viernes, 7 de abril de 2017

MUJERES QUE PAGAN POR COMPAÑÍA MASCULINA


David Bowie y Kim Novak: Just a Gigolo
Desde que la cultura patriarcal impuso el dominio de los hombres sobre las mujeres, a ellas les fue asignado el rol de permanente objeto del deseo de ellos. Si se las ve, si se las menciona, es porque los hombres las toman en cuenta, no porque se les permita elaborar una imagen propia, ni tener una voz propia. Por eso las mujeres resultan algunas veces fascinantes, lejanas, y otras despreciables, amenazantes o sometidas, mientras los hombres dedican todas sus energías para conquistarlas o eliminar a los rivales con los que compiten en la posesión de esos cuerpos, cuando no se empeñan en hacerles la vida imposible con sus ataques de celos, después de haberlas seducido y pasado a considerar objetos de su exclusiva propiedad.
Apoderarse de las mujeres, convencerlas de entregar sus cuerpos al disfrute unilateral de sus parejas, asegurarse su fidelidad mediante regalos o temor, convencerlas de que si se entregan incondicionalmente a quienes les hacen el favor de fijarse en ellas, van a acceder al mejor de los mundos posibles, son preocupaciones masculinas que parecen no tener equivalencia frecuente en el otro género.
Gloria Swanson y William Holden en Sunset Boulevard
Norma Desmond, la protagonista de Sunset Boulevard (el filme de Billy Wilder) es una madura actriz del cine mudo, que veinte años más tarde ha sido olvidada por el ambiente de Hollywood. Conserva sin embargo las propiedades y el capital que acumuló en otros tiempos, y puede pagar la compañía de un hombre veinte años más joven, mediante un empleo, trajes costosos y objetos de lujo. Esa inversión monetaria la hace esperar una dedicación exclusiva del hombre a su persona.
Cuando advierte que él está por abandonarla, poco importa si por causa de otra mujer o para recuperar su trabajo, ella le dispara en la espalda cuatro balas que terminan con su vida en una piscina, porque una mujer puede ser (si la provocan) tan feroz como suele ser un hombre, cuando no consigue imponer su voluntad.
Richard Gere: American Gigolo
Los hombres se han prostituido a lo largo de toda la Historia, a pesar de lo cual ese oficio tiende a identificarse con las mujeres, como demostración fehaciente de la inferioridad moral de ellas. En la Antigüedad, los hombres que se prostituían eran esclavos jóvenes que carecían de derechos y no podían aspirar a mejor trato. Sus clientes eran otros hombres y prestaban sus servicios en prostíbulos que tanto ofrecían hombres como mujeres al disfrute de su clientela.
Hombres famosos de entonces, como los gladiadores romanos, podían ser solicitados como reproductores calificados por las damas de la clase alta, que no los hubieran aceptado ni conservado como pareja. Solo se traba de suplir las deficiencias de sus maridos, exclusivamente con propósitos prácticas, sin mezcla de afectos más complejos.
En el Japón medieval hubo geishas hombres, que cumplían la misma función de acompañantes, cuando las mujeres todavía no se encargaban de la tarea. Se los denominaba houkan. Desde el siglo XIII, ellos daban consejos de estrategia militar a los señores feudales, durante épocas de guerra. Al llegar la paz, sus principales actividades pasaban a ser las de entretener mediante el recitado de poemas, narración de cuentos eróticos, canto y ejecución de música, propuestas de brindis de sake y una conversación bien informada sobre las artes.
El houkan era un animador de fiestas privadas, un compañero de diversión de otros hombres, que mantenía en todo momento un rol subordinado y complaciente durante su diálogo con los clientes del mismo género. A mediados del siglo XVII, las mujeres llegaron para reemplazarlos, demostrando una destreza muy superior a la de quienes las habían precedido. Los hombres quedaron relegados al rol de meros ayudantes de las geishas.
La tradición del gigoló en Occidente es otra. La palabra comienza a ser empleada en los años `20, como ampliación del término gigolette, que se aplicaba en Francia a la joven bailarina a la que se pagaba por sus servicios de acompañante en una pista de baile.
Catalina de Rusia
Cuando Catalina de Rusia escogía a sus amantes entre los oficiales de la Guardia Imperial, no solo tomaba en cuenta su aspecto físico, sino también su capacidad intelectual para secundarla en la administración de una inmensa nación que ella había llegado a controlar con tanto esfuerzo (como eliminar a su marido mediante una revolución inspirada por ella). En la intimidad, Catalina podía mostrarse dependiente y a la vez autosuficiente, como indica la carta que envía a uno de sus colaboradores:

Estoy sumida en la impaciencia. ¡Oh, mi criatura divina! Si no llegas pronto, te haré buscar por toda la ciudad. (Catalina de Rusia: carta a un amante)

Hombres atractivos como los hermanos Orlov o Grigori Potyomkin, entre otros, fueron sus acompañantes. A diferencia de Elizabeth de Inglaterra, Catalina retribuía generosamente los servicios de quienes la servían; les entregaba títulos de nobleza, grandes extensiones de tierras, siervos, y cuando se cansaba de ellos les encontraba esposas y apoyaba a las familias que ellos formaban. ¿Pagaba Catalina a sus acompañantes masculinos? Más bien, dispensaba sus favores de Emperatriz, consistentes en cargos públicos, tal como hubiera hecho cualquier hombre que estuviera en su envidiable situación.
Elizabeth I
Los favoritos de una mujer  poderosa del pasado, debían ser discretos, para no dejarla en evidencia como una promiscua o una débil de carácter, fácil de influir gracias a las destrezas amatorias de sus parejas. Tampoco les estaba permitido a los hombres ser infieles a la dama, porque al intentarlo arriesgaban sus cabezas, como aprendieron en su tiempo aquellos a quienes Elizabeth de Inglaterra, conocida como la Reina Virgen, concedió el privilegio de acompañarla y luego castigó.
Ella convocaba a su intimidad a aventureros como Robert Dudley, Robert Devereux, John Harrington o Walter Raleigh, que posteriormente eran recompensados con títulos nobiliarios, propiedades y permisos para explorar las riquezas del Nuevo Mundo. Qué pasaba entre ella y sus favoritos, no se sabe. Tal vez nada más que la excitación proporcionada por una vecindad heterosexual a una mujer a quien las razones de Estado le impedía comprometerse con nadie que pudiera perjudicar su actividad política.
En la actualidad, mujeres maduras de los países más desarrollados, pueden buscar (y encontrar sin mayor dificultad) una compañía masculina a su gusto, en países alejados de sus lugares de procedencia. El Caribe, el Mediterráneo, Indonesia, son los destinos más frecuentados por el nuevo turismo sexual. Contratan a jóvenes nativos que se ofrecen como guías turísticos, instructores de baile o acompañantes de alcoba.

Just a gigoló / everywhere I go / people know the part / I´m playing. / Paid for every dance / selling each romance / every night some heart / betraying. (Leonello Casucci e Irving Caesar: Just a gigolo)

A comienzos del siglo XX, el gigoló no pasaba de ser una figura bastante inocente, la pareja masculina disponible para el baile de salón con una dama, actividad que no supone más contacto físico que el que puede ser vigilado por todos los asistentes al lugar. El gigoló era un bailarín profesional, contratado (por lo tanto, pagado) para acompañar a su pareja femenina en la pista de baile de hoteles elegantes, que permitían ese tipo discreto de prestaciones o llegaban a ofrecerlo a sus clientes, como uno más de sus servicios.
Rodolfo Valentino
Rodolfo Valentino, el famoso actor del cine mudo habría desempeñado ese oficio al llegar a New York desde su nativa Italia. A lo largo de su carrera, se especializó en roles románticos, que tarde o temprano incluían alguna escena de baile. Su desempeño como bailarín le abrió las puertas del cine.
Posteriormente, las actividades del acompañante masculino pasaron al ámbito privado, con lo que adquirieron una evidente connotación sexual. Una mujer madura y adinerada, contrata una joven pareja masculina (el gigoló) que con toda seguridad no estaría a su lado, si ella no le pagara por sus servicios. Esta pareja, objeto del escarnio generalizado, proviene de una época en que la imagen complementaria del hombre maduro acompañado por una jovencita, con edad para ser su hija o nieta, despertaba comentarios cómplices y envidiosos de quienes hubieran querido estar en su lugar.
Mae West y Cary Grant
La actriz y dramaturga Mae West, símbolo sexual de los años ´30, continuó exhibiéndose en compañía masculina siempre joven y atlética (primero con diez, luego con veinte, treinta o cuarenta años menos que ella) hasta el momento de su muerte, a los 80 años. Aquello que en un momento podía resultar provocador, con el tiempo llegó a convertirse en caricatura de la hembra devoradora.
Cuando un hombre maduro o anciano se exhibe con una pareja femenina bastante más joven que él, los otros hombres lo envidian, consideran que tiene buen gusto al seleccionar mujeres y demuestra estar sexualmente activo. Cuando una mujer madura se presenta en público, acompañada por un hombre mucho más joven, su imagen suele considerarse patética, reveladora de la incapacidad femenina para percibir el ridículo al que se expone.

lunes, 6 de marzo de 2017

MUJERES QUE AMAN A OTRAS MUJERES (II): LA MODERNIDAD



Karl-Maria Kertbeny
El término homosexualidad apareció en Europa hacia 1869 (fue acuñado por el científico Karl-Maria Kertbeny) por lo que no sería adecuado definir de ese modo a las relaciones de parejas del mismo sexo que ocurrieron en el mundo antiguo. El matrimonio de parejas del mismo sexo comenzó a ser reconocido por las leyes a comienzos del siglo XXI en los Países Bajos, Bélgica, España, Canadá, Sudáfrica, Noruega, Suecia, Portugal. Uno de los temas más conflictivos de este tipo de uniones, es la adopción de hijos. La opinión pública es favorable a una posibilidad como esa, mientras los especialistas no terminan de ponerse de acuerdo.
En 1901, cuando Marcela y Elisa, dos profesoras de una Escuela Normal, se casaron en La Coruña, la segunda adoptó el nombre de Mario para facilitar el rito católico, pero la suplantación no tardó en ser descubierta por la prensa y las dos mujeres debieron huir de España, para establecerse en Argentina. No es que confiaran ser aceptadas tal como eran: solo buscaban un sitio donde no se las conociera.
La sociedad suele oponerse a las relaciones que se apartan de la norma heterosexual, mientras exige de todos sus integrantes un disimulo o represión de los impulsos, que en la actualidad no todos parecen dispuestos a aceptar. El matrimonio o la unión civil, puesto que no puede esperarse la aceptación eclesiástica de parejas del mismo sexo, llegan para brindar una solución parcial a un desafío a las tradiciones que nuestra cultura no termina de digerir.
James Ivory: The Bostonians
En Las Bostonianas, la novela de Henry James publicada en 1886, se describe la duradera y armoniosa relación de dos mujeres solteras, probablemente basada en la experiencia de una hermana del escritor. Una de esas mujeres posee la habilidad (por entonces, inaudita) de hablar en público, mientras la otra está llena de ideas de reforma social que no consigue exponer. Cada una necesita de la otra. Por separado, se encuentran incompletas. Después de la emancipación de los esclavos, durante la Guerra de Secesión, la de las mujeres comienza a ser discutida e incluye (soterrada) las relaciones entre personas del mismo género.
Como es habitual en la obra de James, no hay ninguna descripción sexual que pueda ofender la sensibilidad del lector, y el final es convencional (Verene abandona a su amiga Olive, la militante feminista, por su novio Basil Ransom, un político conservador) pero el subtexto de la relación entre las dos mujeres debía resultar más que evidente para los contemporáneos, porque la denominación “Boston mariage” comenzó a ser utilizada para designar estas relaciones discretas pero inexplicables de convivencia de mujeres, que excluían a los hombres de su vecindad.
Susan B.Anthony y Elizabeth Cady Stanton

No hay poder en el cielo, el infierno o la tierra que pueda separarnos, porque nuestros corazones están eternamente ligados. (Elizabeth Stanton: carta a Susan Anthony)

La feminista norteamericana Susan B. Anthony mantuvo una estrecha relación de trabajo de medio siglo con su asistente Elizabeth Cady Stanton, que fue reconocida y respetada por quienes apoyaron su lucha por los derechos cívicos y reproductivos de las mujeres durante el siglo XIX. La relación era apasionada (ambas compartían los mismos ideales, enfrentaban a los mismos adversarios) pero no necesariamente sexual.

Anthony decía a menudo que Stanton era el cerebro de la asociación; mientras ella misma era simplemente sus manos y pies; pero en verdad las dos mujeres trabajaban maravillosamente juntas, porque Stanton era una maestra de las palabras y podía escribir y hablar a la perfección de cosas que Susan B.Anthony veía, pero no podía expresar por sí misma. (Anna Howard Shaw)

Ruth Benedict


La antropóloga Margaret Mead se casó tres veces, la última con un colega, Gregory Bateson, con quien tuvo una hija. Ruth Benedict era otra antropóloga que se había casado y divorciado. Eso no impidió que Mead y Benedit establecieron una duradera relación sentimental, que les permitió apoyarse en los estudios que realizaron paralelamente sobre las culturas de la Polinesia (Mead) y Nuevo México (Benedict) destacándose en un campo científico del que las mujeres habían sido tradicionalmente excluidas. Esa relación, que no podía exhibirse, dio lugar a un intercambio de cartas que duró hasta la muerte de Benedict.

Pensarás que es tentar a los dioses decir esto, pero yo lo tomo como una garantía de lo que siempre había dudado –la permanencia de la pasión- y es que un simple movimiento de tu cabeza, una inflexión al azar de tu voz, tienen tanto poder hoy como hace cuatro años. (Margaret Mead: carta a Ruth Benedict)

Las escritoras Virginia Woolf y Vita Sackville-West mantuvieron una pareja desigual, no porque cada una de ellas estuviera casada mientras duró la relación, sino porque la primera reprimió la expresión de su sexualidad en los textos que escribió, mientras la segunda no dudó en plantearla.

Yo te extraño aún más de lo que podría haber creído; y estaba preparada para extrañarte mucho. Así que esta carta es apenas una protesta de dolor realmente. Es increíble cuán esencial has llegado a ser para mí. (…) Maldita seas, criatura consentida; y no haré que me ames nada más alejándome, como ahora. Pero, mi querida, yo no puedo ser astuta y reservada contigo: te quiero demasiado para eso. (Cita Sackville-West: carta a Virginia Woolf)

Una Troubridge y Radclyffe Hall
En 1928 aparece la novela El pozo de la soledad de Margarite Radclyffe Hall. El editor la condenó al poco tiempo, como un intento de presentar a los homosexuales como víctimas de una sociedad cruel. Se acusó a la novela de obscenidad, a pesar de que una protagonista de nombre masculino (Stephen) se sacrifica por la felicidad de su amante, a quien conduce a un matrimonio heterosexual. Es más que probable que la historia recogiera experiencias personales de Hall, que había sido conductora de ambulancias durante la Primera Guerra Mundial, en Francia.
En vano, grandes escritores contemporáneos como George Bernard Shaw, H.G.Wells, E.M.Forster, T.S.Eliot y Virginia Woolf intentaron defender a la autora en nombre de la libertad de expresión, antes que por sus valores literarios. Hall había logrado cierta fama como autora de ficciones de inspiración religiosa, que puso en peligro cuando se planteó la escritura de un libro al que atribuía una misión trascendente de agitación social.

Puse mi pluma al servicio de las personas más perseguidas e incomprendidas en el mundo. (…) Por lo que sé, nunca antes se había intentado nada parecido en la ficción. (Radclyffe Hall)

Para muchos, la novela confirma los prejuicios de la opinión dominante sobre las lesbianas, que durante décadas continuaron en la penumbra, como única estrategia que les permitía continuar con su estilo de vida condenada por la mayoría.
Gabriela Mistral y Doris Dana

Cuando tú vuelvas, si es que vuelves, no te vayas en seguida. Yo quiero acabarme contigo y quiero morirme en tus brazos. (Gabriela Mistral: carta a Doris Dana)

La escritora chilena Gabriela Mistral, ganadora del Premio Nobel de Literatura, mantuvo una prolongada relación de ocho años con su joven secretaria norteamericana, Doris Dana, a quien convirtió en su heredera. Durante medio siglo, se prefirió no mencionar en público el carácter de esa relación, que ocurría en el extranjero, fuera del escrutinio de parientes, amistades e intrusos. Dana preservó las cartas de su pareja (aunque no aceptó que todas fueran microfilmadas por los investigadores) y sus propios herederos mantuvieron el silencio hasta varios años después de su muerte.
Marguerite Yourcenar
La escritora francesa Marguerite Yourcenar no confesó que su relación de cuatro décadas con la profesora Grace Frick, fuera la de una pareja de mujeres, en la que no hacía falta la participación de ningún hombre. En la comunidad africana de Lesotho, las mujeres pueden establecer relaciones durables que son aceptadas por la sociedad, tal como en el norte del Congo los guerreros solían casarse con jóvenes del mismo sexo que cumplen funciones de esposas.
En los países islámicos, relaciones de ese tipo son castigadas con la cárcel o la muerte en la actualidad, aunque hubo mayor tolerancia en el pasado. La eventualidad de que una mujer se sienta atraída por la idea de formar una pareja estable con alguien del mismo género, pone en crisis la hipótesis milenaria de que el objetivo fundamental de las parejas debe ser la procreación.
Anne Heche, una actriz de Hollywood que se encontraba en pleno romance con otra actriz, Ellen Degeneres, a comienzos del siglo XX, pudo hacer una declaración pública conmovedora (o rimbombante, si los hechos la desmentían a continuación, como sucedió) sin ser sometida por eso al escarnio público.

Estoy enamorada de una mujer. La fama no es la cosa más importante en mi vida. Si ustedes me dicen que voy a perder la fama por estar enamorada, yo digo que el amor es lo más importante. Se me reconoce por ser una estrella de cine, pero no tengo amor en mi vida, ¿de qué sirve todo eso? (Anne Heche)

Portia de Rossi y Ellen Degeneres
¿Habrá que mencionar que un par de años más tarde, Heche parece haber cerrado ese capítulo de su vida, para abrir otro, sin muchas conexiones con el anterior, donde interpreta el rol de feliz esposa heterosexual y madre? Para la prensa de espectáculos, la intimidad real o presunta de las figuras más notorias es la materia fundamental de su discurso ilusionista. ¿Qué harían esos personajes, qué dejan de hacer, cuando se supone que no lo muestran a sus admiradores? Levantar la barrera que suele haberse erigido entre lo público y lo privado, es lo más atractivo que puede haber para los consumidores de noticias que se confunden con la ficción, y de ficciones que se aceptan sin suficiente atención, como si fueran reales.

Estuvimos juntas durante cuatro años completos antes de casarnos, pero el momento en que dijimos “sí, quiero”, el momento en que nos pusimos de pie delante de nuestros padres y amigos, y nos comprometimos la una con la otra, nuestra relación cambió. Yo no creo que la gente entienda lo importante que es esa pequeña ceremonia y lo que en realidad le hace a la gente. (Portia de Rossi: refiriéndose a su matrimonio con Ellen Degeneres)

Madonna y Cristina Aguilera
Coquetear con otras mujeres se convierte en una forma de atraer el interés de la audiencia masiva. Durante una entrega de premios del 2003, Madonna, Cristina Aguilera y Britney Spears se besan para delicia y escándalo de millones de espectadores de todo el planeta. Cantantes como Miley Cyrus o Kathy Perry mencionan en la letra de sus canciones haber tenido relaciones con mujeres, pero nada parece confirmarlo en la vida real.
Los desfiles de modas recurren al llamado lesbian chic para renovar un repertorio de recursos que parece haberse agotado tras una temporada o dos. No se trata de opciones de vida que comprometan a nadie. Son looks, que se adoptan un día, causan sensación durante una breve temporada y luego se abandonan, para ser reemplazados por otros, no menos circunstanciales.

domingo, 15 de enero de 2017

DIVORCIADAS EN EL MUNDO MODERNO


Nunca conoces a un hombre, hasta que te has divorciado de él. (Zsa Zsa Gabor)
Rogers y Astaire: The Gay Divorcee
Promediando el siglo XX, el divorcio había pasado a ser un tema de comedia. Ginger Rogers bailaba con Fred Astaire en The Gay Divorcee (1934) y el divorcio se convertía en un asunto lejano y trivial. La protagonista lo gestionaba de mutuo acuerdo, en un país que no era el suyo, para lo cual contrataba a un acompañante que debía colaborar en un simulacro de infidelidad. Ocuparse en serio de los conflictos del divorcio no estaba en los planes de la industria de Hollywood, cuidadosa de no ofender a los sectores más tradicionales de su audiencia. Los actores cómicos podían hacer chistes sobre el divorcio:

Conozco a centenares de maridos que volverían felices al hogar, si no hubiera una esposa que los espera. Quiten a las esposas del matrimonio y no habrá ningún divorcio. (Groucho Marx)

En ambientes que todavía eran menos liberales que el de Hollywood, el divorcio era designado como el gran flagelo de la sociedad moderna, que debía extirparse sin analizar sus causales. El gran problema de las parejas humanas, es que rara vez llegan a serlo del todo y por mucho tiempo. ¿Cómo asemejar a quienes llegan al matrimonio desde opuestas experiencias de vida, comenzando por la tan compleja de pertenecer a distintos géneros, en el caso de la pareja heterosexual? Queda por averiguar si tiene algún interés relacionarse con alguien demasiado parecido. Nadie suele ser del todo sincero cuando se trata de informar a una posible pareja sobre la persona con la que se está relacionando. Ocultar, mentir o embellecer son las estrategias habituales. ¿Quién tiene una imagen objetiva de sí mismo? Lo más probable es que la haya retocado por pudor o en defensa propia. ¿Quién se presenta tal cual es, cuando lo que pretende es dejar de estar solo?
Los intelectuales católicos planteaban una responsabilidad que no aceptaba excepciones.

El divorcio es, en el mejor de los casos, un fracaso, y nos interesa buscar curar su causa que completar sus defectos. (Gilbert K. Chesterton)

El enamoramiento encubre inicialmente una serie de inadecuaciones de los contrayentes, que una vez pasado el punto más alto de la pasión, quedan al descubierto y se vuelve difícil tolerar. La incompatibilidad de caracteres que se argumenta en los procesos de divorcio, puede verse como un argumento banal, pero define un conflicto efectivo. Muchas parejas no sobreviven a la desilusión de percibir la realidad que encubría su relación. Retrospectivamente los ex integrantes de la pareja experimentan enojo: ¿cómo pudieron engañarlos a tal punto personas en las que confiaron? ¿Cómo pudieron ellos mismos ser tan imbéciles, que no advirtieron las discrepancias que ahora les parecen demasiado evidentes?

Todos los hombres que he conocido, se van a la cama con Gilda y despiertan conmigo. (Rita Hayworth)

Rita Hayworth en la madurez
Se acepta en la cultura de la modernidad que el fantaseo compartido puede unir a una pareja que tal vez no tenga mucho en común. Cuando uno de los integrantes no consigue disfrutar del juego tanto como esperaba, la inevitable separación se impone. La actriz Rita Hayworth sabía distanciarse de los personajes de mujer fatal que le encomendaban los empresarios de Hollywood, atendiendo a la demanda de los espectadores de todo el planeta, mientras sus parejas habían quedado aferradas al maravilloso mito, que no existía fuera de la pantalla.
Que los opuestos se atraigan es una atractiva idea para construir ficciones, como The Tame of the Shrew (La Fierecilla Domada) de William Shakespeare, donde una mujer caprichosa es casada contra su voluntad con un hombre que pone todas sus energías en someterla, pero en la práctica la continuidad de la relación que pueda establecerse entre personalidades discordantes suele ser bastante difícil de verificar. Tal vez en el pasado, cuando el poder de la opinión pública y las iglesias, planteaba límites bastante estrictos a la vida privada de las personas, ellas se resignaban a las situaciones incómodas que sufrían, puesto que no se les dejaba espacio para otras alternativas.
La modernidad cambió esa situación. Los fracasos matrimoniales dejaron de estar escondidos, cuando incluían a figuras del espectáculo. Mostrarlas en conflictos, como antes involucradas en romances y bodas glamorosas, las humanizaba y llegaba a convertirlas en equivalentes a los viejos héroes de los cuentos de hadas.
Una mujer bellísima y actriz famosa de mediados del siglo XX, casada seis veces, que fue también una científica tardíamente reconocida por sus aportes a la electrónica, ha dejado anotada su opinión sobre el tema:

Tengo que dejar de casarme con hombres que se sientan inferiores a mí. En algún lugar debe haber un hombre que pueda casarse conmigo sin sentirse inferior. Necesito un hombre inferior superior. (Hedy Lamarr)

¿Cómo afrontar la vida cotidiana con alguien que se siente superior a su pareja, o que impone de hecho su superioridad en más de un aspecto (intelectual, económico, social) sin ofrecer a cambio ningún lado vulnerable que permita aceptar sin demasiada ofensa tales desventajas? A diferencia de lo que sucede con una relación ocasional, una pareja existe simultáneamente en el ámbito privado y en el público. Por lo tanto, es puesta a prueba de acuerdo al juicio de la sociedad y la experiencia más subjetiva de la vida cotidiana. La pareja no puede funcionar en un plano y al mismo tiempo fallar en el otro.
En forma paralela, ¿cómo afrontar la vida cotidiana con alguien (hombre o mujer) que se siente inferior o que impone las evidencias de su inferioridad de manera agresiva a su pareja, sin demostrar autoestima por ningún lado? Las dos situaciones se definen como demasiado odiosas para ser asumidas por una pareja. Cuando se trata de compartir la existencia con otra persona, estar a la par o al menos suspender las comparaciones es un dato fundamental.

Las parejas que acaban divorciándose suelen mostrarse incapaces de encontrar argumentos que detengan la escalada de la tensión. La diferencia existente entre las parejas que mantienen una relación saludable y aquellas que terminan divorciándose, radica en la presencia o ausencia de vías que ayuden a disolver las desavenencias conyugales. Las válvulas de seguridad dependen (…) de acciones tan sencillas como atajar la discusión a tiempo, antes que se desproporcione. (Daniel Goleman: La Inteligencia Emocional)

Bruce Willis, Ashton Kutcher, Demi Moore
Las fotografías de la actriz Demi Moore con sus hijas, el actor Bruce Willis, su anterior pareja de un lado y un hombre bastante más joven, Ashton Kutcher, su nueva pareja del lado opuesto, pudo resultar atractiva para los medios, porque presentaba la evidencia del trato civilizado que se había establecido entre personas que habían roto una relación, pero continuaban entendiéndose, por el bien de los hijos que compartían.
Algunos años más tarde, el divorcio de Moore y Kutcher desarmaba esa hipótesis optimista. La pareja se había quebrado en medio de una disputa plagada de mutuas acusaciones y reclamos que amplificaban los medios. Eso era lo que correspondía esperar. Si una pareja se desarma, lo hace de la peor manera, porque ambos se encuentran enojados y tratan de inferirse tanto daño como les resulta posible, en privado y en público.
Holmes, Cruise, Suri
La separación de los actores Tom Cruise y Kathie Holmes después del nacimiento de su hija Suri, llegó para confirmar las apuestas de la audiencia. Nadie apostaba a que durarían mucho tiempo juntos. Él era adepto a un culto (la Cientología) que ella, cristiana, no aceptaba. Él había alcanzado el punto culminante de su carrera y solo podía esperar su declinación a medida que perdiera la juventud, mientras ella había abandonado su carrera para dedicarse a la maternidad. Separarse para ambos no iba a ser fácil. Había mucho dinero en disputa y sobre todo la tenencia de la hija, que la madre no quería exponer al ambiente frecuentado por el padre.
El dinero y los hijos son los dos temas de discusión más engorrosos que incluye un proceso de divorcio en el mundo moderno y en la sociedad tradicional. ¿Cómo llegar a un acuerdo que deje a ambas partes satisfechas, cuando la pareja se ha llevado tan mal que optaron por disolver el vínculo? Los abogados han convertido ese desacuerdo en un lucrativo campo de su actividad profesional.  Ellos resultan necesarios para zanjar las dificultades, y al mismo tiempo ellos son los impulsores de obstáculos para la parte opuesta.

No se conoce a una mujer, hasta que uno la ve en un juicio. (Norman Mailer)

Desde un punto de vista institucional, las relaciones de pareja se establecen para perdurar en el tiempo (quizás no sea para toda la vida, como simplifica la fórmula del matrimonio cristiano, pero al menos lo suficiente como para dejar la marca de una vida en común). Al mantenerlos juntos, se trata de facilitar la identidad de la descendencia y los derechos al patrimonio que se haya reunido en el curso de la relación, a pesar de lo cual hay ocasiones que las leyes no pueden ignorar, en las que esas relaciones se debilitan y pueden extinguirse.
Para resolver los conflictos que se suscitan cuando las buenas intenciones del comienzo fallan, existen procedimientos de separación y divorcio en casi todos los países, que establecen cómo se apartan dos personas que estuvieron unidas en matrimonio. La eventualidad del fracaso no puede ignorarse, pero al mismo tiempo la complejidad de los problemas que acarrea, no pueden resolverse a cabalidad.

Cuando dos personas están bajo la influencia de la más violenta, la más insana, la más ilusoria y fugaz de las pasiones, se les pide que juren que seguirán en esa condición sobreexcitada, anormal y agotadora hasta que la muerte los separe. (George Bernard Shaw)

Desde el punto de vista emocional, una relación de pareja tarda en diluirse en el olvido, y a veces alguno de los integrantes se empeña en detener el proceso inevitable, o incluso revertirlo. ¿Sirven de algo los buenos modales? Cuando hay enojos que causaron la ruptura, se negocian compensaciones o se permite que el tiempo haga su trabajo reparador. Todo eso requiere paciencia. No se vuelve atrás en las situaciones concretas que causaron la ruptura. Solo se libera del compromiso de mantenerse unidos a aquellos que habían decidido permanecer juntos en los buenos momentos y en los malos… pero ya no son capaces de mantener esa promesa desinformada.
A veces, la situación exige que una mujer hable, por ejemplo del “padre de mis hijos”, para no nombrar siquiera a la persona cuya existencia detesta, pero le resulta imposible negar. Nexos como la paternidad y la maternidad no desaparecen, a pesar de que atraviesen crisis de afecto y ofensas graves. Las relaciones de pareja, en cambio, tienden a debilitarse con el tiempo que apaga la pasión o convierte la vecindad con la persona que se había amado hasta poco antes, en algo imposible de tolerar.

Primero perdí mi voz, luego perdí mi figura, después perdí a Onassis. (Maria Callas)