viernes, 11 de septiembre de 2015

MUJERES DESAFIANTES



Desposorio
Cuando llegan a cierta edad, hombres y mujeres que gozan de buena salud deben casarse y reproducirse, no de cualquier modo, sino siguiendo las normas establecidas por la sociedad para situaciones como esas. Las normas suelen ser estrictas, incluso en aquellos pueblos que se supone primitivos. La posibilidad de desafiar esas restricciones no es la misma para hombres y mujeres. Ellas sufren castigos y discriminaciones, incluso cuando fueron víctimas de situaciones que no llegaron a comprender.
Las religiones monoteístas no toleran infracciones, cuando se trata de parejas que pertenecen a distintos credos. La Biblia abunda en historias de parejas que desafían las leyes de Dios y causan la ruina de la comunidad, porque se han armado involucrando a mujeres que en unos casos toman la iniciativa y en otros son víctimas de un atractivo peligroso, incontrolable.
Jezabel fue una princesa fenicia, que adoraba a otros dioses, los de su pueblo y trajo la desgracia al rey Acab, su marido israelita. Ella es recordada como ejemplo de la perversidad femenina que los hombres temerosos de Dios deben tomar en cuenta cada vez que se sientan tentados de intimar con extranjeras. Pueden ser atractivas, pero indignas de confianza. Jezabel es desde todos los puntos de vista, una figura execrable.
Sanson y Dalila estaban condenados a no entenderse, porque él era el invencible conductor de los israelitas, mientras ella provenía del pueblo filisteo, y de acuerdo a la Biblia, si lo sedujo fue con el objeto de destruirlo, cortándole los cabellos que le otorgaban fuerza descomunal, para dejarlo ciego a continuación. La lección de esta historia es fácil de percibir: las mujeres que no están permitidas por los códigos de la comunidad, son funestas.
Artemisia Gentileschi: Judith y Holofernes
Sobre la relación de Holofernes y Judith, se sabe que no podía prolongarse más allá de una noche, porque ella, una virtuosa viuda judía, que aceptó el sacrificio de quebrar su duelo y entregarse al general del ejército enemigo, con la finalidad de degollarlo cuando estuviera dormido.
La historia de David y Bethsabé desconcierta, porque el desafío a la ley de Dios es todavía más evidente, y sin embargo el castigo que debiera llegar no se produce. Cuando David es consagrado Rey de Israel, después de demostrado su apego a la Ley, de pronto pierde todo control sobre sus actos, por contemplar a Bethsabé en el patio de la casa vecina, mientras se baña. ¿Es ella tan inocente como puede pensarse? La Biblia no se preocupa de ella, más que como objeto tentador.
David decide conquistarla, a pesar de tratarse de una mujer casada, olvidando que el castigo a los adúlteros es la lapidación. Envía al marido al frente de batalla, donde la muerte lo alcanza. David se casa entonces con Bethsabé, desafiando la maldición del profeta Natán, que le advierte que el hijo que espera la mujer habrá de morir, como efectivamente ocurre. David negocia con Dios el perdón de sus faltas, mediante el ayuno y la abstinencia, para evitar que la desgracia caiga sobre Salomón, su segundo hijo. Dios atiende sus súplicas.
Lippi y Lucrezia Buti
A comienzos del siglo XVI, Fra Filippo de Tomasso Lippi quedó huérfano cuando era un niño. Sus parientes lo entregaron a los monjes del Carmen en Florencia, a los ocho años. Fue la mejor decisión, pudo creerse, cuando profesó los votos religiosos a los quince años y se convirtió en uno de los discípulos de Masaccio, el pintor más famoso de la época. Lippi crecía en un ambiente protegido y hallaba la manera de desarrollar su capacidad creativa.
No obstante, Lippi no debió sentirse demasiado feliz con la vida que se veía obligado a seguir en un claustro, una existencia que no había elegido y sin embargo hubiera podido disfrutar sin mayores apremios. La Iglesia era el principal cliente de los artistas de la época. Su trabajo era reconocido. Ignoramos si tuvo aventuras que pasaron desapercibidas durante años, pero de haber desafiado las normas del monasterio, nho habría sucedido lo que pasó cuando llegó a la madurez. Lippi utilizó como modelo de una de sus pinturas religiosas a una monja, Lucrezia Buti, treinta años más joven que él. El interés que le había despertado ella no era solo profesional, porque la secuestró del convento durante una procesión y la convirtió en su amante, cuando él había cumplido cincuenta años, para escándalo de una comunidad que podía ser poco virtuosa en privado, pero guardaba las apariencias en público.
El Papa Pío II admiraba al artista y dispensó a ambos de sus votos religiosos, con lo cual permitía la celebración del matrimonio (una autorización que el pintor desaprovechó). Filippo y Lucrezia tuvieron un hijo, Filipino Lippi, reconocido como talentoso pintor, y luego una hija, Alessandria. De acuerdo a Giorgio Vasari, que narró las anécdotas escandalosas de los grandes artistas de su época, los parientes de Lucrecia envenenaron al pintor, para vengar la ofensa que habían sufrido. La historia de la pareja fue utilizada en el siglo XIX por el poeta Robert Browning y en el siglo XX por Gabrielle D´Annunzio, ha llegado a convertirse en emblema de los enamorados que desafían a poderes superiores a su pasión.
Lord Byron y Augusta Leigh
Los castigos que se prometen a los que se atrevan a desafiar el criterio dominante en una determinada sociedad sobre la elección de pareja, hace retroceder a quienes experimentan la tentación. Una elección como esa, que podría considerarse restringida a la privacidad, tiene consecuencias duraderas sobre todas las actividades de un ser humano. Lord Byron era un poeta reconocido, a comienzos del siglo XIX, en Inglaterra. Sus efímeras relaciones heterosexuales (y algunas homosexuales) habían sido aceptadas como evidencias de su extravagancia. La relación con Augusta Leigh, su hermanastra, en cambio, superó la buena voluntad de sus contemporáneos. El rumor atribuyó a Lord Byron la paternidad de una hija de Augusta y precipitó su destierro, para evitar que fuera juzgado por incesto.

Todas las cosas que amo me traen un recuerdo… Tú. (Lord Byron: carta a Augusta Leigh)

Las restricciones sociales más severas en la sociedad tradicional, afectaban a relaciones de pareja que pudieran tener algún futuro. Si una relación era fugaz, como la planteada en la prostitución o lo pederastia, daba lo mismo con quien se involucrara alguien. Casarse y tener hijos imponía otros criterios, más restrictivos.
La represión del Estado a las parejas compuestas por personas de distintas etnias, se manifestó en la Alemania nazi, con el objeto de evitar las relaciones entre aquellos a quienes se denominaba arios, definidos como cristianos rubios, de ojos claros, descendientes de un mítico pueblo indoeuropeo, y los judíos, a quienes se veía como un pueblo sin patria, corruptores de la raza perfecta.

El judío es el fermento de descomposición de los pueblos. A diferencia del ario. el judío es incapaz de fundar un Estado e incapaz asimismo de crear nada. Solo es capaz de quitar, de robar o de destruir, imbuido por el espíritu de la envidia. (Aldolf Hitler)

La arbitrariedad de una descripción como esa, tenía como objeto justificar la supresión de garantías, el despojo de bienes y posteriormente el exterminio de millones de seres humanos, que hasta entonces, durante siglos, habían convivido con el resto de los alemanes. Los matrimonios mixtos, en cambio, diluían las fronteras, estimulaban la tolerancia y sobre todo favorecían la reproducción de aquellos que se presentaban como adversarios. Prohibir los matrimonios, anularlos cuando ya se habían establecido y eliminar a los hijos nacidos de esa situación, se convirtieron en medidas urgentes para el nazismo.
Pareja interracial
Miscegenetion (mestizaje) es el término inglés que indica el asco de la sociedad tradicional norteamericana ante una posible contaminación racial entre blancos y negros, blancos e indios o blancos y orientales. Había sido normal que los propietarios blancos utilizaran a sus esclavas para disfrutar el sexo con ellas, disponiendo de la ventaja adicional de engendrar hijos esclavos que incrementaban su capital. Cuando la misma situación se daba con mujeres negras libres, no podía ser tolerada por los sectores más conservadores, porque ellas o sus hijos podían reclamar el acceso a un capital que su color de piel les vedaba.
Se comenzó a hablar de miscenetion durante la Guerra Civil norteamericana del siglo XIX. Varias leyes prohibieron durante un siglo, en distintos Estados, la legalización de las parejas interraciales. A mediados de los años ´60 del siglo XX, la pareja formada por Mildred Jeter y Richard Loving (ella negra, él blanco) fue condenada a un año de cárcel en el Estado de Virginia, por haberse casado. La sentencia quedó en suspenso, con la condición de que abandonaran Virginia por veinticinco años. Lo que importaba era que el mal ejemplo no cundiera.

Mi marido es blanco y yo negra. Nos casamos hace cinco años en Washington, porque sabíamos que en nuestro condado del Estado de Virginia había ley que prohibía los matrimonios interraciales. Al regresar a casa, recién casados, fuimos encarcelados, juzgados y abandonar el Estado. (…) Sabemos que no podemos vivir allí, pero nos gustaría volver juntos por última vez, para despedirnos de nuestras familias y amigos. (Mildred Jeter: carta a Robert Kennedy)

En Sudáfrica, desde 1945 a 1985, las leyes del apartheid condenaban a la cárcel a quienes incurrieran en ese desafío. Las personas que no estén satisfechos con esas normas, deberán resignarse a cierta dosis (grande o pequeña) de infelicidad. Será el precio que pagan para que no se los margine o someta a castigos.
Algunos encuentran la manera de infringir las reglas en privado, sobre todo en las grandes ciudades, un ámbito en el que las parejas se mueven con mayor libertad y pueden eludir el control y las sanciones del colectivo. Por eso en la cultura urbana proliferan el adulterio, la prostitución y se establecen parejas que sirven como pantallas de otros estilos de vida, que no son precisamente los aceptados por la mayoría.
Junto a lo anterior, hay también parejas (son las menos) que proclaman su falta de respeto por las convenciones que venera la sociedad. Por distintos motivos, que van desde el haber sido descubiertos hasta la voluntad de exhibirse como modelos de vida alternativos, enfrentan a la opinión mayoritaria y proclaman la decisión personal de continuar una relación que la mayoría reprueba.

sábado, 25 de julio de 2015

MUJERES EXHIBIDAS Y OCULTADAS


Magic Mike
La exhibición de los cuerpos de hombres poco vestidos no es habitual. Si bien se daba en los juegos deportivos de la Antigüedad y los tiempos modernos, llega a imponerse durante los últimos años en espectáculos de strip tease mitificados en las despedidas de solteras y el filme Magic Mike, lo más probable es que los hombres se exhiban vestidos (incluso revestidos) de ropas, ornamentos y protecciones que suministran una imagen capaz de imponer distancia y en más de un caso temor a los observadores.
Con las mujeres es diferente. Las mujeres son encaradas como reproductoras u objetos del deseo masculino. Por lo tanto ellas se exhiben en ciertas ocasiones y se ocultan en otras, de acuerdo a lo que exigen los hombres. Mientras las mujeres reproductoras se resguardan de otras miradas masculinas que no sean las de quienes las consideran suyas, para evitar cualquier sospecha respecto de la paternidad de su prole, hay otras, cuya principal función es suministrar placer. Ellas se exhiben, tomando todos los recaudos para no ser ignoradas y convierten esa actividad en un arte.
Gypsy Rose Lee
El striptease es un género menor y a pesar de ello tradicional de las artes escénicas: una bella mujer se desviste lentamente, al ritmo de la música, sin tomarse el trabajo de convertirlo en danza, prometiendo una desnudez que se demora y probablemente nunca se completa. ¿Hace falta algo más para concentrar la atención de una audiencia masculina? Una famosa cultora del strip tease describe la débil frontera que para ella diferenciaba la exhibición lisa y llana, del espectáculo:

Yo no estaba desnuda, porque estaba completamente cubierta por una luz azulada. (Gypsy Rose Lee)

Dita von Teese
Dita von Teese ha organizado una prolongada carrera basada en la evocación de distintas formas de desnudarse en el escenario. Lejos de hacerlo como cualquier bailarina de un barato bar topless, que entretiene a su clientela alcoholizada mediante la exhibición pública de atributos femeninos que ellos probablemente pueden ver en sus hogares (aunque no siempre de la misma calidad, ni con tanta comodidad), von Teese agrega la nostalgia del teatro burlesque y el cine de Hollywood de los años ´40, recuperando formatos tradicionales de un arte que no suele ser apreciado como tal. Utiliza luces de colores, encajes y transparencias, abanicos de grandes plumas, que solo permiten adivinar su cuerpo, grandes copas de champagne en la que se baña, etc.

No creo que nada de lo que he hecho y hago sea solamente para seducir a los hombres; ha sido para tener confianza en mí. (…) Lo que presento en mi espectáculo (…) va en contra de todos los estándares actuales de la belleza. Y eso es lo que creo que llama la atención de las mujeres, se ve como algo que se puede obtener, que es factible ser. (Dita von Teese)

De nuevo, como en el caso de Gypsy Rose Lee, que fuera del mundo del espectáculo prefería mostrarse con anteojos, leyendo libros y dialogando con intelectuales, von Teese se preocupa de otorgar dignidad a un espectáculo que no existiría sin la motivación sexual implícita en quienes lo ofrecen y quienes lo observan.
Los números de cabaret que exhiben mujeres casi desnudas (una especialidad del Crazy Horse de Paris desde hace seis décadas) no son invenciones de la modernidad. En un ambiente de costumbres tan relajadas como las del Imperio Romano, Marco Valerio Marcial describía hacia el comienzo de la era cristiana las danzas obscenas de las mujeres hispanas:

Las mozas de la licenciosa Cádiz harán vibrar en un prurito sin fin sus lascivas caderas con un temblor estudiado. (Marcial: Epigramas)

Teodora Emperatriz
Las actrices de la época no escatimaban recursos para seducir a su audiencia. Podían incluir en sus actuaciones animales que les arrancaban las ropas o gansos que picoteaban granos estratégicamente dispuestos sobre el cuerpo desnudo, como Procopio de Cesarea cuenta que se presentaba Teodora, antes de hacer un matrimonio afortunado con Justiniano y convertirse en Emperatriz de Bizancio..

Ella era la clase de comediante que encanta a la audiencia dejándose abofetear y le hace partirse de risa levantando sus faldas y enseñando a los espectadores esos secretos femeninos que la costumbre aparta de los ojos del sexo opuesto. (…) No esperaba ser solicitada, sino al contrario, con gesto incitadores y cómicos movimientos de sus faldas se ofrecía a todos. (Procopio: Historia Secreta)

El espectáculo público no pasaba de ser una forma de atraer clientes que pagaban por los favores de las artistas después de concluido el espectáculo. Ser actriz y prostituta era lo mismo. Los actores fueron excomulgadas por el nuevo culto cristiano, cuando se convirtió en religión oficial del Imperio Romano.  
Capitel iglesia medieval

Quebrantan sus cuerpos, saltan y giran, doblando sus cuerpos, torciendo los ojos y la boca, hacen otros gestos malvados y villanías de amor torpe y sucio, como suelen algunos; parecen que se les han quebrado los miembros, porque así los menean, como si estuvieran descoyuntados. (Martín Pérez: Libro de las Confesiones, 1316)

Ir al teatro o al circo donde se ofrecían estos espectáculos lascivos, era exponerse a ser seducido por el Demonio y condenarse por la eternidad a las penas del Infierno. Una de las danzas tradicionales de los artistas de feria del Medioevo, incluía arquear el cuerpo hacia atrás, hasta que los cabellos sueltos tocaban el suelo y dar saltos mortales hacia atrás, con largas faldas, que dejaban al descubierto (fugazmente) sus partes pudendas.
Cancán siglo XIX
Varios siglos más tarde, el cancán, un baile acrobático que inicialmente fue de parejas y derivó a espectáculo de grupos de bailarinas, entusiasmó a los espectadores del siglo XIX en Francia. Prometía lo mismo: un atisbo del cuerpo femenino, que en la vida cotidiana estaba cubierto por innumerables capas de tela, que rara vez se removían en su totalidad, porque hasta el baño se hacía vestido.

Un ejército de jóvenes muchachas que están allí para bailar este divino alboroto parisino, como su reputación lo exige (…) con elasticidad cuando lanzan su pierna al aire que no deja predecir un flexibilidad moral al menos igual. (Guía de los placeres de Paris, 1898)

La danza oriental de los siete velos alentaba a esperar que una mujer joven se exhibiera, probablemente no desnuda, pero de todos modos despertado la imaginación lujuriosa de los espectadores.
Lola Montez
Lola Montez, bailarina de mediados del siglo XIX, favorita de reyes y artistas, se hizo famosa con una supuesta danza española, que consistía en simular la búsqueda de una pulga que la agredía, pasando de un sitio al otro de su anatomía, con lo que justificaba que se desprendiera de algunas prendas de su vestuario y expusiera por instantes ciertas partes habitualmente ocultas en lugares públicos. Para la imaginación masculina de la época, eso debía bastar para encender el deseo. Con los años, la danza fue cambiando de nombre y de acuerdo a los testigos, la bailarina habría llegado más lejos:

En septiembre de 1855, se exhibió en su fuertemente erótica “danza de la araña” en el Royal Theatre de Melbourne, alzando de tal modo la falda que el público pudo ver que no llevaba ropa interior. Al día siguiente, el periódico Argus denunció que la exhibición había sido altamente ofensiva de la moralidad pública. Las familias respetables dejaron de frecuentar el teatro, que pronto sufrió ingentes pérdidas. (Michael Cannon: Melbourne después de la fiebre del Oro)

Hombres y mujeres se exhiben con el objeto de atraer a sus probables parejas sexuales (casi siempre del otro género, pero también del mismo) y desalentar a posibles competidores que se encuentran en inferioridad de condiciones. Mostrarse en la plenitud de sus formas excita el interés de aquellos que andan en busca de pareja y despierta la idea de emparejarse en quienes hasta entonces no habían pensado en el tema. Algo semejante ocurre en casi todas las especies animales en las que existen géneros diferenciados. ¿Quién se resigna a la soledad, cuando la Naturaleza, suministra la posibilidad de reproducirse, mientras se disfruta intensamente la ceremonia? Machos y hembras, sin embargo, no se exhiben de la misma forma, ni a partir de idéntica relación de fuerzas que les concede el territorio donde ocurre el cortejo.
Pavo real
En el caso de los peces y las aves, los machos suelen ser los individuos más vistosos (como demuestran las plumas del pavo real), mientras que en el caso de los mamíferos (según revelan las cornamentas de los ciervos o el erizamiento de la pelambre de los gatos), los machos se distinguen por su mayor agresividad. Cuando los machos toman la iniciativa, las hembras retroceden a un segundo plano, desde el cual excitan y contemplan la exhibición de fuerza de quienes pretenden tomarlas como parejas.
Entre los humanos, las estrategias de la atracción son más variadas, cambian de acuerdo a las culturas y épocas. La decisión de exhibirse las hembras ante los machos y viceversa, encuentra sus límites en el código del pudor de una determinada sociedad, que puede no estar escrito pero de cualquier modo es muy difícil de desafiar.
Durante el Medioevo europeo, las ropas de los hombres llegaban a ser más exhibicionistas que las femeninas, con sus calzas ajustadas, las braguetas que destacaban el volumen de los genitales, el uso de colores vivos, los sombreros adornados con plumas, etc. Las mujeres, en cambio, ocultaban el pelo, se cubrían casi todo el cuerpo con ropas infladas o disimuladoras de las formas naturales, como las elaboradas por el corsé.
Cuando Dante Alighieri describe en el siglo XIII el atractivo que ejerce su amada Beatrice Portinari, no comparte ninguna descripción visual con el lector, sino una serie de restricciones que ella y él aceptan gustosos.

Tanto gentile e tanto onesta pare / la donna mia quand´ella altrui saluta / ch´ogne lingua devèn tremando muta / e li occhi no l´ardiscon di guardare. / Ella si va, sentendosi guardare / benignamente d´umità vestuta / e par´che si una cosa venuta / dal cel in terra. (Dante Alighieri: La Vita Nuova)

Mujeres medievales
El mayor atractivo femenino del Medioevo (el único admitido socialmente) era ocultarse de la vista de los hombres, reservándose para uno solo, el marido. Sin embargo, cabe preguntar si esta idea era la correcta. Después de la boda, la confianza entre marido y mujer que hoy se da por descontada y resulta obligatoria, tampoco existía. La actividad sexual se consumaba en la oscuridad, entre participantes vestidos con ropajes provistos de estratégicas aberturas y tomando en cuenta un calendario religioso que restringía con distintas razones esas oportunidades (Cuaresma, Adviento y otras fiestas de Guardar). Ante la falta de imágenes estimulantes, la gente se tocaba y se olía con una intensidad que hoy cuesta entender, a diferencia del predominio que ha llegado a adquirir la vista en la cultura contemporánea.
Audiencia papal
En los países islámicos de la actualidad, tal como sucedía en el Medioevo de Occidente o las audiencias del Papa, las mujeres continúan cubiertas por distintas modalidades del velo o hiyab que costumbres ancestrales prescriben para ellas, con el objeto de que sean identificadas como musulmanas y protegerlas del acoso masculino. Mirar sin obstáculos a una mujer, el Corán, es lo mismo que fornicar con los ojos. En ciertos casos, el velo del chador oculta el cabello y el pecho, destacando los ojos, como sucede en Irán. En otros, las mujeres quedan totalmente  cubiertas de pies a cabeza por el burka, como sucede en Afganistán o Yemen.
Nikab islámico
En todos los casos, las ropas deben ser sueltas, en ningún modo trasparentes e impiden distinguir los detalles del cuerpo. La restricción ejercida sobre uno de los géneros, repercute directamente en el otro. Las mujeres son cubiertas, para que los hombres no se exciten demasiado con su visión y la fe se debilite. Los hombres, sin embargo, tampoco gozan de mayor libertad: tienen que dejarse barba y cubrirse la cabeza y los brazos (queda por saber si no es para que tampoco ellas se exciten demasiado al verlos).

martes, 16 de junio de 2015

MUJERES EXCITANTES Y EXCECRADAS



¡Oh, qué plaga, que aburrimiento, qué tedio es tener que tratarse con ellas mayor tiempo que los breves instantes en que son buenas para el placer. (Francisco de Quevedo)
Pepe Antártico
Si por cualquiera motivo las mujeres no pueden ser disfrutadas sexualmente por los hombres, ¿hay algún otro criterio que justifique su existencia? ¿Qué uso puede dárseles? El ingenioso Quevedo no encuentra muchas alternativas fuera del placer. Lo tientan en ocasiones, de ningún modo todo tiempo, porque la excitación constante se convertiría en tortura, pero fuera de esos breves encuentros no las tolera. Mientras ellas atraigan a los hombre, habrá que aceptarlas, incluso llegará a hacérseles creer que son maravillosas, el objeto de todos los pensamientos masculinos, pero apenas se calme la sexualidad y aburran, serán apartadas sin demasiada consideración.
La voluntad de mantener a las mujeres a cierta distancia de los hombres, para que no los molesten en su tarea de controlar el mundo, puede suponerse que indica la censura de los placeres del sexo, tan arraigada en la mentalidad medieval, que ha tardado mucho tiempo en disiparse. En la actualidad, nada de eso quedaría en pie, puede suponerse.
Playboy 2007
Playboy, la revista editada por Hugh Hefner a partir de 1953, pone en distribución imágenes frecuentes de mujeres desnudas que no esconden nada (salvo las poses que no las favorecen). Otras publicaciones del mismo tipo, demuestran que el mercado de las representaciones de la carne femenina es inagotable y más aún, resistente a los cambios de mentalidad que afecta a otros planos de la cultura. La llegada del cine y la televisión no dejó de lado ese material. La pornografía se vende, se actualiza, se especializa, se diversifica, llega a ocupar más de un tercio de las páginas de Internet.
Cuando Rudolf II de Bohemia reunió durante el siglo XVI un colección de curiosidades, entre las cuales muestras de arte erótico. Encargaba o compraba pinturas que brindaban a sus ojos, en la intimidad del Palacio, personajes de la Mitología griega, como excusa para representar actividades sexuales poco ortodoxas. La excitación sexual era por entonces un lujo disfrutado por unos pocos consumidores cultos (conocedores de las alusiones a la cultura antigua) dispuestos a financiar la producción de imágenes que invitan al fantaseo, pero no a compartirlas.
Francisco de Goya: La Maja desnuda
La modernidad ha democratizado el estímulo sexual. En el pasado, solo los potentados disponían de imágenes femeninas excitantes. Cuando Goya recibe (probablemente de Manuel Godoy) el mandato de pintar La Maja Desnuda, pinta también otra versión, donde la mujer está vestida. Se especula que las dos obras estaban instaladas en un ingenioso artefacto que permitía exhibir una u otra, de acuerdo a la voluntad del propietario, que de ese modo intentaba escapar al control de la Inquisición.
En la segunda mitad del siglo XX, en cambio, Hugh Hefner, Larry Flynt, Bob Guccione y otros empresarios editaron millones de ejemplares de revistas en colores,  que se vendían en los kioscos de la prensa (a veces ensobradas en una envoltura transparente que impedía revisar el contenido) y se suponía destinadas al consumo de una masiva audiencia masculina.
 El peso de la mujer en el imaginario masculino es ratificado todos los días por la publicidad audiovisual de productos de consumo, por la prensa sensacionalista y las páginas eróticas de Internet. Esas mujeres venden (no necesariamente a sí mismas) afirman los expertos. Han sido puestas donde las descubre el hombre menos atento, presencias seductoras, disponibles para anunciar productos y servicios que no llamarían la atención si ellas no los promovieran.
Tienen las bocas carnosas, abiertas y miran sin el menor pudor a quienes las espían. Aunque aparezcan solas en la imagen, sus miradas, sus poses, su actividad física o su relajada pasividad, se encuentran dirigidas a un observador que se halla frente a la pantalla, delante del cartel o la página impresa, y sin duda disfruta el espectáculo de esa mujer que lo designa como su cómplice, su pareja del momento.
Alberto Vargadas: Pin Up
Las pin ups de Alberto Vargas de los años `40, que obtuvieron tanta notoriedad en los medios masivos, combinan la tentación con la sorpresa. Fueron creadas para excitar a los hombres que participaban en la Segunda Guerra Mundial, a quienes designan con la mirada, pero al mismo tiempo adoptan la gestualidad de la inocencia sorprendida. Créase o no, ellas aparentaban estar sorprendidas de ser vistas y sin duda no esperaban ser tocadas. Solo por casualidad sus faldas volaban gracias al oportuno viento, mientras los escotes se desbocaban y los gestos íntimos eran observados por curiosos que no debían culparse de hacerlo. Su teatral inocencia denotaba que no llegaban a entender muy bien qué les estaban pasando. Eran víctimas tontas o al menos representaban ese rol, para facilitar la agresión imaginaria de los hombres.
¿Qué puede haber más seductor para un hombre, que la imagen de una mujer desnuda o con poca ropa? En ocasiones, cuando se encuentra vestida, ella no puede esperar para desvestirse. El Strip tease ha llegado a presentarse como un arte de los prolegómenos sexuales. Acompañada por la música, sin prisa, la mujer se quita una prenda tras otra (y tiene muchas, que sin embargo no llegan a cubrirla). En las versiones clásicas del strip tease, la desnudez no se completa. Incluso sin ropas, las poses bien estudiadas todavía tapan algo, por lo general los genitales.
Las mujeres de los medios excitan las fantasías de los hombres que las contemplan, los hacen sentirse poderosos, infalibles, adecuados para satisfacer los deseos de esas figuras que lo miran como si estuvieran desafiándolo. Al menos mientras no las toquen, pueden sentirse capaces de controlarlas y obtener placeres  al mismo tiempo. Ni los retratos de los equipos masculinos de fútbol gozan del mismo nivel de adhesión. En contraste con eso ¿quién consigue ser hombre y mantenerse indiferente a las mujeres? Casi nadie, incluyendo a los travestis que se mantienen a distancia de ellas, pero las imitan y parodian con tanto esmero.
Bailarina de Burlesque
En el escenario del music hall, el burlesque y el teatro de revistas, uno de los números tradicionales y más celebrados es un sketch en el que un cómico de cierta edad, hábil en el manejo del doble sentido verbal y gestual, probablemente ridículo por su edad y actitud conquistadora, encara a una mujer muy atractiva pero tonta, no demasiado vestida, incapaz de entender el doble sentido del discurso masculino. La permanencia del esquema durante décadas (demostrada por el paso del teatro a la televisión, sin que fuera necesario efectuar demasiados cambios) indica la persistencia del disfrute de la audiencia. El actor cómico se daba el gusto de controlar en público a esa hembra que la audiencia masculina hubiera deseado tocar, pero no le estaba permitido tocar, accesible para los ojos y a la vez inalcanzable.
Gordo Porcel y Susana Giménez
W.C: Fields y Groucho Marx hacían parecido en el teatro y el cine norteamericano. Aldo Fabrizzi lo hacía en el teatro italiano de variedades. El Gordo Porcel lo convirtió en una rutina televisiva en Buenos Aires y Miami. Pepe Antártico lo utilizó durante décadas en un comic chileno: la combinación más eficaz para alimentar las fantasías de la audiencia masculina, incluye una mujer exhibicionista, que aparenta ser boba para que cualquier abuso resulte cómodo, y un hombre que habla con desenvoltura y puede suponerse impotente.
Cabe pensar en una tendencia reciente de la industria cultural moderna, que utiliza a las mujeres para dirigir la atención hacia otra cosa, pero no es así. Esculturas primitivas, como la de Willendorf, tallada veinte a veintidós siglos antes de nuestra era, simplifica la imagen femenina, quitándole toda importancia a cualquier aspecto que no sean los pechos y las caderas. En ese momento, quizás no hubiera otras cosas que destacar en ellas, que fuera apreciado por el resto de la sociedad. ¿En la actualidad tampoco?
Artemisia Gentileschi: Susana y los viejos
Las figuraciones más frecuentes de la mujer en las artes plásticas tradicionales, tienen características similares. Susana, esposa de Joaquín, es espiada dos viejos hipócritas mientras se baña. La codician, se le acercan y al ser rechazados la acusan de impudor. Muchos pintores han aprovechado la historia para representar a una joven mujer desnuda, personaje inhabitual en la Biblia (la otra bañista es Bethsabé, espiada involuntariamente desde una terraza vecina por el Rey David, que a continuación no repara en apremios y abusos, con tal de convertirla en su amante, después de haber alejado al marido).
La casta Susana suele ocupar el centro de la imagen, mientras los viejos se camuflan en la vegetación. Cualquier observador puede disfrutar la visión de ese cuerpo indefenso, porque la representación del rechazo de la mujer o el castigo del voyeurismo que pone fin a la historia, no suelen hallar espacio. Cuando Artemisia Gentileschi pinta el episodio de Susana y los viejos, a comienzos del siglo XVII, muestra que la joven rechaza el asedio de estos ancianos que no pueden ser considerados por la sociedad como hombres ejemplares. Ella es la víctima y los acusa, pone al observador de la pintura como testigo de su inocencia. Se trata del punto de vista inusitado de una mujer sobre la lujuria masculina, una perspectiva moderna, que tiene cuatro siglos de antigüedad.