espada de dos filos. Sus pies descienden hasta la muerte, sus pasos van derecho al sepulcro. (Proverbios 5: 3-5)

José Echenagusia: Sansón y Dalila
Seducción y perdición de la mujer aparecen estrechamente ligadas en el texto de la Biblia. Aquella que accede a los requerimientos masculinos (y a sus propios deseos) sin atenerse a las normas de contención establecidas por la comunidad, no tiene la oportunidad de redimirse después. En la prostitución femenina no parece haber otro objetivo que extraviar el buen criterio de los hombres, atraparlos con el objeto de despojarlos de su capital y alejarlos de la fe de sus mayores. Dalila no desea a Sansón; solo le permita que él acceda a su cuerpo para derrotar a un conductor del pueblo enemigo.
En el relato de Ezequiel, el comportamiento de dos hermanas hebreas que se prostituyen en Egipto, es descrito en detalle pero sin atisbos de complacencia, con asco, a manera de ejemplo que debe recordarse para no incurrir en nada parecido:

Mandaron a traer a gente de tierras lejanas, y mientras tanto se bañaron, se pintaron los ojos y se adornaron con joyas. Cuando ellos llegaron, ellas los recibieron recostadas en lujosas camas. La mesa estaba ya servida, frente a ellas, y allí pusieron el incienso y el perfume que antes me ofrecían a mí [Dios]. El griterío que se escuchaba era el de una multitud en fiesta. Era la gente que había llegado del desierto, y que estaba adornando a esas mujeres con pulseras y con bellas diademas. (…) Pero un día los hombres justos las acusarán y declararán culpables, porque son unas adúlteras y asesinas. (Ezequiel: 23: 40-45)

Para el Evangelista, la posibilidad de una redención de la mujer pública, viene a sumarse a esa visión condenatoria, aunque solo en casos excepcionales, como el de María Magdalena (o el personaje que nos ha legado la tradición, compuesto por varias mujeres bíblicas del mismo nombre) la decisión de convertirse a la nueva fe le permitiría borrar el pasado, a condición de dedicarse a la difusión del nuevo ideario que la redimía.
Banquete griego con hetairas
En Grecia, como en Roma, la prostitución era tolerada (después de todo, ¿dónde podía un hombre libre encontrar vino, música y buena conversación femenina, si no era en compañía de alguna hetaira?) pero se la mantenía a prudente distancia de la familia legalmente constituida, para que no la corrompiera con su ejemplo; también para que no enlodaran la imagen familiar de sus clientes.
José Frappa: Friné y los jueces
La cortesana Friné, modelo de pintores y escultores, cuyo cuerpo solía ser comparado con el de la diosa Afrodita, fue acusada de impiedad (un delito que acarreaba la muerte, como había comprobado Sócrates). Para defenderla, su abogado Hipérides le pidió que se desnudara ante el tribunal. Bastó ese recurso para que los jueces decidieran que no podían privar al mundo de tanta belleza, que debía provenir de los dioses.  
Para los romanos, el ejercicio de la prostitución no era un oficio exclusivo de las mujeres. Los burdeles masculinos eran tan frecuentes como aquellos atendidos por mujeres. Constantino, emperador romano que se convirtió al cristianismo, prohibió esos establecimientos durante el siglo cuarto de nuestra era, demolió los templos de la diosa de la fertilidad y ordenó que construyeran iglesias en los mismos lugares.
Durante el Medioevo europeo, se alternó la persecución de las prostitutas, a quienes se marcaba con un hierro candente para que no pudieran ocultar la condena de la sociedad, con la aceptación de que se trataba de un mal menor, dada la situación de los hombres, que no podían casarse libremente antes de cumplir los treinta años. La homosexualidad, la masturbación o el bestialismo, se consideraba, eran males todavía peores. Cada una de esas prácticas exponía a los culpables al fuego eterno del Infierno. La mujer que se prostituía era comparada con la sentina de los barcos y los desagües de los palacios: infames, pero inevitables.

Expulsad a las cortesanas y en seguida las pasiones lo confundirán todo, ya que llevan una vida impura, pero las leyes del orden les asignan un lugar, por más vil que sea. (Agustín de Hipona: Confesiones)

Prostíbulo medieval
De acuerdo a pensadores cristianos del Medioevo, el tráfico carnal constituía un pecado venial, si existía consentimiento entre las partes. En todo caso, era preferible la prostitución de los solteros, antes que la infidelidad que atentaba contra uno de los sacramentos instituidos por Dios. Desde el siglo XIV se instalaron burdeles en zonas segregadas de las grandes ciudades europeas, aprovechando la autorización que se les concedía, para cobrarles impuestos que debían financiar las obras públicas. De ese modo, la actividad era tolerada y al mismo tiempo restringida detrás de altos muros, en la confianza de que su existencia no corrompería al resto de la comunidad. 
Dondequiera aparecen las prostitutas, demuestran que la sociedad no otorga a los hombres y las mujeres los mismos derechos y obligaciones. Más aún, demuestran que las mujeres suelen ser puestas al servicio unilateral de los hombres, quienes las buscan para disfrutar (ellos) de la actividad sexual que exigen sus hormonas, pero no están dispuestos a considerarlas (a ellas) como sus iguales en el disfrute, por lo que acompañan el contacto más íntimo con el desprecio.

Vender su cuerpo, o más precisamente adquirirlo para uso sexual, constituye uno de los últimos recursos posibles cuando los medios legítimos de adquisición económica (…) resultan inaccesibles. La prostitución depende de la economía informal, al igual que actividades como el robo, la venta de drogas, la mendicidad o (…) la venta de sangre. En este sentido (…) el ejercicio de la sexualidad venal nunca es un acto voluntario y deliberado. Producto de la ausencia de medios alternativos de vida, resulta siempre de una coacción o, en el mejor de los casos, de un adaptación resignada a una situación marcada por por el desamparo, la carencia o la violencia. (Lilian Mathieu: Las causas económicas y sociales de la prostitución)

La libertad irresponsable que un hombre experimentaba durante su trato con prostitutas, no hubiera podido ser disfrutada en la relación con sus parejas legítimas, cuya compañía probablemente le había sido impuesta por su familia, que no andaba nunca demasiado lejos. El maltrato verbal o físico de la mujer, por ejemplo, no quedaba totalmente excluido del matrimonio, pero debía administrarse con cierta prudencia, para evitar que la víctima recurriera a parientes dispuestos a conceder crédito a sus quejas.
Durante el siglo XVIII, el Marqués de Sade, casado con una dama de su misma clase social, pagaba a prostitutas para que se dejaran azotar (una satisfacción perversa entre las muchas que las firmes convicciones morales de la marquesa rehusaban concederle).  Tan fácil de establecer era el acuerdo con esas mujeres, que el Marqués descontroló los vejámenes y terminó siendo juzgado y encarcelado por su testimonio.
Egon Schiele: Prostituta
El escritor Leopold Sacher-Masoch, avanzado el siglo XIX, pagaba también a prostitutas, para que ellas lo azotaran. Se trata de dos casos de demandas inhabituales,  y por varios motivos inaceptables para muchas parejas que no se han formado gracias al dinero que circula entre los participantes y derriba cualquier escrúpulo.
Pintores como Egon Schiele en Austria y Henri de Toulouse-Lautrec en Francia, frecuentaron los burdeles del siglo XIX y retrataron con crudeza a sus asiladas. No las disfrazaron de diosas antiguas, de rasgos clásicos y pubis depilado. Son mujeres sometidas a tratos no pocas veces infame, cansadas, aburridas, indiferentes al observador.
Ernest James Belloq: prostituta de New Orleans
El fotógrafo Ernest James Belloq hizo algo parecido en New Orleans, pero en unos casos las hizo enmascararse para ocultar su identidad y en otros dañó los negativos con la misma intención, porque se trataba de un oficio perseguido y necesitaba protegerlas. El cineasta japonés Kenji Mizoguchi filmó delicadamente y sin adornos, historias de prostíbulos de antes y después de la Segunda Guerra Mundial, retratando a mujeres obligadas a prostituirse contra su voluntad.
Ninguno de estos artistas pretendía moralizar a los contemporáneos, como había sido habitual en el arte del pasado (ahí está, como muestra, la muy joven pero infame protagonista de la novela Manón Lescaut del siglo XVII), ni tampoco idealizaban el tema, para volverlo más atractivo para los eventuales clientes de las prostitutas (como hizo con elegancia el grabador japonés Katsushika Hokusai, a comienzos del siglo XIX).
Imposible de ser erradicada, pero también imposible de ser oficializada, la prostitución revelaba las contradicciones de una sociedad que en el mejor de los casos, apenas podía intentar que no causara demasiados daños a la salud pública. Guy de Maupassant mostró en el cuento La Casa Tellier el universo pacífico y sin horizontes de un burdel provinciano de mediados del siglo XIX.

El prejuicio de la deshonra asociado a la prostitución, tan violento y tan vivo en las ciudades, no existe en la campaña de Normandía. El campesino dice “Es una buena profesión” y enviaría a sus hijos a mantener un harén de mujeres, como los enviarían a dirigir un internado de señoritas. (Guy de Maupassant: La Casa Tellier)

domingo, 28 de agosto de 2016

MUJERES ENTRE MUJERES


Ingres: El baño turco
Jean Auguste Dominique Ingres, pintor académico del siglo XIX, nunca visitó un baño turco, tema que pintó repetidas veces a lo largo de su vida. Tuvo que conformarse con leer y releer el texto de Lady Mary Wortley Montagu, una curiosa viajera inglesa de comienzos del siglo XVIII, que visitó Adrianópolis y tuvo acceso a situaciones que estaban vedadas a los ojos de los hombres.

Había no menos de doscientas bañistas. Las señoras tomaron asiento, las esclavas las peinaban, todas estaban en su estado natural, completamente desnudas. Sin embargo entre ellas no había gestos indecentes, ni posturas lascivas. Caminaban y se ponían en movimiento con una gracia majestuosa. Había muchas bien formadas, con la piel de una blancura deslumbrante y solo estaban tocadas con sus cabellos, separados en trenzas, que les caían sobre los hombros, adornadas con perlas y cintas. (Mary Wortley Montagu: Cartas)  
Henri de Toulouse Lautrec
El resto, debía imaginarse, como hizo Ingres, y esto podía ser evaluado como una frustración, pero también como un estímulo para la mentalidad masculina. Dos mujeres (o más) pueden ser amigas inseparables, da por sentado la sabiduría popular, pero basta que aparezca un hombre atractivo (a veces, ni siquiera tanto: solo disponible) para que cualquier acuerdo existente entre ellas se quiebre y aflore la traición, la envidia, lo peor de cada una. El prejuicio de que las mujeres no tienen otro objetivo en el mundo que atrapar a un marido, se encuentra tan difundido que cuesta imaginar a dos (o más) mujeres que tengan otros intereses que no pasen por la reproducción, ni compitan por los favores masculinos.
La imagen de una mujer atraída por otra mujer, es demasiado perturbadora para la mentalidad patriarcal. Desubica al hombre de su rol imaginario como centro de la actividad femenina. Para los sumerios, de acuerdo al Código de Hammurabi, redactado en el siglo XVIII antes de nuestra era, había hijas de actitudes varoniles (salzikrum) que tenían derecho a heredar de su padre, como cualquier hombre, y podían tomar una esposa o varias.
En China, durante el siglo III de nuestra era, las relaciones amorosas no ocasionales entre dos mujeres, no causaban mayor escándalo. Era algo que podía suceder, y cuando ocurría se lo tomaba en cuenta, para no cometer el error de presionarlas para rectificar su voluntad o castigarlas por no sumarse a las tendencias heterosexuales dominantes en la sociedad.

Cuando dos mujeres se relacionan entre ellas como marido y mujer, se denomina esta situación dui shi. (Ying Shao)

Miembros de Orquidea Dorada, siglo XX
Las llamadas Asociaciones de la Orquídea dorada, apoyaban la alternativa de que dos mujeres compartieran sus vidas sin necesidad de esconderlo. La institución perduró  hasta  muy avanzado el siglo XX. Las integrantes podían adoptar hijas y heredar.
Cuando se trataba de mujeres que seguían el modelo de comportamiento de Safo, la sociedad europea preferían mirar para otro lado. Si durante siglos se había dudado que las hembras tuvieran alma, y solían ser vistas como un instrumento del Demonio para tentar a los hombres, comprobar que se entretuvieran entre ellas, sin recurrir a artefactos que imitaran los genitales masculinos, no pasaba de ser una estupidez, repulsiva pero incapaz de generar nuevas almas. Todo cambiaba radicalmente, si la relación incluía artefactos. En tal caso, la relación se convertía en una burla inaceptable contra Dios, que había creado al Hombre a su imagen y semejanza. Por lo tanto, se las castigaba a perder un miembro por las dos primeras faltas en las que incurrieran y a morir en la hoguera por la tercera. En eso al menos, quedaban a la par con los sodomitas, condenados también a achicharrarse. ¿Detenía esa amenaza los sentimientos de las mujeres atraídas por otras mujeres?

Cuando recuerdo los besos que me disteis / y la forma en que con tiernas palabras / acariciasteis mis pequeños pechos / quisiera morir / porque no os puedo ver. (Monja de un monasterio de Baviera)

Pareja Medioevo
Este poema del siglo XII podría ser entendido como el discurso demasiado sincero de una mujer a su pareja masculina, si no estuviera destinado a otra mujer. Durante el Medioevo, cuando la religiosidad tenía un rol tan destacado en todos los planos de la sociedad, se desconfiaba de la sexualidad de las monjas. Dentro de los conventos, resultaba evidente que podían estar libres de todo trato con los hombres, como habían prometido al tomar los hábitos ¿pero quién garantizaba que no aprovecharan su aislamiento para disfrutar del sexo con otras mujeres enclaustradas y lejos de testigos? Durante el siglo XIII, se les prohibió a las monjas compartir habitaciones y se les obligaba a mantener siempre alguna luz encendida en el recinto donde dormían.
Las fórmulas de cortesía intercambiadas por las mujeres, lograban expresar a veces sentimientos más intensos de lo que aparentaban:

Así cuando yo mía / te llamo, no pretendo / que juzguen que eres mía, / sino solo que yo ser tuya quiero. (Sor Juana Inés de la Cruz)

La llegada de los conquistadores europeos al continente americano, les deparó más de una sorpresa, como la tolerada convivencia de parejas del mismo sexo, de acuerdo a lo que dejó constancia el monje Pedro de Magalhäes de Gándavo, después de vivir entre los tupinambás.

Algunas indias de esta región juran y prometen castidad y así no se casan ni conocen hombre de ninguna calidad, ni lo consentirán aunque las maten. Estas dejan todas las actividades de mujeres e imitan a los hombres y realizan sus oficios como si no fueran mujeres. Cada una tiene una mujer a su servicio, que le hace de comer como si estuviesen casadas. (Pedro de Magalhäes de Gándavo).

Si algo parecido a una pareja femenina se daba, lo habitual en el pasado era ocultarlo cuidadosamente (los involucrados) y esperar que no causara demasiado escándalo (los testigos más tolerantes). Siendo tan difícil hablar del tema, ¿por qué no callar, simplemente, en la esperanza de que nadie más lo advirtiera o la pasión se enfriara? Cuando el afecto nacía, la intimidad podía ser escasa, pero la relación se manifestaba a través de la palabra escrita, estimulante de la imaginación en quien la redactaba y quién la leía y estaba obligada a esconderla.

Recuerdo tus ojos, con una especie de brillo burlón en ellos, y la sensación de esa esquina suave, justo al noreste de tu boca, contra mis labios. (Eleanor Roosevelt: carta a Lorena Hickock)

Lorena Hickok - Eleanor Roosevelt
La correspondencia entre Eleanor Roosevelt, la sobrina de un Presidente y madura esposa de otro Presidente norteamericano,  madre de cuatro hijos, y Lorena Hickok, una periodista que la acompañó durante décadas, a quien escribió más de dos mil cartas, suministra indicios de una amistad tan profunda y firme que cuesta no interpretar como erótica. Debieron pasar muchos años para que el tema comenzara a mencionarse en público.

Cuando tú vuelvas, si es que vuelves, no te vayas en seguida. Yo quiero acabarme contigo y quiero morirme en tus brazos. (Gabriela Mistral: carta a Doris Dana)

Gabriela Mistral y Doris Dana
La escritora chilena Gabriela Mistral, ganadora del Premio Nobel de Literatura, mantuvo una prolongada relación de ocho años con su secretaria, Doris Dana, a quien convirtió en su heredera. Durante años, se prefirió no mencionar en público el carácter de esa relación, que ocurría en el extranjero, fuera del escrutinio de parientes, amistades e intrusos. Dana preservó las cartas de su pareja (aunque no aceptó que todas fueran microfilmadas), y sus herederos mantuvieron el silencio hasta varios años después de su muerte.
Marguerite Yourcenar
Tampoco la escritora francesa Marguerite Yourcenar confesó que su relación de cuatro décadas con la profesora Grace Frick, fuera la de una pareja de mujeres, en la que no hacía falta la participación de ningún hombre. Aunque en su obra es frecuente el tema de la homosexualidad masculina (ver Memorias de Adriano) Yourcenar mantuvo una constante distancia respecto de sus experiencias. La relación entre dos mujeres, que no hubiera debido ofender a nadie, quedaba marcada por un pudor que puede confundirse con el temor a la discriminación social.
Lejos de la mentalidad bien pensante de los círculos más educados de Occidente, en la comunidad africana de Lesotho, las mujeres pueden establecer relaciones durables que son aceptadas por la sociedad. En los países islámicos, relaciones de ese tipo son condenadas con la cárcel o la muerte en la actualidad, aunque hubo mayor tolerancia en el pasado.
La posibilidad de que una mujer se sienta atraída por la idea de formar una pareja estable con otra mujer, tradicionalmente ponía en crisis la hipótesis milenaria de que el objetivo fundamental de las parejas debía ser la procreación. Hay sin duda otras formas de concebir la relación, sin importar cuán difícil resulte identificarlas, porque la sociedad suele oponerse a tales decisiones y exige de aquellas que se apartan de la norma heterosexual, un disimulo o un represión de sus impulsos, que en la actualidad no todas están dispuestos a aceptar.
Safo
Los antiguos griegos, no veían mayores conflictos en reconocer la existencia de otras parejas que no fueran aquellas dedicadas a la reproducción de la especie. Junto al amor entre géneros opuestos (hombre/mujer), existía el amor entre iguales. Safo y su círculo femenino de la isla de Lesbos, pueden haber sido una excepción a la sociedad patriarcal dominante, pero indican un ambiente de tolerancia que la cultura cristiana condenó sin atenuantes.
Como las esposas no eran demasiado apreciadas por una sociedad que las limitaba a la función de meras reproductoras de la especie, los mayores elogios que recibían las de su género estaban dedicados a las educadas y bien maquilladas hetairas (prostitutas), que habían tenido la oportunidad de conocer el mundo, no se casaban y disponían de un capital. Con ellas un hombre podía beber, discutir y disfrutar de su habilidad en las artes amatorias.

En la cultura griega, que valoraba el matrimonio, sin preocuparse del desarrollo intelectual y cívico de las mujeres, los contactos entre personas de distintos sexo quedaban limitados a la procreación, mientras que en forma paralela se facilitaba la proximidad entre personas del mismo sexo. La guerra, el deporte y la educación, permitían el contacto íntimo entre los hombres, al mismo tiempo que el gineceo o área del hogar reservado a las mujeres (el harén para los musulmanes) era un espacio raramente frecuentado por los hombres, reservado para los miembros femeninos de la familia, que se convertía en el ámbito ideal para la intimidad entre ellas, aunque no para su educación formal, que hubiera podido independizarlas del mandato masculino.

lunes, 22 de agosto de 2016

NOVIAS COMPRADAS POR CATÁLOGO


Novia ucraniana
Afortunadamente la mujer del Este de Europa tiene un nivel de exigencia menor que la mujer española, y a diferencia de nuestro país, en Ucrania las mujeres bellas no son vanidosas. (…) No suele haber vanidad en las mujeres guapas con pocos ingresos. (…) La mujer rusa o ucraniana no comprende el comportamiento individualistas que tiene la mujer española de hoy en día, ni comprende la cultura del feminismo tal como se lo entiende en nuestro país; esto lo vera “antinatural”. (página web de Tu Pareja Rusa, Agencia Matrimonial española)

La oferta puede ser tentadora: una novia a la antigua, ignorante de las reivindicaciones de la modernidad, bella, extranjera, distanciada de amigos y parientes, obligada a lidiar con una lengua extraña que la invita a guardar silencio, enfrentada a costumbres que desconoce, dependiente de un hombre que se ha visto obligado a comprarla, por ser incapaz de seducir a una mujer de su comunidad.
Jacob y Raquel
Armar una pareja es un asunto que impone graves responsabilidades a las partes involucradas. Los acuerdos no se entablan siempre sobre las mismas bases. Algunas culturas exigen de la familia de la novia, que compense al novio por los gastos en que habrá de incurrir al casarse. Otras culturas, en cambio, exigen del novio que pague por el privilegio de llevarse a la novia. En la Biblia, Jacob no puede pagar al contado la dote que le exige Labán, su probable suegro, para casarse con Raquel. Por lo tanto le ofrece la alternativa de trabajar siete años para él, sin cobrarle nada (ni tocar a la novia) mientras tanto. El rey Saúl exige a David algo todavía más complicado para entregarle en matrimonio a su hija Mikhal: 100 prepucios cortados a los enemigos filisteos.
¿Cómo se establece el precio de la novia? La dote de una virgen duplicaba en Medio Oriente a la de otra muchacha que no pudiera demostrarse intacta. Las adolescentes sirias de 16 a 16 años, son vendidas en la actualidad por U$ 2000 o 3000 a los magnates saudíes deseosos de ostentar varias esposas.
Novias vietnamitas
El precio de una novia vietnamita puede variar entre U$ 3000 y 15.000, si se trata de alguien muy joven (y se supone, sin experiencia). Las novias de más edad son más baratas. Las vietnamitas menos afortunadas, que no consiguen marido, terminan como prostitutas, para compensar los presuntos gastos en los que habrían incurrido los intermediarios que se dedican a ese tráfico.
Tradicionalmente las novias europeas llegaban al matrimonio con un ajuar, consistente en sábanas, manteles, vestidos,  joyas, camisones, vajilla, incluso ropa de bebé, cuya compra o confección le había insumido gran parte del noviazgo. La reunión de ese capital en objetos, explicaba que los noviazgos se extendieran en el tiempo, para permitirle reunir ese tesoro, que debía asegurar la felicidad de la vida en pareja. La dote era el aporte de la familia de la novia al nuevo hogar, que debía ser administrado por el marido (y tendría que devolver, intacto, si la relación fracasara).
Afiche de La Novia Vendida
Prodána nevêsta (La novia vendida), la ópera de Bêdrich Smetana, muestra las costumbres tradicionales de los campesinos de Bohemia. Las doncellas eran casadas con los pretendientes que escogía la familia, utilizando los servicios de algún casamentero, sin atender a los sentimientos de las candidatas. Aunque se trata de una comedia, un género que exige la elaboración de un final feliz, la novia es ofrecida en venta por su enamorado, que no es la pareja elegida por su familia, y solo una revelación final salva a la protagonista de convertirse en la mujer del hombre que detesta.
Si alguien resistía participar en estas negociaciones, que no prestaban atención a los sentimientos de las mujeres y solo tomaban en cuenta el capital de los hombres, hubiera sido condenado por la comunidad. Lejos de haber desaparecido con la modernidad, estas prácticas han reaparecido allí donde se creía haberlas extirpado.
En China continúan practicándose ciertas normas de eugenesia que restringen el nacimiento de mujeres (cada 100 mujeres, hay 118 hombres) y a la larga restringen la posibilidad de hallar esposas. Esto se combina con el alto costo de las ceremonias nupciales que exige la tradición. Como solución, se recurre en la actualidad a la compra de mujeres vietnamitas, birmanas, laosianas o camboyanas. La dote que debe pagarse por una mujer china es demasiado alta y no todos los solteros se encuentran en condiciones de afrontarla. De restringirse los chinos a la oferta nacional de mujeres de su país, muchos hombres se quedarían sin la suya. Las vietnamitas provienen de regiones rurales donde la vida cotidiana es difícil y ven la posibilidad de casarse con un chino adinerado como una evidente mejora.
Vestido de novia china
No pasa lo mismo en los matrimonios de vietnamitas o filipinas con coreanos, que a pesar del alto desarrollo económico del país, las introduce en una cultura desconocida para ellas y sometidas a hombres maduro, carentes de educación formal, que han sido discriminados como parejas por sus compatriotas.

Las coreanas buscan a hombres de un nivel económico y sociocultural superior, por lo que muchos de los estratos más bajos quedan excluidos. (Lee Sang-Lim)

Novias provenientes de Uzbekistán o Rusia son las más costosas que se ofrecen en el mercado coreano. Se calcula que 30.000 matrimonios internacionales fueron celebrados en Corea durante el 2012 (un 10% de todos los registrados en el país). Las agencias matrimoniales coreanas hacen costosas giras a Vietnam, para los solteros a quienes presentan hasta un centenar de mujeres que no han estado casadas previamente. Mediante la inversión de U$ 6000 a 11000, se accede a un sistema de varias citas en las que participan intérpretes para facilitar la barrera idiomática, las candidatas son reducidas a una y se efectúa el contacto con la familia, que es compensada con U$ 1000 por la pérdida de la mujer.
El matrimonio se celebra de inmediato (todo el proceso insume tres días) y la pareja viaja de regreso a Corea del Sur. De acuerdo a las evidencias suministradas por las quejas presentadas ante Tribunales, el 40% de las esposas extranjeras denuncia haber sufrido abusos de sus maridos y parientes;  la tasa de divorcios de estas parejas es altísima.

Criar una hija es como regar el jardín del vecino. (Refrán hindú)

En la India, hay Estados como Rajastán y Haryana, donde el precio de las novias es más alto que en otros, porque los padres prefieren invertir menos en las niñas, por ejemplo, alimentarlas peor, despreocuparse de su salud, considerarlas demasiado costosas y de alto riesgo. Cuando hay que casar a los hombres que no encuentran novias, se importan adolescentes de Bengala, Bihar y Jharkhand. En una sociedad que tradicionalmente estuvo dividida en castas incomunicadas, los hombres jóvenes pertenecientes a los brahmanes, no deberían casarse con novias provenientes de lo que se considera castas inferiores.
No es raro que las mujeres se vendan o revendan varias veces. En el campo, donde tiene vigencia el trueque, una novia joven puede ser cambiada por una vaca. Las deuda de un familia puede ser pagada mediante la entrega de una joven al acreedor. Se las utiliza como mano de obra no calificada. Al cabo de un par de años de trabajo esclavo, la inversión hecha por el marido puede considerarse amortizada.

La mujer es el reposo del guerrero. (Friedrich Nietzsche)

Niñas secuestradas por Boko Haram
El movimiento islámico Boko Haram secuestró en Nigeria a 234 adolescentes, en los primeros meses de 2014. Ellas permanecieron retenidas durante meses, fueron violadas y embarazadas por los militantes del fundamentalismo islámico que habrían pagado unos U$ 12 por cada una. Ellas pasaron a convertirse en un botín de guerra; o mejor aún, en la evidencia para los hombres de que al entregarse a una causa que consideran santa, van a ser recompensados en este mundo o el otro, con todo lo que desean.
El rapto de mujeres por el novio y sus parientes, fue una práctica habitual de los pueblos primitivos y todavía se practica en África, Asia Central, India, el Cáucaso (donde la costumbre fue prohibida durante la existencia de la Unión Soviética y ha retornado tras la caída del socialismo), entre los gitanos y comunidades indígenas de México. En otros lugares, se lo considera un delito que la Ley persigue, pero hay sitios donde la costumbre se encuentra tan firme, que las autoridades prefieren mirar para otro lado.
Mediante el rapto, la novia, que suele ser muy joven, queda excluida definitivamente de su familia paterna, para incorporarse a la familia de su pareja, donde le esperan maltratos y la obligación de convertirse en mano de obra no remunerada.
Boda en Kirguistán
En Kirguistán se calcula que la mitad de los matrimonios nacen de situaciones como esas. La joven secuestrada es retenida por la familia del secuestrador, que en caso de hallar resistencia, intenta convencerla de aceptar la propuesta de matrimonio.  Si se niega, aunque no haya habido contacto sexual con el hombre, se suponen que ella ha perdido la preciada virginidad y puede ser maldecida. La comunidad la desprecia; su familia no sabe qué hacer con ella. Más le vale aceptar la situación en la que se ha visto precipitada.
En Etiopía el raptor esconde a la mujer que ha raptado y se dedica a violarla hasta asegurarse de haberla embarazado. A partir de ese momento, ella le pertenece definitivamente y él se encuentra en condiciones de negociar con sus parientes el pago de una dote matrimonial, sin riesgo de que lo rechacen.
Podrá argumentarse que gracias al rapto se establecen parejas libres de los riesgos genéticos planteados por un parentesco demasiado próximo. Si un hombre decidía formar pareja en el interior de su comunidad de origen, porque las mujeres disponibles se encontraban cerca y el deseo sexual resultaba demasiado apremiante, lo más probable era que terminara casándose con alguna de sus parientes cercanas, una situación que no tardó en evaluarse como un riesgo de taras genéticas para la descendencia.
Lejos de ser considerado un acto violento, que desafiaba el orden establecido y creaba enemistades graves, el rapto de la mujer de un grupo por un extraño de otro grupo, era visto como una actividad que la comunidad propiciaba, para que las parejas no incurrieran en incesto. Por eso había festivos simulacros de rapto, incorporados a los ritos nupciales, como el gesto del novio de alzar a la novia en brazos, para cruzar el umbral de la morada que ocuparía la nueva pareja.
Marc Chagall: El cumpleaños
Cuando se analiza el rapto, de acuerdo a la óptica masculina ¿no estarán exagerando las mujeres que se resisten demasiado? Alguna demostración de pudor es bienvenida, para confirmar que ellas son decentes e incluso para excitar a los hombres que desean preservar su imagen de dueños de la situación. Cuando se las derrota y obliga a aceptar el sexo de su vencedor, ya sea con palabras, caricias o golpes, ellas terminan saliéndose con la suya. ¿No era eso lo que buscaban? También las gatas ofrecen resistencia feroz, para excitar al macho que la corteja.
Tanta negativa, sospechan los violadores, no pasaría de ser una representación a la que ellos al menos no tomarán demasiado en serie. No está mal que se dé, como parte de un ritual milenario, pero ningún hombre convencido de que está haciendo lo correcto, le prestará mucha atención.
La iglesia católica prefirió considerar válidos aquellos raptos que las víctimas hubieran consentido, sin dejar de condenar a los implicados (la víctima y el victimario por igual).

No puede haber matrimonio alguno entre el raptor y la robada, por todo el tiempo que permanezca ésta en poder del raptor. Mas, si separada de éste y puesta en lugar seguro y libre, consintiere en tenerle por marido, téngale éste por mujer, quedando no obstante excomulgados de Derecho y perpetuamente infames e incapaces de toda dignidad, así el mismo raptor como todos los que le aconsejan auxiliaron y favorecieron. (Concilio de Trento)

A pesar de los cambios de sensibilidad respecto de los derechos de las mujeres, que se han definido en muchos países de la actualidad, el raptor o el violador pueden eludir cualquier represalia de la sociedad, mediante el cómodo trámite de casarse con la ofendida, mientras que a ella se le brinda la oportunidad de escoger si quiere vivir deshonrada el resto de su vida, o si prefiere unirse en matrimonio a quien la dañó. La simetría no es posible.